EL PROBLEMA DE LA UNIDAD EN LA IZQUIERDA SOCIALISTA
Rodolfo Ornelas Chávez *
La lucha por la unidad de fuerzas políticas de izquierda, tiene una historia tan rica como conflictiva, desde que los luchadores socialistas y comunistas cobraron conciencia plenamente de la gran trascendencia de sus luchas, en la segunda mitad del siglo XIX. No bien pudieron darse los primeros pasos para tratar de llegar al poder político, cuando ya se lograba lo contrario de la unidad buscada, es decir la división aún mayor.
El primer gran organismo unitario de izquierda, demostró la vocación intrínsecamente extranacionalista de la causa proletaria. La Asociación Internacional de Trabajadores (Londres, 28 de septiembre de 1864) fue la única posibilidad que encontraron los socialistas de entonces para emprender la aplicación de sus doctrinas. Los escenarios nacionales se mostraron muy estrechos y fuertes para los grupos políticos de izquierda. Intranacionalmente, el proletariado carecía de posibilidades de derrotar a su enemigo, pero no así internacionalmente. En cuanto a relaciones de fuerzas, había una ventaja para el proletariado de aquel entonces uniendo fuerzas de clase de varias naciones, complementariamente, a diferencia de las burguesías que lejos de poder compartir proyectos con sus congéneres de otros países, estaban enfrentadas competitivamente hasta la aniquilación mutua.
El factor histórico más importante que llevó a la creación de la AIT, fue la revolución eurooccidental de 1848-49, que afectó a la mayor parte de aquellos países. Se trató de grandes insurrecciones sucesivas de la Revolución Francesa, puesto que se aliaron proletariado con burguesía para derrocar regímenes monárquicos y feudales decadentes. Sin embargo, después de debilitadas las estructuras caducas, las burguesías cambiaron de aliado para poder oprimir al proletariado, y asegurar el poder. Debido a esta experiencia, fue que las fuerzas de izquierda socialista tuvieron claridad de que debían de unirse los revolucionarios de diferentes países.
Al interior de cada país, los socialistas combatían entre sí acerca de estrategia y táctica antiburguesa, llegando a definir cada vez más sus respectivas posiciones, y consecuentemente a replegarse progresivamente en las mismas. En el caso de la AIT los dos grandes polos que se crearon fueron la tendencia anarquista, encabezada por M. Bakunin, y la tendencia socialista científica, encabezada por Marx. una y otra trataron a toda costa de demostrar la falsedad de la contraria.
Las posiciones se expresaron en que con motivo de una discusión con el activista alemán Weitling, Marx se opuso al espontaneismo del primero, su posición teórico-dictronaria, en tanto que Waitling negaba la utilidad del socialismo científico. Marx dijo que "sin una doctrina sólida, nada se puede hacer más que ruido, deslumbrones dañinos, y matar la causa propia". Weitling, quien intentaba todavía recuperar su posición, replicó que "eso del consumismo científico no es más que trabajo de gabinete lejos de los sufrimientos de los pueblos", y recibió la exclamación concluyente de Marx: "la ignorancia a nadie ha podido ayudar, hasta la fecha".
En una carta dirigida a P. V. Annenkov, Bakunin dijo: "Marx sigue aquí como antes el mismo juego fatuo. Echa a perder a los obreros al querer convertirlos en razonadores. La misma locura teórica y esa insatisfacción consigo mismo".
Este conflicto al interior de la izquierda socialista habría de continuar hasta hoy, en todo el mundo. Con características y grados en ocasiones muy diferentes, la izquierda padece, según el punto de vista, ya sea la inutilidad de la teoría científica o la ineptitud de la improvisación ignorante. En aquella ocasión ( mediados del siglo pasado), fue necesario disolver la AIT (Filadelfia, 15 de julio de 1878), no sin la advertencia optimista de Marx: "La iniciativa internacional experimentará numerosos cambios antes de que pueda escribirse el capítulo final de su historia".
En efecto, el 14 de julio de 1889, en París se constituyó la Internacional Socialista, o Segunda Internacional. Debido a que la causa de la caída de la AIT, había sido el espontaneísmo anarquista, la Internacional Socialista se fue al otro extremo político, a la colaboración de clases, y por tanto al revisionismo. Pero tanto la Primera como la Segunda cayeron en la oposición al comunismo científico marxista, que fue finalmente lo que pudo lograr los verdaderos triunfos políticos en el campo socialista del siguiente siglo. La Segunda Internacional tuvo su propio final el 4 de agosto de 1914, cuando toda la socialdemocracia alemana que dominó los últimos años de la Internacional, votó a favor de los créditos de guerra, y el resto de los partidos ya no continuó con ella.
Lenin explicó en noviembre de ese año que "el "hundimiento de la Segunda Internacional es el hundimiento del oportunismo, que se desarrolló en las características de un período de la historia hasta ahora pasado... Hace tiempo que los oportunistas han venido preparando el terreno para este hundimiento renunciando a la revolución socialista y poniendo en su lugar al reformismo burgués,... predicando la colaboración de clases, predicando el chovonismo burgués so pretexto de patriotismo, desechando la verdad fundamental del socialismo expuesta en el Manifiesto Comunista, de que los trabajadores no tienen país,... desconociendo la necesidad de la guerra revolucionaria de los proletariados de todos los países..."
El 2 de marzo de 1919, se fundó en Moscú la Internacional comunista o Tercera Internacional, formada por partidos comunistas y socialistas. La creación mostró el rumbo que estuvieron siguiendo las internacionales, que pasaron de la firme intención de aplicar la consigna "Proletarios del mundo, uníos", incorporando a sus filas a personas de condición proletaria, a la organización de partidos políticos. Los trabajos de la Tercera Internacional, o Internacional Comunista (Komintern), recibieron el mayor y mejor impulso que pudieron haber tenido: nada menos que la primera toma del poder en el mundo, a manos de u partido comunista, en este caso el Partido Bolchevique.
La Komintern fue la unión de partidos y grupos de izquierda socialista para la lucha por conquistar la dictadura del proletariado en sus respectivos países, con el auxilio de la solidaridad internacional. No pudiendo sustraerse a los problemas que causan las tendencias aberrantes en el seno de la lucha por el socialismo, debido a que esta III Internacional debía corregir las desviaciones reformistas de la II Internacional, cayó en la desviación contrarias, es decir, volvió al aventurerismo de la Primera Internacional, despreciando desde la teoría hasta lasa acciones de masas, pasando por la abstención a participar en escenarios no socialistas. Esto fue corregido por Lenin en su intervención "La enfermedad infantil del ‘izquierdismo’ en el comunismo", pero a su muerte (1924) la corrección tendió a institucionalizarse al grado de la inactividad, justamente cuando emergió a su auge nada menos que el fascismo de los veinte y treinta, en tanto que se institucionalizaba lo que sí debía de institucionalizarse, o sea el régimen socialista en la Unión Soviética.
La contradicción entre internacionalismo proletario y nacionalismo socialista, no pudo resolverse y el resultado fue la disolución de la Internacional comunista el 31 de mayo de 1943, con el argumento de que sus planteamientos no respondían ya a los requerimientos de lucha antifascista beligerante. En la misma línea prosoviética stalinista, en lugar de la Komintern se creó la Oficina Internacional de la Información de los Partidos Comunistas, o kominform, en 1947, con sede en Praga, y cuya actividad prácticamente se redujo a publicar la Revista Internacional con aportaciones de miembros de partidos comunistas del mundo, hasta 1956 en que a su vez fue disuelta.
No obstante la línea stalinista de la Kominterm, en 1938 se fundó en París la Cuarta Internacional, por León Trotski, con el propósito fundamental de establecer el período de transición entre el capitalismo y el socialismo, que -se declaraba- no había sido resuelto por las internacionales anteriores. Hasta la actualidad, dividida en múltiples "cuartas internacionales", subsiste en su expresión más destacada en el Secretariado Unificado con sede en Bruselas.
La exposición del internacionalismo proletario y marxista, no
es un aspecto de la lucha por la unidad, sino en realidad toda la lucha
por la unidad, y su expresión en cualquier país es lo que
constituye un aspecto nada más. Desde un punto de vista político-moral
lo que está en la controversia es la titularidad del marxismo y
de todas sus derivaciones teórico-prácticas. La solución
se encuentra en es restablecimiento de la trayectoria marxista actualizada,
no por simple extrapolación sino conjugando los acontecimientos
mundiales con los avances marxistas que esta corriente de pensamiento ha
dado hasta la fecha. 
* Integrante de la Unidad Nacional Lombardista.