Cuba


NO TODO ESTÁ PERDIDO


Marta Lydia Rodríguez *

Una vez más, a través de violentas presiones y dóciles marionetas, el gobierno de Estados Unidos consiguió imponer una resolución contra Cuba en las discusiones de la 56 Asamblea de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, con una votación de 21 países a favor, 18 en contra y 14 abstenciones.

Resulta irónico que sea el país que quizás ostente el récord de mayor violador de los derechos humanos a nivel internacional el que se tome la atribución de condenar a una  nación cuyo único pecado ha sido seguir, con absoluta independencia, el  camino que ha decidido su pueblo.

Quien pretende erigirse en juez, es el país cuyos gobiernos se han caracterizado por agredir a su antojo a otros pueblos, o por violar los derechos humanos de los afronorteamericanos, los indígenas, los inmigrantes y los millones de estadounidenses que viven en la pobreza.

Son quienes han violado, con sus conocidas políticas de invasiones, terrorismo y agresiones de toda especie, los derechos humanos de nuestro pueblo, al que han causado la muerte de cerca de 3 mil 500 personas y la incapacitación de más de 2 mil.

Son quienes han ocasionado la mayor violación de los derechos humanos del pueblo cubano con el genocida bloqueo económico, comercial y financiero que ha traído consigo daños y perjuicios por valor de 121 mil millones de dólares.

Resulta indignante y doloroso que varios gobiernos de países de Nuestra América se hayan prestado al sucio juego de los Estados Unidos, convirtiéndose en cómplices de tamaña infamia y cobardía..

Argentina todavía sangra por la herida de más de 30 mil desaparecidos cuyos asesinos y torturadores se mantienen impunes gracias a las Leyes del Punto Final y de la Obediencia Debida, votadas por el mismo partido del presidente que dice defender  los derechos humanos. Y hoy, en esa nación austral, persisten los asesinatos políticos y la xenofobia, mientras se trata de conducir al pueblo argentino a una amnesia colectiva, en medio de una supuesta democracia.

En Chile, la criminal dictadura de Augusto Pinochet también cobró miles de víctimas que reclaman justicia. Hoy, resulta denigrante que el gobierno de ese país vote en apoyo de quien preparó y financió el golpe militar artero y fascista contra el presidente legítimamente elegido por el pueblo chileno, y lo haga en contra del pequeño país que promovió la mayor solidaridad con el pueblo de Salvador Allende.

Guatemala es el país que ostenta el triste récord de mayor cantidad de desaparecidos fruto de las sucesivas dictaduras y la aplicación en su territorio de la doctrina militar de la "tierra arrasada" por los mismos a los que ahora se alía. A los más de 150 mil muertos y desaparecidos que se calculan desde 1954 hasta la fecha, se suman los que, en plena paz,  tampoco han recibido castigo. Esa nación exhibe una de las historias más terribles de violación de los derechos humanos desde el golpe yanqui contra el presidente Jacobo Arbenz.

El otro voto "acusador" centroamericano proviene del país donde el partido en el poder es responsable de la muerte de más de 30 mil personas, de masacres contra campesinos indefensos y bombardeos masivos contra la población civil, amparado en el pretexto de la "lucha contrainsurgente". Como si esto no bastara, El Salvador se ha convertido en base permanente para el terrorismo internacional, sirviendo de guarida al criminal Luis Posada Carriles, autor principal del sabotaje, en 1976, a un avión civil cubano en el que perecieron 73 personas.

Invito a cualquiera de sus gobernantes a que muestren la más mínima prueba acerca de un solo asesinato político, un solo torturado o un solo desaparecido en los 41 años de Revolución Cubana.

En esos mismos países, hoy, se continúan violando los derechos humanos, empezando por el propio derecho a la vida. En ellos, diariamente, mueren decenas de niños por enfermedades previsibles y curables; la puesta en práctica de los modelos neoliberales ha traído consigo la exclusión de una creciente franja social, reduciéndose cada vez más el acceso a la salud, a la educación, al trabajo, y provocándose que pueblen las calles de América Latina ejércitos de niños sin techo, miserablemente explotados.

Quienes repiten el sonsonete de la defensa de los derechos civiles y políticos de la democracia “made in USA” se olvidan de que en América Latina, hoy, se reprime y encarcela a estudiantes que luchan por la educación gratuita, a trabajadores que dicen NO a las privatizaciones o a personas que  protestan por el franco deterioro en que se han sumido sus vidas.

En Cuba, mientras tanto, los jóvenes y los estudiantes se vuelcan a las calles para exigir la devolución del niño Elián González a su Patria, para condenar el bloqueo yanqui, para denunciar la Ley de Ajuste Cubano, que incita a la emigración desordenada y al tráfico ilegal de personas.

Mientras en nuestro continente muchas veces los procesos electorales se convierten en loca carrera hacia las urnas, sin importar venderle el alma al diablo -es decir, al Imperio- con tal de recibir su apoyo y su dinero, en Cuba acabamos de celebrar limpias elecciones parciales, que llevaron a los Colegios Electorales en todo el país al 98,06 por ciento de los electores -a pesar de que el voto NO es obligatorio- y se obtuvo más del 92 por ciento de los votos válidos, con sólo el 2,82 por ciento de boletas en blanco y el 3,05 por ciento de anuladas.

Esos mismos países centroamericanos que sufrieron en carne propia el asesinato y la tortura, como El Salvador y Guatemala,  han sido refugio seguro de terroristas y criminales de la peor especie que planean los más viles atentados contra el pueblo cubano, organizados desde territorio de Estados Unidos bajo los auspicios, en la mayoría de los casos, de la Fundación Nacional Cubano Americana y la mafia anticubana de Miami, sin olvidar que esa misma mafia también jugó un importante papel, junto al Imperio, en las violaciones de los derechos humanos que se produjeron en muchos países latinoamericanos durante el período de dictaduras militares.

Quienes se alinearon con el Imperio alegan que no votaron contra Cuba, sino a favor del pueblo cubano. ¿A qué pueblo cubano se refieren? Porque la mayoría de los 11 millones de nacidos en esta Isla estamos construyendo el camino que elegimos, precisamente, porque dignifica al ser humano.

Pero no todo está perdido, pues, por cada gobernante lacayo, hay millones de ciudadanos honestos en esta Patria Grande que marchan al lado de la verdad y la justicia. Y hay gobiernos, como los de Venezuela y Perú, que en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU salvaron la honra latinoamericana con su actitud independiente y honesta.

* Directora de América Latina y el Caribe

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