México
DEMOCRACITIS: UNA ENFERMEDAD DE NUESTROS TIEMPOS (¡DEL CÓLERA!)
Iván López Soto *
¿Será una enfermedad contagiosa? ¿Será el resultado de una nueva era en armas bacteriológicas inventadas por los señores de la guerra? ¿Será más peligrosa que el mismísimo SIDA? Tal vez, un poquito de todo.
Lo cierto es que la Democracitis es una enfermedad que aqueja sobremanera a los habitantes del contaminado Distrito Federal en México, en el momento histórico que vive su actualidad.
El fenómeno a disección
Como su etimología lo muestra, esta milenaria enfermedad, descubierta por Pericles en Grecia, no es más que una inflamación en la Democracia, dentro de un régimen que se cimienta sobre el "sufragio efectivo y no reelección", dando como consecuencia una deformación en los principios y tendencias de la parte afectada.
Su sintomatología comprende desde una repetición obsesiva de la frase "triunfo de la democracia", por obra y gracia del voto de los habitantes de una ciudad atascada por propaganda de los partidos políticos (entes virulentos que se encargan de elevar las temperaturas excesivamente), hasta el desencadenamiento de cismas en el seno de una o varias comunidades, lo que acarrea un sistema político en el que el manejo del Estado se confía a una organización unitaria, que asume no sólo las atribuciones necesarias para la gestión de los intereses generales, sino aquellas otras que, naturalmente, deben quedar confiadas a los órganos y pobladores locales, a quienes se les niega toda autonomía.
¿Sabe usted si está contagiado?
Es llamada "la enfermedad de nuestros tiempos (¡del cólera!)", porque precisamente es eso lo que provoca: Cólera.
Esta se manifiesta en un movimiento desordenado del alma ofendida (cheque usted el Diccionario o Tumbaburros) de los "representantes" del pueblo y sus integrantes: la cólera es una mala consejera (y más en el pleno de cualquier asamblea, sea de las Cámaras o de las colonias urbanas).
En términos meramente médicos, se puede afirmar, sin temor a equivocarse, que es una enfermedad epidémica que provoca vómitos, deyecciones frecuentes (diarrea, como quien dice chorrillo) y violentos dolores intestinales, aunados a una constante emisión de ventosidades en el momento que se tocan los intereses personales.
Conciencia, como vacuna
Pero el lector de esta barbaridad (¡un tanto amarillista!) no debe temer a adquirirla: a pesar de su rango de contagiosidad, muy raras veces es mortal. Hasta hoy, sólo se conocen contados casos en que ha provocado la muerte a alguien.
Estas defunciones se han debido en gran medida a la falta de cuidados y atenciones por parte de los gallones de los Partidos Políticos para con sus agremiados populares, los cuales se hallan confundidos, por un lado, ante la miopía de un mesianismo que les ofrece el paraíso y, por el otro, la aparente seguridad del "más vale malo por conocido...".
Para evitar todos estos achaques, el lector cuenta con tres vacunas básicas que se pueden suministrar: Conciencia cívica, Conciencia social y Conciencia humanística; además de la ingestión de una que otra cápsula de las que algunos de los grandes pensadores de la humanidad han dejado para la posteridad, como José Martí: "De la independencia de los individuos depende la grandeza de los pueblos".
!Mucho cuidado con la Democracitis!. No deje que se le suba a la cabeza.
*Periodista mexicano.