ALGUIEN EN LA OBSCURIDAD
Arturo Mora Torres *
Sentado en un rincón de la sala, un hombre emerge, confundido en el silencio. Le acompaña una débil luz, que asustada, se asoma desde una pequeña lámpara; no obstante, la noche inexorable comienza a cubrirle con un pesado manto de soledad.
¿Dónde realmente existe?
Inmóvil, parece una estatua, no se percibe ningún movimiento en su exterior. Pero en su interior, apenas milímetros bajo su piel, libra una desesperada lucha por no sucumbir sepultado por dolorosos recuerdos.
El corazón acelera su paso en un vano intento por escapar y atropella todas las fibras de su ser. Serpientes reptan en el interior de sus venas envenenando su sangre. Algunas lágrimas saltan de sus ojos al vacío y se las traga la noche. Sus labios tiemblan tratando de pronunciar su nombre, y éste, se rompe en mil cristales que cortan su pecho. Se abren surcos como ríos que jamás alcanzan el mar, y en ellos, navega el olvido. El tiempo se acumula formando grilletes invisibles, él comienza a desaparecer entre los pliegues del manto de la noche, hasta que, finalmente, un suspiro apaga la lámpara y el silencio muere.
- ¡Otra vez te quedaste dormido en el sillón!
- No sé qué te pasa últimamente, vete a tu cama que mañana tienes que ir a trabajar-
- ¿Qué tendrá este muchacho? ¡ Ah, estos
jóvenes de ahora!
* Fracasado recurrente, empedernido soñador.