Reseña


LA TREGUA


Angélica Ángel *

El poeta uruguayo Mario Benedetti es parte de la generación de escritores que contribuyó a la expansión de la literatura latinoamericana, su prosa y sus versos reflejan la idiosincrasia del país que lo vio nacer.

El también luchador político, uno de los autores más leídos del subcontinente, ha escrito en casi todos los géneros literarios, entre ellos novela, cuento, ensayo, teatro y poesía, lo que le ha permitido ganar un lugar preponderante en la vida intelectual del mundo de habla hispana.

Benedetti es considerado como parte de los escritores que defienden la identidad latinoamericana junto con Augusto Roa Bustos, Nicanor Parra, Ernesto Sábato, Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes, con quienes tiene gran amistad.

Entre las obras del literato, nacido en 1920, destacan Letras de emergencia, Quién de nosotros, La tregua, El recurso del supremo patriarca, Viento del exilio, Pedro y el Capitán, Montevideanos, El escritor latinoamericano y la revolución posible, El ejercicio del criterio, Poemas de otros e Inventario.

La métrica y la armonía de sus obras le han permitido que sus poemas sean interpretados por cantantes del folklore latinoamericano, como Daniel Viglietti, Alfredo Zitarrosa, Víctor Jara y Violeta Parra.

Benedetti expone el acontecer cotidiano que da la vida a algunos títulos de sus poemas El Ángel, Más o menos la muerte, Pobre Dios, Cumpleaños en Manhattan y Un padre nuestro latinoamericano, donde critica la cultura de dominación estadunidense.

Destaca por su apología política contra todas las formas de represión a la libertad humana y lo mismo cuestiona la soberbia, el materialismo, el consumismo y la prepotencia de Estados Unidos sobre regiones centro y sudamericanas, que pone en entredicho la moral burguesa.

La tregua es quizás la obra de Benedetti más leída, junto a Primavera en una esquina rota, que es considerada como la continuación de la trágica historia de amor entre Martín Santomé y Laura Avellaneda, de la cual se desprenden dos títulos de poesías que expresan la pasión, vivencias y vínculos tiernos que unen a la pareja: Poemas de hoy por hoy y Poemas de la Oficina.

En La tregua, Benedetti narra una breve, pero dichosa, etapa en la vida de una hombre maduro deprimido y mediocre, resignado a la fatal monotonía de su existencia.

En el diario de Martín Santomé, un oficinista montevideano que está a punto de cumplir los 50 años, viudo y con tres hijos, relata la historia de un hombre que próximo a jubilarse, encuentra en una joven el reverdecer de sus mejores momentos, en el tedio de la soledad.

Laura Avellaneda, una chica de 24 años, entrega toda su ternura y cariño al hombre temeroso, escrupuloso que ya no espera nada de su paso por el mundo, y que sin embargo es capaz de arraigar sentimientos de amor profundos, que muy pocos en nuestros días tienen el valor de ponerlos en práctica.

El rescate de Avellaneda viene a ser para Santomé una exquisita sorpresa, porque supuso que la jovencita no lo aceptaría y mucho menos le entregaría su amor, sin inhibiciones y de una manera natural y consciente.

Una característica entre los protagonistas de La tregua fue la diferencia de su personalidad, ya que mientras él era un hombre conformista, ella era, aunque tímida, una mujer clara y plena.

Santomé conoce a Avellaneda cuando la muchacha ingresa a trabajar en una oficina contable bajo su mando y de manera repentina se encuentra con que está enamorado de su sonrisa, de su manera de decir, de su forma de hacer.

No sabe cómo actuar frente a esta situación inesperada y, sobre todo, ante la reacción de Avellaneda, y cuando le declara su cariño, ella le contesta que lo sabía y que lo acepta.

Santomé está contrariado por la respuesta afirmativa de su enamorada y reflexiona temeroso sobre el presente que se avecina a sus puertas de manera irrevocable.

"No quiero perjudicarla, ni quiero perjudicarme, no quiero que nuestro vínculo arrastre consigo la absurda situación de un noviazgo tirando a matrimonio, ni tampoco que adquiera el matiz de un programa vulgar y silvestre, no quiero que el futuro me condene a ser un viejo despreciado por una mujer en la plenitud de sus sentidos, ni tampoco que por temor a ese futuro quede yo al margen de un presente como este, tan atractivo, no quiero que vayamos de amueblada a amueblada, ni tampoco, que fundemos un hogar con mayúscula", reflexionó.

Entre sus meditaciones y su miedo transcurren siete meses en los cuales sopesa la situación y decide unirse a Avellaneda a la que le pide matrimonio para ser feliz a su lado en el ejercicio de la sinceridad y la franqueza, que le permite descubrir en sí mismo a un nuevo ser humano.

"Tengo que asirme desesperadamente a esta razonable dicha que vino a buscarme y que me encontró", pensó en los cinco minutos en los que se le aclaró todo, en los que desaparecieron los prejuicios.

Una decisión tardía puesto que culmina con la fatalidad: la muerte de la chica que le abrió el camino real al amor, el amor que no está a la defensiva sino a la felicidad.

"Ella me daba la mano y no hacía falta más. Me alcanzaba para sentir que era bien acogido. Más que besarla, más que acostarnos juntos, más que ninguna otra cosa, ella me daba la mano y eso era amor", se dijo al comprender que Dios le había concedido una tregua, una etapa plena que sólo quedó en el pasado, en el más bello recuerdo de su vida, dejándolo sumido en un destino más oscuro que antes, en un mundo sin interés, en el ocio.

* Periodista mexicana

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