Guatemala


CONCLUYE LA GUERRA


Carlos Cáceres *

La lucha armada en Guatemala se inició en 1960. La historia comienza a forjarse con diversos sectores de la sociedad civil que consideraron esa forma de violencia como una respuesta a las acciones de carácter institucional, a nivel interno y externo, que anularon la revolución democrática de 1944-1954, el cierre, por medio de la Constitución, de expresiones políticas, así como la continuidad de la miseria, hambre y analfabetismo, entre otros factores.

La vía violenta de la revolución guatemalteca -tal como fue concebida desde 1960 por revolucionarios desde la sierra de las minas- atrajo, en un principio, a campesinos -en especial del oriente del país- estudiantes, trabajadores, militares jóvenes, y luego, con la acción masiva de un nuevo sujeto social, los campesinos indígenas.

Durante 36 años, el conflicto armado interno de Guatemala -denominado de esa manera por la Organización de Naciones Unidas en 1983- tuvo alzas y bajas, de acuerdo a la intensidad que adquiría, desde el punto de vista militar, así como por la mayor o menor incorporación del movimiento sindical y popular. Este factor determinaba los niveles de represión -directa o psicológica- contra combatientes, militantes o colaboradores de las organizaciones revolucionarias y, en especial, contra la población civil.

La infraestructura de la nación fue dañada bajo el argumento de que era objetivo militar. "Impuesto de guerra" fue criticado por la ONU, organismo que destacó que los derechos humanos de los guatemaltecos fueron también afectados.

Es difícil escribir en pocas palabras las implicaciones del conflicto armado. Guatemala resintió ese largo período en el aspecto económico, crisis que continúa. Se acentuó la miseria. Crecieron los flujos migratorios laborales. En la frontera mexicana fueron censados por la ONU unos 60 mil refugiados, además de otros miles que se adentraron en la montaña. La población desplazada de sus lugares de origen llega a un millón de personas. Centenares de aldeas fueron arrasadas. Organismos humanitarios aseguran que en Guatemala murieron 175 mil personas y otras 75 mil están desaparecidas. La prensa local reveló que los huérfanos llegan a los 200 mil. Miles más quedaron lisiados. En el país se ha arraigado una cultura de violencia. El temor y la zozobra aún se observa en las pupilas de los guatemaltecos, a quienes no se les consultó si querían la guerra. La paz es una esperanza.

El gobierno del presidente Alvaro Arzú y la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) firmaron en Palacio Nacional el acuerdo definitivo de paz luego de cinco años de negociaciones. Alrededor de 300 periodistas informaron y dieron a conocer los detalles de una ceremonia solemne con la participación de presidentes y otros funcionarios de otros países.

Al suscribir el documento, la URNG descartó la violencia como método para alcanzar el poder y la sociedad civil refuerza su papel protagónico para respetar las ideas que permitan la acción de una sociedad democrática, proceso de negociaciones en el que destaca el papel del conciliador Rodolfo Quezada Toruño.

Se abre en Guatemala una política de paz, lo cual no significa desconocer la presencia de la problemática social en el país, aspecto que permite impulsar nuevas formas de organización -los ex combatientes anunciaron la formación de un partido político- con una nueva visión del país.

Las ideas y la inteligencia deben ser las armas que deben imperar en Guatemala y sólo de esa manera se evitará la angustia en las nueva generaciones y se podrán solucionar los múltiples problemas nacionales e internacionales.

* Sociólogo guatemalteco

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