América Latina


ENTRE EL SURREALISMO Y LA REALIDAD


Juan Cruz Neri *

En cualquier ciudad de nuestra América Latina, el nombre da lo mismo, Guatemala, México, La Paz, San Salvador, Buenos Aires, podemos encontrar escenas que bien podrían estar en una película de Luis Buñuel: junto a un automóvil europeo con computadora de viaje se ha parado un cacharro tirado por un cuadrúpedo famélico y guiado por un paisano que difícilmente entenderá de potencias automotrices, diseños aerodinámicos o caballos de fuerza.

Podemos ver de frente a las grandes tiendas y autoservicio con aire acondicionado, cajas automáticas y códigos de precios, amazonas de tubo que sostienen puestos con mercancía a apunto de echarse a perder y juguetes llegados de Medio Oriente que por si mismos realizan toda una serie de monerías que cualquier persona mayor de 20 años ni siquiera se imaginó en su infancia.

Tenemos al líder de una comunidad indígena, descendiente directo de raza ancestral vestido a la usanza tradicional, pero agregado con antojos polarizados y chamarra de poliester.

¿A qué viene esto? Preguntará el lector. Tenemos como latinoamericanos la difícil labor de asimilar el modernismo tecnológico y adaptarlo, aprovecharlo, sin llegar a ese desfase que nos ha hecho pasar de la edad de madera a la del microchip y que nos ha obligado a correr sin haber caminado. Con esto no quiero decir que se esté actuando mal, simplemente, que tenemos el grave riesgo de perder nuestra cultura en aras de la integración al siglo XXI, riesgo que se complementa con la saturación, sin asimilar, de una gran cantidad de conocimientos que lejos de representar un acervo cultural se transforma en un embotamiento de los sentidos, en un aturdimiento de la razón.

Estamos desde hace varios años recibiendo y adoptando, pautas culturales llegadas a nosotros a través de aparatos electrónicos, vestidos sintéticos, enseres, automatizados y un sin fin de formas que se han convertido en una nueva transculturalización aunada a la que generan los medios de comunicación.

La estrategia debe encaminarse hacia el conocimiento certero de las nuevas formas de vida para adaptarlas y aprovecharlas en cada una de las nuestras comunidades, sin atentar contra nuestras propias costumbres e idiosincrasias.

Pero ¿Cómo Lograrlo?, No es cuestión de mucho trabajo, de instancias especializadas, de gente o aparatos regidores, secretarias o ministerios de Estados, ni tampoco de barreras comerciales o trabas arancelarias, ni mucho menos de amurallamientos fronterizos ni bloqueos del espacio nacional. Es simplemente una toma de consciencia que debemos realizar individualmente, en primera instancia, para luego transmitirla a quienes están cerca y no han hecho lo propio.

Quizá en un principio no sepamos dónde empezar, que hacer. Obviamente no tiraremos todo aquello que en el entorno tiene pinta de atentar contra nuestra cultura o tradiciones, simplemente hay que poner en practica lo que podríamos llamar un sentido ecléctico, es decir tomar lo bueno y desechar lo malo.

¿Qué es lo bueno y lo malo? Lo bueno es aquello que nos va a ser útil en algún momento o que nos esta proporcionando algún satisfactor, aquí lo esencial es que no nos obligue o induzca a perder aquello que nos es inherente como sociedad.

Por ejemplo, tenemos un éxito musical, es ideal para bailar, tiene una melodía pegajosa, pero es en ingles, sin entendemos el idioma se complica porque quizá ya estemos recibiendo mensajes ajenos a nuestra realidad, por el contrario si entendemos el idioma solo estaremos consumiendo un producto hasta cierto punto inocuo, pro que viene a desplazar las reacciones nacionales y nos aleja de canciones que podamos entender para conocer nuestro entorno.

¿Cuál puede ser una buena solución? Me parece que podemos optar por escuchar la canción extranjera, pero también debemos conocer lo que es cada una de nuestras naciones se produce, lo que en las pequeñas ciudades y poblados se crea y se crea en las fiestas tradicionales, en los bailes populares, en el folclor propio, buscar motivos de las costumbres, de las tradiciones para poder asimilarlas y gozarlas.

Esto es solo un caso, quizá muy fácil, pero espero que sea pauta para encontrar una vía en otras situaciones así como también espero que cada uno de nosotros hagamos labor de "hormiga", el pequeño trabajo de inducir a alguien esta idea de identidad nacional y preservación cultural. Estoy seguro que con el granito de arena que cada uno ponga se formara una playa suficiente para que todos podamos convivir en ella con nuestra propia forma de ser y nuestro devenir histórico y cultural de mas de 500 años.

* Periodista mexicano.

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