Poesía
BANDERERO
Guillermo González Ruiz *
No entiendo bien por qué
pero,
veo en el ondear de mi bandera
más de tres colores:
más que verde,
que blanco y colorado.
No la puedo ver bien,
el banderero la agita
con más maña que orgullo,
y de alguna manera
nunca la extiende toda.
... Como que gira el asta hacia
la izquierda... pero
resulta envuelta ...
¡al otro lado...!
¡Mira!
hasta parece que hay... ¿estrellas...?
¡No puede ser!
Yo me acuerdo que había
un águila,
un águila y la serpiente derrotada,
ah, y un nopal,
un nopal, sí, y un lago,
pero... ¿estrellas?
Y hay más,
en un momento en que el sol
la hiere a trasluz,
hasta parece que a lo largo:
Destrozando lo verde,
lo blanco y colorado,
se transparentan unas como rayas,
¡Sí... unas como rayas paralelas,
... como... barras...!
No la puedo ver bien,
el banderero la agita demasiado;
como si fuera un rito de misterio
(de ocultismo).
Más que un lábaro, parece que
agitara un estandarte,
un banderín...
¡No tiene majestad su movimiento!
Pero antes de guardarla,
el centro se entreabrió.
No sé si fue un error del banderero
o que el águila extendió sus alas,
pero yo vi
-lo juro-
yo vi que el águila lloraba...!
Vi que lloraba una lágrima
(brillante y amarga)
Y la lágrima bajaba,
descendía lenta,
y a su paso,
las barras y las estrellas
regresaron a ser
lo que siempre fueron:
¡Esa azul y roja porquería con que el imperio ensucia la bandera ajena...!
¡Ah banderero!
Ah banderero,
me engañaste.
Me tenías casi ciego
pero,
ésa lágrima brillante y amarga
me limpió la vista..
¡Ah banderero!,
banderero,
un día,
(con voz de muchos)
yo te voy a exigir:
¡ver muy bien mi bandera!
La quiero ver abierta
parte a parte.
Un día, banderero,
yo voy a ondearla lentamente...
Voy a juntar mi lágrima
a otras lágrimas.
A la del águila serena,
majestuosa,
liberada.
Limpia ya de hipotecas
y de sellos,
limpia ya de la barra y
de la estrella...
Y limpia, al fin ...
¡de tanto renegado banderero...!
* Escritor mexicano.