Cuento
SORPRESA
Arturo Mora Torres *
El auto se deslizaba apaciblemente sobre el asfalto de la carretera. Él, sentado en el asiento del copiloto, veía el paisaje, y se sumió en el recuerdo. Era casi la misma hora, el sol se situaba casi en la misma posición. Volteó de reojo hacia el sitio del conductor, y en su lugar apareció ella. El aire que entraba por la ventanilla no golpeaba su rostro, más bien se diría que una mano invisible le acariciaba el pelo. En cámara lenta dirigió su vista hacia el frente. Al principio, sus ojos llenos de lágrimas, no le permitieron ver con claridad. Nunca supo si dejó de llorar o todo lo veía en sus recuerdos. Observó los autos que venían de frente y pasaban a su lado, igual dos cortinas formadas por los árboles se deslizaban interminables en ambos costados del auto. Su voz lo sujetó violentamente en un tiempo opresivo.
-¿Tienes sueño?, te ves cansado- le dijo. Y su mano le acarició la pierna, como siempre lo hacía cuando conducía. Le dijo que pronto llegarían a X... y podrían parar a comer algo y preguntar cuánto les faltaba para llegar a su destino final. El sonrió y asintió con la cabeza. Por el camino pararon a cargar gasolina, y él aprovechó para comprar agua y algunas frituras. Todo estaba bien, todo en su sitio. El cielo lucía azul, con algunas nubes huyendo del sol, y el viento jugando apaciblemente. Le pareció el mejor día de todos los que se hubieran creado desde que la vida fue conformada tal como él la conocía; hasta un papel que pasó volando, impulsado por una corriente de aire, le pareció bello y grácil. En ese instante, nunca pensó en el giro que daría su vida en las próximas horas. Ya no se detuvieron a comer. Pensaron que lo mejor sería llegar a las cabañas y, una vez instalados, ya se preocuparían por la comida. El auto seguía avanzando siguiendo la raya azul del horizonte. Pidieron la cabaña del fondo, pues les pareció la mejor ubicada para disfrutar la vista que les ofrecía el bosque y, además, la más silenciosa, pues se encontraba alejada del bullicio de los demás huespedes. Fue después de cenar que él notó algo raro. Exactamente cuando " él " entró con una carga de leña para la chimenea, le pareció ver que intercambiaban una mirada diferente de lo normal; como si hubiera una especie de complicidad. No quiso darle mayor importancia, y fue directamente a meterse bajo la regadera. Ella se quedó en la cama leyendo. Cuando él salió y quiso hacer el amor, ella no respondió a sus insinuaciones ni a sus caricias. Finalmente él fue más directo, y le pidió que hicieran el amor; ella le contestó que más tarde, quería leer un poco. El no dijo nada, se metió en su cama y pronto se quedó dormido. Cuando despertó no la vio en su cama, y no había señas de que hubiera estado durmiendo. Le habló y no obtuvo respuesta, asi que se levantó y fue a buscarla, como no estaba en la cabaña se dispuso a salir; y, justo cuando abrió la puerta, vio que se despedía de " él " y regresaba a la cabaña.
-¿ Dónde fuiste?- le preguntó.
- Fui a caminar, te quedaste dormido y no quise despertarte, te veías muy cansado.
- Te hubiera acompañado- respondió.
Ella sonrió y le pidió que fueran a dormir, y se fue directo a la recámara. Él se quedó en la puerta mirando hacia afuera; " él " había permanecido en la obscuridad observando la escena. Cuando llegó a la recámara, ella estaba acostada y le daba la espalda. Esta vez se acostó a su lado y la interrogó.
- ¿ Qué platicabas con "él"?
- Nada, sólo nos dijimos buenas noches- le respondió.
- Y por eso le diste la mano- replicó en tono un poco serio.
- Solamente quise ser amable, eso fue todo. Duérmete- respondió ella a su vez.
Para ese entonces los celos ya habían comenzado a hacer su silencioso, pero demoledor trabajo, y fue hasta muy entrada la madrugada que pudo conciliar el sueño. Sin embargo, serían cerca de las 6:00 (eso lo supo después, cuando ya fue demasiado tarde para arreglar las cosas) cuando escuchó voces que trataban de no hacer mucho ruido. Se levanto y fue hacia el lugar de donde provenían. La vio platicando con alguién, pero no pudo ver quién era, pues ésta estaba afuera, envuelta en la penumbra de la madrugada; sin embargo adivinó que se trataba de "él". Quiso escuchar mejor, y al tratar de acercarse tropezó con un objeto que estaba tirado en el suelo, produciendo un ruido que hizo que ella cerrara la puerta. Le preguntó con quién hablaba. Ella le respondió que no hablaba con nadie; que el calor la había despertado, y había querido respirar un poco de aire fresco, eso era todo. Nuevamente ella actuó con naturalidad, como si nada pasara. Le dijo que se fueran a dormir, que estaba por amanecer; y se fue otra vez a la cama. Cuando él la alcanzó, ella estaba acostada dándole la espalda otra vez.
- ¿Con quién hablabas? -volvió a preguntarle.
- Con nadie, ya te dije que sólo quería un poco de aire fresco, eso fue todo.
Sintió que el tiempo se volvía pesado, como de piedra.
En realidad no supo lo que pasò, fue como si hubiera actuado bajo
un estado hipnótico. Alguién llamando a la puerta le hizo
reaccionar. Ella estaba tendida, un brazo le colgaba fuera de la cama,
los ojos abiertos y una mueca en sus labios que parecía su eterna
sorisa. Fue hacia la puerta, pues volvían a llamar. Abrió,
y ahí estaba " él ", tenía una botella de vino, un
ramo de flores y algo que parecía ser un regalo en sus manos. -
Felicidades señor, la señora me pidió que le trajera
estas cosas a las 6:00, pero este reloj ya no funciona muy bien, y por
eso vine hace un rato, espero no haberlo despertado y haberle echado a
perder la sorpresa que tanto trabajo le costó a la señora,
pues usted siempre estuvo cerca de descubrirnos. Recibió todo como
autómata, quiso darle una propina, pero "él" no aceptó;
dijo que lo hacía con mucho gusto, porque "él" conocía
a la señora hacía ya algún tiempo, y siempre se había
portado muy bien con "él". Cerró la puerta, puso todo sobre
la mesa y fue a la recámara, le dio un beso y la cubrió con
una colcha; de pronto sintió que hacía frío. Se vistió,
tomó las llaves del auto y salió dejando todo. "Él", le vio alejarse, y sólo levantó los hombros y continuó
con lo que estaba haciendo. En el camino levantó a un hombre que
pedía un "aventón", con la condición que manejara,
ya que él estaba muy cansado. El auto continuaba deslizándose
rápidamente, cerró los ojos y sintió que se sumía
en un sueño pesado. Algunas voces, que él escuchaba muy lejos,
lo hicieron voler en sí. No sentía su cuerpo; estaba tendido
sobre el asfalto de la carretera, y entre los curiosos que se arremolinaban,
creyó verla platicando con " él " mientras se alejaban del
lugar como si nada pasara. Quiso gritar, quiso moverse pero su cuerpo no
respondió a las órdenes que su cerebro enviaba insistentemente.
Contempló el cielo, y éste seguía azul, las nubes
continuaban huyendo del sol y el viento acariciaba su pelo.
* Fracasado recurrente, empedernido soñador.