México


LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN, UN PODER EN MÉXICO


David Talavera *

Los medios de comunicación tienen la particularidad de reflejar un mundo duplicado que reemplaza al real. Como dice Theodor Adorno en su Prólogo a la Televisión, se colma así la laguna que la existencia privada ocasionaba a la industria de la cultura, mientras ésta no contó con las vías necesarias para dominar completamente la dimensión de lo visible. Como fuera de la jornada de trabajo apenas si puede darse un paso sin toparse con un mensaje de esta industria, sus mensajes están, en consecuencia, ensamblados de tal modo que no es posible reflexión alguna en el tiempo que dejan libre y, por tanto, no es posible advertir que el mundo que reflejan no es el mundo.

Esta hipótesis parece concordar con la televisión en México en la medida que produce mensajes, a menudo criticados por autoridades y especialistas en la materia, que suelen ser aceptados por la mayor parte de la población, la cual, como afirma Theodor Adorno, no suele reflexionar sobre el impacto que causan en su vida cotidiana.

Los medios de comunicación, en particular la televisión y la radio por la penetración que alcanzan, que hacen llegar sus mensajes a los lugares más recónditos de nuestro país, hay que decirlo, forman parte de la vida cultural del mundo y, además de ser agentes o vehículos de educación informal, se yerguen como instituciones claves de nuestro sistema de vida, incluido el educativo.

En su libro La Realidad Manipulada, el pedagogo Christian Doelker afirma que el educador debía ocuparse menos de lo que los medios causan en el destinatario y más de lo que el destinatario hace, puede hacer o debe hacer con los medios. A manera de complemento, en su obra El Lenguaje Total, su homólogo Francisco Gutiérrez señala que la educación formal debe satisfacer la necesidad de educar a los receptores en los lenguajes propios de los medios, familiarizarlos con las disciplinas que se ocupan de analizar los mensajes, tanto en su forma como en su contenido; ofrecer a los educandos, en suma, los instrumentos necesarios para defenderse de la masificación y la mistificación.

Aquí el punto nodal es cómo puede la población descifrar el objetivo de los mensajes que le atiborran los medios y evitar la manipulación, porque como se puede apreciar éstos no parecen estar muy interesados en establecer normas que posibiliten el desarrollo de productos de mejor calidad. Una alternativa real es que el Congreso de la Unión legisle en la materia, aunque ello, como ya se ha visto, tiene sus problemas.

En 1998 la Comisión de Radio, Televisión y Cinematografía, de la Cámara de Diputados, dio a conocer su intención de regular a los medios de comunicación, lo que causó una airada reacción de la Cámara Nacional del ramo, al grado que el presidente de esa instancia legislativa, el diputado panista Javier Corral Jurado se vio forzado a dar marcha atrás al proyecto, que fue llamado "Ley Mordaza".

Pese a ese tropezón, de nueva cuenta se ha anunciado que la iniciativa se pondrá a discusión y no estaría nada mal que ahora sí se concretara la discusión y aprobación de esa ley, a fin de evitar que la característica de nuestro tiempo sea el dominio de los medios de comunicación sobre la sociedad y no coadyuvantes, como seguramente es el deseo de no pocos, en el desarrollo político, económico, cultural y político de México.

Porque aunque no se duda que los docentes, al igual que muchos otros profesionistas y padres de familia, son un factor esencial de cualquier sistema educativo, a su labor en las aulas y en los hogares, se añade, en forma complementaria o contradictoria, la acción de los medios, que también contribuyen a proporcionar conocimientos, a proponer valores y modelos de comportamiento, pero sobre todo a inducir opiniones sobre toda clase de tópicos.

Sin pretender que los medios de comunicación dejen de ser un negocio para sus concesionarios, sí es necesario que el compromiso social que tienen ante el país se ponga de manifiesto con la emisión de mensajes que permitan visualizar el mundo real y no el ficticio que propagan en muchas ocasiones.

Y es que el poder de los medios se comprobó, una vez más, en la reciente visita de Juan Pablo II a México. No dudo que la mayoría de los mexicanos tenga preferencia por esa religión, la historia así lo ha demostrado, pero de eso a que se paralizaran actividades como que ya es algo que debe llamar la atención sobre los efectos de los medios sobre la población.

Y es ese poder el que se debe controlar. 

* Periodista mexicano.

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