A PROPÓSITO DEL FIN DEL MILENIO
Carlos Iaquinandi Castro *
Nuestro calendario, que no deja de ser una de las formas caprichosas para dividir el tiempo, anuncia que termina el año, el siglo y el milenio. Atrás dejamos un siglo, un milenio, y comenzamos otra etapa.
Podemos sumar promesas y buenos propósitos, tal como sucede cuando llegan los últimos días de cada diciembre. Podemos imaginar cambios mágicos que servirán para alimentar necesarias ilusiones. Pero en realidad, la simbólica divisoria del calendario no separa nada. Muchas de las "malas noticias" nos acompañarán. Y esto no supone amargar la fiesta. Simplemente es un ejercicio de realismo para que cada uno de nosotros actuemos en consecuencia.
La humanidad -al menos como concepto colectivo- sale maltrecha de este siglo, sacudida por los grandes desencuentros, destructivas guerras, persistentes injusticias. Ninguna de estas lacras fue superada por los avances tecnológicos ni científicos. En las esencias, el bárbaro, aunque con traje impecable y limusina, sigue siendo bárbaro. En su intelecto y en los hechos que produce. Sin embargo, unas minorías absolutas harán una valoración diferente. Los beneficiarios del "orden" vigente nos hablarán de progreso y de futuro. Estarán hablando de lo suyo. Su mundo no es el nuestro y no quieren un mundo para todos. Por eso nuestra referencia no pueden ser sus mensajes, cargados de hipocresía, de cinismo, de mentira. Por eso, sus "valores" no pueden ser nuestros valores. Nuestra búsqueda vá por otros caminos. Y muchos serán caminos nuevos que tendremos que abrir nosotros mismos. Entre todos. Lo fácil es dejarse llevar. No enfrentar la corriente. Convertirnos en pequeños e innumerables Fukuyamas que repetimos lo del "fin de la historia" y negamos toda posibilidad de cambio.
Pues no debe ser así. Como dicen los zapatistas, los engañados y los desesperanzados tendrán que organizarse. "Nosotros -dicen- nacimos desesperados de una opción política, otros de una condición de vida, otros de un trato racial, otros del trato de una condición femenina, otros de un trato a la historia que va detrás de ti...lo que hicimos fue juntar un montón de desesperanzas, organizarlas y el resultado fue... una esperanza".
Es en ese tránsito donde no debe haber exclusiones. Hay que encarar el nuevo siglo dejando atrás todo lo que separa, lo que estorba. Con voluntad de sumar, de unir, de construír. Hay que pensar respuestas alternativas, que permitan superar esta crisis. Hay que abrir espacios de participación real. Luchar por una mayor democracia política, económica y cultural. Planificar nuevos modelos de desarrollo; dar oportunidad a todos para que trabajen en lo que saben. Luchar por una disminución de las desigualdades sociales. Y esa lucha es diaria, en todos los frentes de la vida. Y es nuestra, de cada uno. No podemos excusarnos ni en la "confusión" ni en el desánimo.
Si nos lo proponemos, el tiempo nuevo será lo que nosotros querramos
que sea. Organicemos la esperanza.
* Presidente del Centro Latinoamericano de Reus. Catalunya, España.