México


INCREMENTO DE CUOTAS EN LA UNAM


David Talavera *

El nuevo reglamento de cuotas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha propiciado nuevas movilizaciones de la comunidad universitaria y condenas por parte del sector oficial y de la mayoría de los medios de comunicación, que han dado amplia cobertura a este movimiento que parece no tener visos de solución, en el corto plazo al menos.

El asunto en cuestión es si continúan las cuotas como estaban o si se modifica para que los estudiantes que declaren tener las posibilidades económicas suficientes, paguen un mayor porcentaje de lo que ahora destinan a la UNAM para sufragar sus estudios.

El tema no es un asunto menor pues hay quienes señalan que la educación a nivel licenciatura también debe ser gratuita para todos los que ingresan a esta casa de estudios, como casi ocurre en la actualidad con una cuota de 20 centavos. Hay quienes recurren al marco constitucional para afirmar que esa es una conquista social que no debe perderse, aunque hay otros que consideran que la UNAM tiene el derecho de buscar alternativas para allegarse recursos financieros que le permitan asegurar su sobrevivencia y competitividad frente a las universidades privadas del país.

Las partes en pugna, el sector estudiantil y las autoridades, parecen no encontrar la vía que abra la puerta para que se sienten a dialogar, pues el primero quiere un diálogo público y la otra parte lo quiere en privado, sin que ninguna ceda en sus posturas, lo que ha redundado en pérdida de clases y en una politización del conflicto.

Pero qué tan importante es que los estudios en la UNAM sigan siendo gratuitos para todos en un país en que casi todos los servicios y productos inherentes siguen incrementándose cada día. Desde mi punto de vista este problema se parece mucho al del reparto de tierras en México, cuando a los campesinos se les dotaba de tierras pero no de los recursos económicos y técnicos para que la trabajaran, lo que dio como resultado una baja rentabilidad en el agro nacional.

En el caso de los estudiantes universitarios sucede algo similar pues se les procura el acceso gratuito a la UNAM pero, de manera paralela, se les encarece lo necesario para continuar sus estudios; libros, pasajes, alimentación, vestido, servicios médicos, etcétera, lo que dificulta que el estudiante pueda culminar sus estudios.

La educación en la UNAM debiera ser gratuita para todos los que asistan a ella siempre que todos sus estudiantes provinieran de familias de escasos recursos económicos, porque es indudable que a la UNAM asisten alumnos cuyas familias tienen un buen nivel de ingresos y todas las posibilidades y la obligación de corresponderle a la Universidad con un pago acorde al costo que tiene la educación de sus hijos.

Así, tal parece que la reticencia a aceptar el nuevo reglamento de pagos pone de manifiesto que se defienden los privilegios de los alumnos que tienen posibilidades de pagar cuotas mayores y no de los que carecen de los recursos para pagarlas, porque como está definida la nueva reglamentación a este último sector se les seguiría dando el acceso gratuito a la UNAM por la sola imposibilidad económica para acceder a una universidad privada.

Visto de este modo, sería justo que la UNAM incrementara sus cuotas para captar recursos que le permitan seguir impartiendo educación a alumnos que de verdad requieren un lugar en esa casa de estudios para mejorar su nivel de vida y el de sus familias, pues de ese modo se justifica la aplicación de los recursos que le asigna el Estado, que no está de mas recordar, provienen de los impuestos que pagan los trabajadores.

La realidad económica del país exige el manejo transparente y eficiente del dinero que capta el Estado, así como justeza en la canalización de recursos para los asuntos prioritarios del país. Sin lugar a dudas, la educación es la mejor inversión que puede hacer cualquier nación para aspirar a su desarrollo. Por ello es importante que la Universidad Nacional Autónoma de México derrame sus beneficios en los mexicanos que más lo requieren y obligue, por otra parte, a que los alumnos que puedan, le repongan la inversión, porque de lo contrario la UNAM seguirá como una institución benefactora pero ciega, que lo mismo acepta a los hijos de los obreros y jornaleros que al de los secretarios de Estado, lo cual no es justo en estos momentos en que la desigualdad social y económica es más patente en el país.

Si bien es cierto que la UNAM es una institución nacional y patrimonio de los mexicanos, entonces todos debemos coadyuvar a lograr su desarrollo y a mejorar su prestigio en el ámbito de las ciencias y el arte; los que no tienen, que no paguen, pero los que tienen, que paguen. 

* Periodista mexicano.

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