Puerto Rico


¡LA "LIBERTAD" DE PRENSA -O EL DELIRIO DE SER CRISTO-!


Ivanóskar Silen-Acevedo *

"Por cuanto no eres tibio, ni caliente,
te vomitaré de mi boca".
Apocalipsis 3: 16.

Lo que ha sucedido con mi cuento La tentación de San Antonio nos permite ver claramente la-persecución-política-y-cultural que se realiza sistemáticamente en Puerto Rico. Este gesto, la censura, no sólo es inmoral por sí mismo, sino que es la cumbre misma de la demokracia. Es precisamente la demokracia la que hace tiempo comienza a develarse como la enemiga de lo-democrático. Quizás lo que ha sucedido, para ser "liberal", es que algunas personas puedan haberse sentido amenazadas estilística, religiosa, política y moralmente por ese cuento, pero el gesto que ellos realizan, la glorificación de la censura como ubicación del poder, es parte de esa maldad que los burócratas y los funcionarios encarnan contra los escritores que nos hemos propuesto realizar lo insólito de la libertá misma.

Aquí los funcionarios aparecen como el antifaz que el poder utiliza para diluirse y para no ser visto. Estos son la no abstracción misma. Y quizás por ésto nadie haya querido darse cuenta de lo que sucede en este amigo que se nos objetiviza como censor. Porque darse cuenta de ésto implica que sutano o perensejo son los realizadores de la censura, del desempleo, de la infamia
cultural. Quizás nadie se sienta llamado ni democrática, ni socialista, ni cristianamente a crear ningún tipo de protesta ante esa violencia que se realiza no sólo contra la libertá de escribir, no sólo como libertá de ser leído, sino contra el POETA mismo. La censura aquí se convierte en el límite mismo del mundo que el poder, en este caso El Nuevo Día, establece como "moral" para la propia inmoralidad que lo sostiene: Puerto Rico como la vitrina ideal del racismo demokrático. La censura reaparece aquí, entonces, no sólo como la presencia misma de la traición (la prensa al servicio del silencio -la prensa como la estructura antiestética por excelencia-), sino como la presencia de la muerte en un pueblo que sigue atentando anexionistamente contra sí mismo. La censura se devela, sin que nadie lo note, como el movimiento político de la corrupción demokrática contra la
libertá más elemental de los hombres: el derecho a crear. Parte de este derecho a crear es también el derecho a ser oído. Es también el derecho a ser escuchado no sólo por la burguesía suicida, sino por el más humilde de los trabajadores. Y el medio más efectivo que existe para ser escuchado libertariamente, lo realiza en países como el nuestro esa prensa ambigua,
tergiversada y fingidora que yace en manos de los privilegiados.

Este es el lado oscuro de la prensa, esta es la zona que la demokracia ha evitado exhibir de sí. Esta censura, este fingimiento, es su pecado. Y ésta, la censura, cuando se torna cínica se convierte en la presencia de la ignominia. Lo importante aquí es descubrir por qué razones políticas-estéticas Maite Ribas, Ragui Vega y Carmen Hernández Trelles han realizado esa caza de brujas no sólo contra mi persona, sino contra un inmenso sector de nuestros escritores. Estos nombres de los funcionrios podrían ser sustituidos aquí por los nombres de los periodistas-"estrellas"-de-la-posmodernidad: Jorge Ramos Avalos y Guillermo Descalzi. ¿O es que la orden de censurarnos viene de más arriba? ¿O es que la orden moralista, "católica", o "protestante", es en el fondo una orden política? Una orden que atenta contra los derechos humanos de cualquier
escritor. Comprendo, entonces, el porqué periodistas como Tere Paniagua y Eugenio García, intentaran publicar, como lo hicieran, mi poema 25 de diciembre en un gesto desesperado por ocultar y subsanar esa maldad política que la "libertád" de prensa arrastra. La labor que Eugenio García realiza (las entrevistas a Elizam Escobar, a Iván Silén, a Felix Códoba, a Juan Angel Silén, a Che Meléndes (1), a Rafa Acevedo, etc.), aunque limitada por la misma censura interna que el periódico padece, son encomiables, pero insuficientes (2). Porque la literatura, desde esta vertiente periodística que intenta realizar lo imposible, está reducida a lo biográfico y a lo anecdótico mismo.

Esta censura acontece así en los precisos momentos en que mi cuentística, Los narcisos negros, y mi poesía, Casandra & Yocasta (libro que el Instituto de Cultura Puertorriqueña no se decide a publicar), buscan ampliar los márgenes mismos de la prosa y de la poesía latinoamericana. Lo curioso con ésta "libertad" de prensa es que ella se organiza precisamente contra la libertá misma. La "libertad" de prensa en Puerto Rico está organizada para que no ocurra absolutamente nada en ella. Para que la realidad acontezca como inmoralidad. Los periodistas, aun cuando estén hablando de política, desgraciadamente no hacen otra cosa que hablar del silencio. Aun cuando estén hablando de lo estético, no hacen otra cosa que hablar contra la ambigüedad de lo bello. Porque lo bello es para ellos el folklore mismo, lo cursi, el cliché, la farándula despolitizada, los cantantes puertorriqueños que participan en la Calle 8 contra los cantantes que los cubanos han censurado, o quizás esos cínicos latinoamericanos (Pedro Ruiz, Javier Cuebas, Alarcón, etc.) que participan de lo más vil de la anexión misma: Roselló, Norma Burgos, Edwin Rivera Sierra, Romero Barceló, Edison Misla, Parga, Mundo, etc.

La "libertá" de prensa, como baluarte burgués de lo excrementoso, se organiza contra esa figura de Jesús que ellos, sin creer en él esquizamente, pretenden codificar periodísticamente en el proceso de la censura. La "libertad" de prensa es el recurso petulante de los neofariseos. Esa inteligencia de lo pequeño olvida que Jesús deviene escandalosamente contra ellos mismos. Pero no importa aquí que ellos hayan tratado inútilmente de ocultar La tentación de San Antonio, no importa que ellos hayan intentado ocultarme una vez más, porque lo que se logra, como hubiera dicho Pablo, o Saulo de Tarso, es dar coces contra el aguijón del tiempo. La lucha burguesa de la "libertad" se realiza, entonces, contra un sector de los escritores del país (Carmelo
Rodríguez, Net Carlo, Etnairis Rivera, Angelamaría Dávila, José Luis Vega, José María Lima, Rubén Moreira, Francisco José Ramos, etc.) y termina develándose, aunque no lo podamos ver ahora, como el gesto de los inútiles. La lucha burguesa de la "libertad", o su parodia, la "libertad" de prensa, termina siendo ridícula. Lo ridículo, entonces, ha terminado por  corroernos.

Lo que ellos no podrán ocultar por mucho tiempo es que esta dimensión, este-"debut"-poético-de-Jesús no debería escandalizar a nadie, y menos a los periodistas de El nuevo día. Porque sé, y ellos también lo saben, que pagué un precio muy alto cuando publiqué La casa de Ulimar. Pero a pesar de todos los intentos por destruirme, el "demonio" de Jesús (pensemos en el demonio de Sócrates) me ha provisto una nueva novela corta,  Jesús o los tollosos, en donde éste vuelve a debutar eróticamente como "Dios". Lo que hay en mis cuentos es el intento de retomar la angustia de Jesús en su proceso de
convertirse en Cristo. No se hallará en éstos la "magia" de Cristo que la Iglesia trafica como un dios abortado, sino el lado oscuro de nuestra cultura que nuestros escritores no quieren escarbar. Jesús, nacido mágicamente Cristo, es la recapitulación del absurdo como discurso de la fe. Este es, entonces, el Jesús sin agonía y sin locura. Es Jesús sin cruz, porque la cruz de Jesús no apareció el Viernes Santo, sino que surgió en el momento mismo del alumbramiento. Los que piensan que el desgarramiento de Jesús aconteció natural o divinamente, sin rompimiento y sin escándalo de parte de éste, son unos poetastros. La "fe" no tiene por qué llevarnos al ridículo. Olvidar que la "fe" colinda con lo esquizo, es olvidar el proceso mismo de lo-desgarrante del propio Jesús. Los que no pueden entender que Jesús enloqueciera (porque Jesús ante el espanto es frágil, tan frágil era que sudó sangre), le arrebatan el escándalo mismo de su humanidad. Estos censuradores de lo-"divino-carnal" (de Cristo desnudo -de Jesús enamorado-) no tienen la más mínima idea de lo que implicó para él estar delante de la presencia de
"Dios". Estos no tienen la más mínima idea de lo que implicó para Jesús el plantearse la posibilidad de ser el Hijo de "Dios". En Jesucristo, como hubiera dicho Quevedo, "Dios estaba vestido de sí mismo..." (3). Esta posibilidad era el espanto de ser Cristo. Aquí lo prosaico, o lo poético, era (es) imaginar la angustia de ese acontecer moral y psíquico en la figura de Jesús.

Conocemos toda esa ideología que la Iglesia ha creado sobre ese proceso que va de Jesús a Cristo. Conocemos toda esa simplificación que la Iglesia ha realizado para sí, pero no para Jesús. Quizás esa maraña ideológica de la prensa (esa censuradora de lo-bello-de-lo-terrible y de-lo-temible-de-lo-bello [lo sublime]) sostenga a los débiles, pero ella no le sirve de nada ni a los poetas, ni a los pintores, ni a los filósofos del espanto. Los ciegos no pueden ver en ese cuento la empatía de un poeta hacia la figura del mayor de los esquizos, hacia el más libertario de todos, sino que lo único que pueden ver es ese odio acorralado del iconoclasta que no soy. No me interesan las imágenes de la ideología, ni las imágenes de la "libertad" de prensa para sí misma, su egolatría de "libertad" del poder, sino las imágenes del sueño, las imágenes de Jesús junto al escándalo.

El cuento censurado momentáneamente está más allá de todo arrebato romántico y busca plantearle posibilidades no sólo al cuento latinoamericano, sino al cuento español, partiendo de esa recreación erótica del espanto. Ser Jesús, en el sentido más cristiano que pueda haber, es plantearse la locura de serlo, el erotismo de serlo. Jesús, antes de ser Cristo, tenía que pasar por
la erotización de Magdalena, por el espanto del placer mismo.

Quizás a eso se deba el silencio aplastante que surgió en relación a mis pinturas de Cristo (¿Por qué me has desamparado?; Orfeo y Eurídice; y Suicidio de Jesús en anaranjado) y el-desnudo-de-las mujeres-"pornográficas". La presencia del cuerpo como espanto metafísico rodeado, a su vez, de la carne como lujuria enmudeció a "mis" críticos. Pero es que esa carne de Jesús, en pos de Cristo, estaba embellecida con las formas del deseo de lo-"Dios" mismo. Los creyentes desean carnalmente al "Dios" que los seduce, y la mujer sufre religiosamente (el amor como liturgia) en la cruz que la deleita. Manuel Alvarez Lezama, al no saber qué decir de mis cuadros, tuvo que recurrir reaccionariamente al poeta. Acorralado por el "éxito" o por el "fracaso" de los cuadros, acorralado por su propio desconcierto, Alvarez tuvo que recurrir a la-fama-oscura-del-poeta (4). El poeta se convertía curiosamente en el sustituto del pintor. El "maestro" asumía las angustias del "discípulo" (5). La pluralidad se expande, entonces, como conflicto. Lo íntimo se objetivaba como subjetividad del poema o del cuadro. Pero lo que no ha
entendido la mayoría de las personas que asistieron a la exposición Los Cristos Negros, de noviembre del "99", es que el poeta estaba siendo sustituido por el silencio político de la "libertad" de prensa. La demokracia se gozaba perversamente en ese silencio periodístico en donde la "libertad" de prensa acontece como simulacro de la verdad y de la realidad (de lo cierto). Pero como el devenir de la realidad no se puede detener, como lo-dialéctico es incontrolable, la gente vio los cuadros en la Galería
Coabey, la gente leyó el poema y la entrevista en ese periódico que no podía mantener (después de la Huelga Nacional, después de la libertá de los presos políticos y después de la derrota anexionista en el plebiscipo del "98") por mucho más tiempo la censura. Mantener la censura, como se pretende ahora nuevamente, hubiera sido temerario y hubiera sido imprudente. Porque a pesar del silencio isleño, a pesar de la paradoja cultural, vendrán acontecimientos culturales, dentro y fuera del país que la-censura-liberal no podrá controlar. Y esto es así, no porque yo me lo invente, sino porque toda esta
promoción de los escritores censurados está llegando a su madurez poética. Lo que anteriormente ocurría cuasi-marginado en las entrevistas que Milli Gil y que Néstor Murray realizaban, ahora comenzaba a acontecer como el sentido poético de la realidad misma (6). La realidad encontraba su poeta y con ese encuentro otros poetas y otros escritores hallarían la posibilidad que se les había negado durante tanto tiempo (7). Los vasos comunicantes estaban abiertos. No como la influencia de los escritores europeos y latinoamericanos sobre los puertorriqueños, sino como esa influencia puertorriqueña que algunos
escritores latinoamericanos buscaban detener. No estoy hablando de los escritores de la oficialidad colonial, sino de escritores todavía más marginados. Pero ni "allá", ni "acá" la postura de estos escritores es homogénea.

Podríamos decir, entonces, que Cristo es violento en el sentido en que Calderón de la Barca lo usa (8),  porque arrastra en sí dos naturalezas originalmente opuestas. No hay que olvidar que el origen del hombre es la caída de "Dios". El hombre nace, o aparece, caído. Es tan breve el tiempo mítico de su Gracia que no tenemos de él memoria. Y será precisamente la escritura poética o interesada de Moisés la que nos presentará el conflicto de "Dios" con la-criatura-de-la-libertá-imprudente. Hay dos movimientos, dos aconteceres en "Dios", que nos son fundamentales aquí: primero, la expulsión de los extraños (Adán y Eva) del paraíso (9)  y, segundo, el arrepentimiento de "Dios" por haber creado esa violencia llamada hombre (10). Pero la violencia de Adán, este pre-Jesús, está en su propia naturaleza. Si pusiéramos el nombre de Adán ante el espejo nos llevaríamos una sorpresa: Nada. Adán es la nada del paraíso de donde se extrajo, entonces, la mujer del sentido de su orgía. Esta es la nada que Cristo y sus discípulos tendrán que manyar en la partición simbólica de su propio cuerpo.

"Esta es mi nada, mi Adán, que por
vosotros es partido...".

Independientemente de lo que el lector crea, Cristo tendrá que asumir esta violencia, tendrá que serla. Cristo es lo monstruoso (el Minotauro, el Centauro, la Falacia) del deseo de "Dios". Para redimir al hombre, Cristo tendrá que ser esta nada, tendrá que ser esta "insignificancia". Cristo violento y violentado es el Cristo real. El Cristo débil, apendejado, será la invención ideológica de la Iglesia para la utilización del Estado. La Iglesia se hace cómplice del poder, de la inmovilidad, con ese "Cristo"-bobo que
pregona y que la representa. Este Cristo-inútil (11) no puede ser redentor de sí, ni redentor de nadie. Esto no quiere decir que este Cristo desgarrado no pueda ser tierno. Lo es por la conciencia misma de la desgarradura que arrastra. Lo es por la piedad que siente ante la erotización de la carne. Lo es porque se ha planteado la gloria y el infierno, la agonía y el éxtasis, de ser-y-no-ser-"Dios" en el mismo tiempo de la angustia. ¿Acaso Cristo no es el Protagonista del cristianismo? Este es el Cristo que entiende la nada y conoce el no-ser. Habiendo devenido Cristo por la fuerza de su vocación, de su llamado, sabe que Jesús es patético, humanamente tétrico. Cristo puede ser "prudente", porque ha conocido la fragilidad de Jesús. Sabe lo que significa ser éste frente al espanto y, por eso mismo, ahora puede ser Cristo. Tiene la capacidad de lo "Dios" para estar frente a la nada misma.

El vértigo de su carne-Jesús le ha servido para estar delante del deseo de Magdalena. El vértigo de su espíritu-Cristo ha sido la congoja de yacer delante de "Dios". Los que la vida ha ubicado en ese vértigo de la carne de "Dios" y del espíritu del hombre, no tienen más remedio que romper la escritura. La temática rompe la vieja técnica (la moda de escribir correctamente) y, a la vez, la técnica de la temática de la angustia nos ubica en el esplendor del espanto. La casa de Ulimar, Jesús o los tollosos y La tentación de San Antonio caen dentro de esta violencia en donde la dualidad del cuerpo-alma no ha devenido todavía zenmente. Es el espacio donde el hombre no se ha reconocido todavía en la animalidad de su espíritu, o en donde su naturalismo no se ha reconocido en la pluralidad misma de su "alma". Jesús-muchos tiene que serle escandaloso a la univocidad del Cristo reconciliado con la violencia de ser. Jesús, como misterio de la carne, se explaya en el Cristo hemofílico de la cruz. Con la enfermedad de los príncipes, Cristo se va desgarrando, confundiendo y se va borrando la figura de Jesús. El Jesús carpintero, posiblemente real, tendrá que enfrentarse a la imagen del niño-mítico discutiendo con los doctores sobre la ley judía. Este Jesús es profundamente barroco. Es como un don Quijote deshecho entre el Quijano de los sueños posibles y el Amadís de la imposibilidad.

Quizás por lo esbozado arriba, ese intento de los periodistas Tere Paniagua y de Eugenio García, ese gesto de la simpatía literaria, no será lo suficientemente fuerte como para ocultar esa felonía y ese crimen que se realiza contra lo bello en Latinoamérica, en España, y donde quiera que haya una editorial, o un periódico, contra el derecho mismo de la creación y
contra la necesidad políticocultural de llegar a todas partes. Porque como la misma Tere Paniagua ha dicho: "Hay muchas razones que pueden llevar a un editor a posponer la publicación de cualquier texto". Pero aquí esas razones son obviamente inmorales. Porque no se puede pedir la libertá de prensa para un órgano en particular, El nuevo día, y al mismo tiempo convertirse en el campeón de la censura latinoamericana. Lo que escandaliza aquí es que esas razones de la "libertád" de prensa acontecían precisamente contra el poeta. ¿Qué estética de lo político es ésta? ¿Qué verdad filosófica de ser y qué sublimidad del lenguaje hay en mis escritos que obligan a estos "directores", a esos burócratas del espíritu, a censurar mis textos y mi pensamiento a través de más de veinticinco años? ¿No realizan estos señor@s de la cultura el crimen que han tratado de realizar los poetas mismos y algunos de los "amigos" del poeta? ¿No se dan cuenta todavía que el poeta, a pesar de sus
obsesiones, es un mero accidente de "Dios" (de la creación)? Que "Dios", independientemente de lo que sea, independientemente de devenir, de su ausencia, del anhelo del poeta, no hace otra cosa que utilizar su escándalo, o la política reaccionaria (de ustedes) ante el espanto, para debutarse cristianamente ante la inmoralidad de ese cristianismo reaccionario que sostiene a la colonia misma. El día que el cristianismo real se decida a echar abajo a la colonia no habrá poder militar en Puerto Rico, ni fuera de Puerto Rico, que pueda detenerlo. No surgen estos Cristos de la Iglesia seducida capitalistamente, no surgen estos Cristos de la Iglesia negativa o positiva (de Efeso, de Esmirna, de Pérgamo, de Tiatira, de Sardis, de Filadelfia, de Laodicea), sino de la Iglesia que yace seducida cristianamente delante del cuerpo de Cristo. Es prácticamente ahora que la Iglesia (católica, episcopal, evangélica, luterana, bautista, metodista y presbiteriana, pentecostal) está despertando a su responsabilidad cristiana contra los invasores. Pero es precisamente ahora, cuando la Iglesia tendrá que ponerse de pie frente a la corrupción eterna de sí. La Iglesia tendrá que ponerse de pie frente a la corrupción demokrática que busca manipularla, amenazarla y desaparecerla políticamente con el silencio y el chantaje.

Por eso hoy, 3 de abril, Angel Rotger Sabat se ha quedado corto al comentar que "la corrupción es algo global ". Porque lo que hay que decir aquí es que la corrupción es la globalización misma de la demokracia en sus proyectos neoliberales. Esto, el escándalo, es lo que hay que decir, pintar y filosofar para que nadie pueda arrebatarnos el lugar que poseemos poética y
políticamente en la historia. ¿No es, acaso, esta afirmación escandalizante los Cristos del escándalo? ¿No están estos Cristos del espanto guiados por el Espíritu mismo? ¿No es escandaloso para mí ésto que digo al borde de mi propia salud mental? ¿No es esto ser cristiano? ¿No es esta la muerte misma de la semilla de la parábola cristiana? ¿Cuánta soledad, entonces, puede
soportar un-poeta-filósofo? ¿Cuánta verdad puede soportar el escándalo?

Esta angustia mía se parece un poco a la angustia de Jesús. La censura que yo he padecido durante treinta años se parece un poco a la metamorfosis de lo-Cristo que padeció Jesús. Si yo te dijera que Jesús es la cucaracha de la Metamorfosis kafkiana, sería tan escandaloso como cuando lo pinto desnudo al borde del amor físico. El amor de Jesús por Magdalena no es un chiste de la chusma, es la tragedia misma de un hombre en el desgarramiento de su transformación. Jesús es, gústenos o no, la-cucaracha-de-"Dios" en la metamorfosis de Cristo. Y ésto que te digo, así, pública y prójimamente, no es anatema. Esto en el fondo del escándalo es casi un homenaje a Jesús. El hecho de que Jesús-el-Cristo sudara sangre míticamente en el Jardín de los Olivos es tan desgarrador como la sangre que no sangró por el amor de Magdalena. El hecho de que Jesús clausurara para siempre el retorno de los dioses tiene que resultar en el fondo espantoso.

Parece ser, entonces, que los que reclaman a voces el fingimiento de la "libertá de prensa", los que se dan golpes de pecho en las plazas públicas del periodismo, son los que intentan ahora recortar el proceso tenebroso de la libertá de crear. Estos son, aunque no les guste, los que se han espantado siempre ante lo tétrico de la libertá y de los dioses. Parece ser, entonces, que el odio, la envidia y la vileza trabajan trasbastidoramente para arrebatarle a Puerto Rico su libertá y para hundirlo definitivamente en ese pantano de los-"realismos"-planos, del "plebeyismo de moda", del-"realismo mágico", o de esa pintura folklórica y costumbrista que nos consume en el peor de los paternalismos de esos "premios" que la burguesía trafica para nosotros y contra nosotros. Ya no basta que nos tengamos que enfrentar día tras día al espanto metafísico de la nada, sino que ahora nos tenemos que enfrentar, una vez más, a ese horror político que el-periodismo-de-la-"demokracia"-trafica-contra-nosostros -como-"libertad"-de-prensa. ¿Hacia dónde vamos, entonces? ¿Quiénes son estos burócratas de la brillantez del Hades? ¿Sabremos algún día sus verdaderas "razones"? Todo está por verse y todo está por acontecer. Pero frente a ese devenir del absurdo y de lo injusto, una vez más levantamos nuestra voz contra el horror de los espejos yuxtapuestos.

NOTAS:

1.- No hay que olvidar, entonces, que los libros de poesía más importantes que se han publicado en Puerto Rico en los últimos veinte años son La casa de las formas, La poesía como libertá y Fábula de la garza desangrada.

2.- Esta labor que Eugenio García realiza ahora no sería posible sin esa historia poética que el lector desconoce y que señalaremos brevemente más adelante.

3- Francisco de Quevedo: Sueños y Discursos; Editorial Clásicos Castalia, España, 1972. Pág. 76.

4.- ¿No es esa fuga el miedo a la libertá?

5.- Nos hemos pasado la vida hablando de la pluralidad y de la diferencia, pero en los precisos momentos en que la diferencia y la pluralidad aparecen, no queremos aceptarlas. Esto es así, porque la diferencia y la pluralidad son aplastantes. Porque la pluralidad y la diferencia son la verdadera presencia de lo libertario de la libertá. Y cuando la libertá aparece en el cuerpo del
otro, en el discurso filosófico o poético del otro, en la fama o en la risa del otro, nos quema.

6.- También hay que reconocer aquí la labor propagandística (a nivel del cartel) que realizaron los amigos Néstor Barreto y Teo Freytes en relación a la trilogía de las novelas de lo-Cristo: La biografía, La casa de Ulimar y Las muñecas de la calle del Cristo.

7.- En este sentido los ensayos de la profesora Milva Filer, Luis López Nieves, Francisco José Ramos y Miriam Muñiz, en relación a Los Narcisos Negros, comenzaron a abrir  un espacio que la censura se había empeñado en mantener cerrado. Un espacio que el movimiento individual del poeta, su relación con el exilio y su fe en la nación, aseguraba esquizamente contra ese pesimismo de la inmovilidad. Anteriormente a ésto, los ensayos de Elizam Escobar (preso todavía), Rubén Moreira, Córdoba Iturregui, y Francisco José Ramos en relación a Los ciudadanos de la Morgue, preparaban el camino que la poesía, la filosofía y la política ya se habían trazado "apriorísticamente" como suyo desde la presencia insólita de La rebelión. Basta pensar también en la participación de José Mármol, Juan Duchesne y Loreina Santos, en la malograda edición de la novela La casa de Ulimar para ver cómo la realidad, en la voluntad estética de un poeta, se prepara a sí misma como posible. En un momento en donde el nihilismo y el cinismo triunfaban, el poeta se conviertía en el sentido de la realidad. Esto es posible, porque los otros escritores se hallaban desanimados por el nihilismo, marginados por la censura oficialista de los escritores que triunfaban colonialmente (Luis Rafael Sánchez, Rosario Ferré, Ana Lydia Vega, etc.), o acorralados en la egolatría y en el "silencio" de sus propios proyectos individuales. El paso entre individualidad y colectividad estaba bloqueado, o estaba prohibido por esa promoción señalada arriba que se había despolitizado. Quizás por ésto que hemos mencionado es que tantos escritores se agruparon  esporádicamente  ante esa figura del poeta Antinihilista.

8.- Lo dual como violencia.

9.- "Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto del Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía a todos lados para guardar el camino del árbol de la vida". Génesis 3: 24.

10.- "Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra...". Génesis 6: 6.

11.- Este Cristo no es, entonces, el-Cristo-de-lo-inútil (2 de febrero del 2000-9 de abril del 2000, Nueva York).

* * Poeta puertorriqueño, autor entre otros libros de La Poesía como libertá (Premio Pen Club de Poesía 1993).

regresar a la primera página