GUIÓN SOBRE SOMBRA DE LA SOMBRA, DE PACO IGNACIO TAIBO II (FRAGMENTO)
ESCENA 1: INTERIOR
PLANO GENERAL
Un bar semidesierto; a la derecha del cuadro se observa una parte de la barra y, atrás de ella, al cantinero -un hombre gordo de unos 45 años en mangas de camisa- que limpia la barra con un trapo sucio en una actitud de meticulosa y tensa atención, como si realizara un trabajo muy delicado e importante.
En el resto del cuadro se ven algunas mesas de mármol con un sólo pie, casi todas vacías y en una de ellas, al centro del cuadro, cuatro hombres juegan dominó; están en silencio y miran con detenimiento y concentración las fichas descubiertas en el centro de la mesa y las que tienen alineadas frente a sí.
Cada uno tiene una copa al costado de sus fichas. El bar en su conjunto está oscuro, sólo hay luz en la barra y en las pocas mesas ocupadas. Al fondo se alcanza a percibir una mesa de billar donde dos jóvenes juegan mientras se oye lejanamente el ruido de las bolas al chocar entre sí.
La toma avanza lentamente hacia los jugadores de dominó, mientras vemos a tres oficiales del ejército mexicano que entran a cuadro desde atrás de la cámara, se acodan en la barra y piden dos bebidas; el cantinero las prepara y se las extiende cuando, debido al acercamiento, salen de cuadro. la toma se cierra en un plano medio de los jugadores de dominó.
PLANO MEDIO
Dos de los jugadores de dominó son vistos de perfil, otro de frente y el cuarto está ligeramente a la derecha, de espaldas al cuadro; éste es el Poeta, trae puesto un sombrero de fieltro gris, tipo citadino, y camisa de vestir. El hombre a la izquierda del Poeta es Pioquinto Manterola, periodista de unos 40 años de edad. Quien está a la derecha del Poeta es Tomás y el que está de frente es el licenciado Verdugo.
- Manterola (sonriéndole al Poeta y en tono afectuoso): Ponga usted la mula de doses, mi estimado poeta; a un hombre de una magnitud espiritual como la suya no le va hacerse pendejo.
El Poeta se arrellana en la silla mientras se inicia un lento travelling en círculo hacia la izquierda hasta que vemos al Poeta de perfil. Al fondo se ve fuera de foco a los soldados, de espaldas bebiendo y charlando en la barra, y al cantinero de nuevo limpiando la barra con la misma intensa actitud de antes.
El poeta se quita el sombrero con la mano derecha, lo acomoda en su rodilla del mismo lado y con la misma mano se rasca la coronilla con dos dedos, como punteando en el cráneo al ritmo de una canción que sólo él escuchase. Con la otra mano voltea la ficha ubicada más a la izquierda de la hilera de tres que tiene frente a sí y la empuja suavecito por encima del mármol.
- Verdugo (fuera de cuadro, con tono irónico): Se la dejaron ir compañero.
El Poeta mira a Verdugo y sonríe tenuemente.
ESCENA 2: INTERIOR
PLANO MEDIO
Se ve a Verdugo de frente y, de perfil, en el lado derecho del cuadro, a Tomás concentrado en sus fichas, ambos tienen tres. Al fondo, fuera de foco, se ve a los jóvenes jugando billar. Verdugo mira al Poeta (fuera de cuadro) sonriendo; de repente se pone serio -como si una idea le interrumpiese-, se bebe de un sentón la bebida que le queda en el vaso, suspira y tras murmurar un "permiso" casi inaudible se toma también los restos de la copa de Tomás y se concentra en sus fichas.
Tomás recoge de su hilera la ficha tres-dos y la pone en la mesa, sin dejar de mirar concentradamente sus fichas. La toma retrocede hasta captar a Manterola de perfil a la izquierda del cuadro, concentrado en la ficha que tiró Tomás; saca de la bolsa del saco un plaliacate arrugado y se suena la nariz ruidosamente, rompiendo la concentración de los demás.
- Verdugo (tolerante): Paso.
- Manterola (satisfecho): Para siempre, mi estimado.
Manterola pone su penúltima ficha, la tres-cinco, cierra a treses, y con el dedo índice descubre displicente su última ficha, la mula de treses.
- Manterola (festivo): A contar, mediocres.
Mientras Verdugo comienza a voltear las fichas para hacer la sopa, Tomás se despereza, levanta su copa y se levanta de su silla; la toma comienza a seguirlo en un travelling de plano medio hacia la barra donde llega y se acoda en la barra a la derecha de los militares y mira intensamente un punto de la vitrina ubicada detrás del cantinero quien, casi frente a los militares, interrumpe su labor, mira a Tomás y sigue el punto de su mirada.
ESCENA 3: INTERIOR
PRIMER PLANO
Un fragmento de la vitrina atrás del bar visto muy de cerca. Se ven tres botellas de licores usuales en el México de los años 20; al centro una de habanero.
ESCENA 4: INTERIOR
PLANO MEDIO
Tomás de perfil y casi en primer plano acodado en la barra mirando la vitrina, los militares atrás platicando y tomando sus copas; a la derecha del cuadro, atrás de la barra el cantinero mira un punto de la vitrina, se acerca a ella y toma la botella de habanero. Todo el tiempo se oye al fondo el ruido de las fichas de dominó al ser revueltas y voces apagadas de los otros tres jugadores.
Tomás (un hombre con rasgos asiáticos, pequeño pero robusto, de unos 35 años de edad) sonríe con desgano y estira su vaso. el cantinero lo llena con el licor, deja la botella a un lado del vaso de Tomás y vuelve a iniciar su concentrada labor de lustrar la barra. Tomás comienza a dar pequeños traguitos a su copa mientras los militares interrumpen su plática y se vuelven a mirarlo.
El soldado que está más cerca de Tomás es un teniente de unos 30 años, alto y esbelto, los otros son capitanes más o menos de la misma edad pero menos altos. Los tres están ya muy borrachos.
- El Teniente (dirigiéndose al cantinero mientras se atusa un bigotillo delgado y perfectamente delineado): ¿Le sirven a orientales en esta cantina, señor? Dicen que son lo más mugrosos que hay sobre la tierra, que viven en las tiendas de paisanos suyos y que comparten con las ratas el desperdicio... Cuentan que duermen arriba del mostrador.
El cantinero ignora el comentario pero deja de lustrar la barra y adquiere una actitud expectante; Tomás deja su vaso en la barra.
ESCENA 5: INTERIOR
PLANO MEDIO
Tomás, visto de perfil desde el punto de vista de los oficiales (la toma es ligeramente angulada hacia abajo), se voltea hacia el cuadro, atrás de Tomás se ve la puerta de vaivén en la salida de la cantina y fragmentos de una calle vacía y silenciosa; es una noche cerrada. Tomás mira a los oficiales, fuera de cuadro, con una actitud de contenido desprecio que puede ser interpretada erróneamente como temor.
- Tomás: ¿No tienen medallitas los señoles?
El ruido de las fichas de dominó y de la mesa de billar, así como las pláticas en ambos sitios se interrumpen abruptamente.
ESCENA 6: INTERIOR
PLANO MEDIO (CONTRACAMPO DE LA ESCENA ANTERIOR CON EL ANGULO AHORA LIGERAMENTE HACIA ARRIBA)
- El Teniente (sonriendo con aire de superioridad pero hablando con dificultad por la borrachera): El Ejército mexicano no pasea sus condecoraciones.
ESCENA 7: INTERIOR
PLANO MEDIO (CONTRACAMPO DE LA ANTERIOR)
- Tomás (mirándolos fijamente con la misma actitud): ¿Pelo tienen medallitas en casa?
ESCENA 8: INTERIOR
PLANO MEDIO (CONTRACAMPO DE LA ANTERIOR)
- El Teniente (con la misma actitud pero un poco confundido por la absurda pregunta): Aquí mis compañeros tienen dos condecoraciones al valor y una por heridas, imbécil.
- Manterola (fuera de cuadro gritando pero en tono tranquilo): ¡Tomás!
ESCENA 9: INTERIOR
PLANO MEDIO
La mesa de los jugadores de dominó vista desde la barra. La silla de Tomás está vacía, Verdugo y el Poeta (de perfil) se levantan de sus sillas con calma y salen de cuadro por derecha e izquierda, respectivamente. Manterola sentado de frente al cuadro ve hacia la barra con aburrimiento.
- Manterola (continúa la frase de la escena anterior, mientras comienza a hacer la sopa con las fichas): Sin sangre por favor.
ESCENA 10: INTERIOR
PLANO MEDIO (CONTRACAMPO DE LA ANTERIOR) Los militares y Tomás (vistos de perfil) siguen cada cual en la misma actitud, mientras que Verdugo y el Poeta entran a cuadro por izquierda y derecha, respectivamente. El primero se acoda en la barra atrás de los oficiales y se mete la mano derecha abajo del sobaco izquierdo, el segundo se ubica entre la barra y la salida del bar, ambos están expectantes pero tranquilos.
- El cantinero (dirigiéndose indiferente a los oficiales): Señores ¿podrían pagar el consumo?
- Tomás: Lo decía polque si tienen medallitas pueden colgálselas en las nalgas de sus chingadas madles.
Acto seguido el Teniente, iracundo, lanza un puñetazo con la izquierda que es contenido por Tomás con el antebrazo y de inmediato le suelta un derechazo a la cara; el Teniente se derrumba de dolor y se lleva una mano a la boca sanguinolenta.
- El Poeta (comienza a hablar con tono firme cuando el teniente lanza el puñetazo mientras saca una pistola de su saco): ¡A mano limpia! El que saque una pistola lo dejo frío.
Uno de los capitanes mira al Poeta con precaución, el otro se acerca a Tomás para agredirlo, pero éste lo recibe con una patada en el estómago, que lo dobla y hace que se retuerza en el piso de dolor.
Verdugo se acerca al teniente, en el suelo, y le pisa la mano con la que trataba de sacar su arma del cinto; el capitán golpeado se arrodilla en el piso y comienza a vomitar. Al mismo tiempo el segundo capitán toma la botella de habanero de la barra y la blande amenazante retrocediendo hacia la salida del bar, donde el Poeta le propina un golpe en la nuca con el cañón de su pistola. El oficial se derrumba.
- El Poeta (dirigiéndose a Tomás con actitud de súplica amistosa): Perdona, Tomás, pero lo ibas a lastimar.
En cuanto el segundo capitán cae al suelo, el cantinero camina presuroso y recoge la botella de habanero para que no siga derramándose, recoge las armas de los oficiales y vuelve tras la barra, donde le vuelve a llenar a Tomás su copa con el rescatado habanero.
Tomás se acerca a la barra, toma su copa de un sentón y le pide al cantinero algo que no se oye; luego se dirige al cuadro mientras se soba la mano. El Poeta, tras guardarse el arma, y Verdugo se dirigen también hacia la mesa platicando los tres de modo intrascendente.
- Verdugo: Cuando hay pistolas de por medio no siempre ganan los mejores.
- El Poeta: Lo que no soporto son estos muchachitos que se crecen dentro del uniforme; han de pensar que los que vamos de civil somos mexicanos de segunda.
ESCENA 11: INTERIOR
PLANO MEDIO IGUAL AL DE LA ESCENA 1
La conversación continua mientras el Poeta, Verdugo y Tomás se sientan en los mismos lugares y Manterola, que no ha dejado de hacer la sopa con las fichas la termina levantando las manos de la mesa como un buen cocinero ante el guiso maestro. El cantinero entra a cuadro con una palangana llena de hielos, que le entrega a Tomás, y la botella de habanero con la que llena los cuatro vasos.
- Verdugo (dirigiéndose al Poeta mientras enciende un puro delgado): ¿No se ha dado cuenta de que eso somos? Mexicanos de segunda. No le pida más a este país de lo que puede dar. (Dirigiéndose a Manterola): Se perdió una buena fiesta.
- Manterola: No crea; me quedé quieto un poco por pose pero conozco a Tomás desde hace años y le he visto hacer lo mismo tres o cuatro veces.
- Tomás (metiendo la mano ya notoriamente inflamada a la palangana): ¿Seguimos jugando?
Comienza un lento travelling elíptico y angulado de arriba a abajo en torno a la mesa, que permite ver a los personajes y sus respectivas tiradas, mientras hablan, recogen sus fichas, comienzan un nuevo juego y de vez en cuando toman de sus copas.
- Manterola: ¿Somos mexicanos de segunda, o qué? De tercera diría yo, porque los de segunda se dedican a limpiar las botas a los de primera. ¿Quiénes perdieron la Revolución según usted? ¿Los porfirianos? Esos ya están casando sus hijas con los coroneles de Obregón. La perdieron los parias, los campesinos que la hicieron; nosotros sin hacerla. (Dirigiéndose a Tomás): ¿Sale o salgo?
- El Poeta: Sin hacerla lo dirá usted, yo bien que cabalgué con Villa para ganarme mi honra.
- Manterola (abriéndose la camisa a la altura del pecho donde se percibe una cicatriz blancuzca): ¿Valen también las que ganó uno como mirón?
- El Poeta: Valen. (Dirigiéndose a Tomás): ¿Se fracturó? Tomás alza los hombros.
- Manterola: Mexicanos de tercera. Verdugo: No se angustie. Hay todavía mexicanos de cuarta. ¿Leyó usted que quince mil católicos se juntaron el otro día para rendir homenaje a Iturbide en el centenario de su coronación? Paso.
- Manterola: Hoy están muy mediocres. No, si no me angustio. Esto es lo nuestro. Como nos fuéramos de México los de tercera, se iban a quedar sin comer los demás.
- El Poeta: Nada es eterno mi buen rompeteclas, pero si juzga usted por mi trabajo, no es muy exacta su apreciación.
- Manterola: A lo mejor lo que pasa es que tengo ganas de platicar. Y a diferencia de Tomás, aquí, no me las puedo quitar golpeando militarcitos.
Tomás extiende poco a poco los dedos de su mano, todavía muy inflamada.
- El Poeta: Ya ve lo que le pasa por golpear militares, mi buen. Total no era para tanto, nomás le dijeron que dormía usted en mostrador. Aquí, según mi amigo el ilustre periodista Pioquinto Manterola, somos mexicanos de tercera, qué importa dónde dormimos. Yo duermo en sillón y el licenciado no duerme, es vampiro.
- Tomás (tarareando bajito una canción): Tampico
helmoso/puelto tlopical/tu eles la glolia de todo nuestlo país/
y pol doquiela yo de ti me he de acoldal.
* Citando a un clásico: "Estudió cómo cogen las ballenas en la Universidad del Congo; cumplirá 96 años el próximo verano".