¿SOMOS LOS MEXICANOS CAPACES DE INICIAR EL VERDADERO CAMBIO?
Jesús Ortega *
Es común escuchar, no importa la circunstancia, la frase que México vive un momento crucial. Algunos profesionales de la demagogia la utilizan tan seguido que, para la gente, pierde todo significado. Sin embargo, como en pocas ocasiones en la historia de nuestro país, ahora esa frase es implacable e indiscutiblemente cierta y de ello todas y todos debemos estar plenamente conscientes. Es verdad, el 2 de julio se definirá el rumbo de México y con ello el futuro, por varias generaciones, de las y los mexicanos.
Del resultado de las próximas elecciones dependerá si se mantiene, con todas sus secuelas de corrupción y pobreza, el actual estado de cosas o por el contrario, si los mexicanos somos capaces de iniciar el verdadero cambio que nos permita construir un México soberano, de pleno ejercicio de nuestras libertades y de un auténtico goce de nuestros derechos a una vida de dignidad y de bienestar.
La disyuntiva es cierta y la decisión está tan cercana que ya no hay espacio alguno para la duda: los aquí reunidos, tenemos la responsabilidad y estamos obligados a disponer, sin más concesiones, de toda nuestra capacidad e inteligencia para lograr poner fin al nefasto gobierno priísta e impedir que la derecha panista, igualmente nefasta, asuma el poder público.
Entramos ahora a la etapa decisiva y durante los próximos dos meses, si actuamos con determinación, audacia y convicción, será totalmente posible lograr ese propósito y conquistar la victoria por las fuerzas democráticas y populares encabezadas por nuestro candidato presidencial Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.
Ciertamente enfrentamos una poderosa ofensiva de propaganda, a la que desafortunadamente se han sumado algunos comunicadores, que busca peligrosamente construir entre los electores, con la opinión pública, la sensación de que todo está consumado, de que trágicamente no habrá posibilidad del cambio y de que fatalmente México tendrá que seguir padeciendo el cinismo de los priístas o de que se instale en el palacio nacional la frívola demagogia de los panistas. Esta ofensiva no debemos desdeñarla debido a que, con perversa inteligencia, pretende debilitarnos a partir de afectar nuestra principal fortaleza, esto es: debilitar nuestra convicción de que podemos, como ya lo hemos hecho antes, conquistar la victoria para reorientar el rumbo de la Nación.
Debemos convencernos ya de que es posible vencer esa estrategia de la derecha neoliberal y que no se trata de hacerlo a través de poner en práctica ningún voluntarismo de emergencia. Por el contrario se trata de que elevemos nuestra acción política y desatemos desde ya la gran ofensiva que dé sustento al triunfo de la Alianza por México. Pero para ello, insisto, no es suficiente cualquier voluntarismo: se requiere, sí, de una acción organizada, planificada, unificada, que necesariamente debe de sostenerse en la movilización consciente de todos los dirigentes y militantes de la Alianza por México.
Para ello es necesario que recuperemos en nuestra memoria, la historia del pueblo mexicano, es decir, que tengamos presente, como una certidumbre mil veces confirmada, que los cambios verdaderamente estructurales, los cambios radicales, las transformaciones de fondo del país son realmente posibles. Es necesario que comprendamos cabalmente que antes y también ahora, el escepticismo que se sostiene en un realismo vulgar es un factor contrario a la lucha por el cambio y apoya, al margen de sus intenciones, a las visiones conservadoras e incluso retardatarias.
Recordemos de la historia nacional los grandes episodios que propiciaron los cambios y ello nos dará cuenta de lo importante que significa que la fuerza impulsora de esas transformaciones mantenga siempre, especialmente en los momentos más difíciles, la convicción objetiva de que la victoria es posible. Subrayo objetividad porque no se trata de construir castillos en el aire; se trata por el contrario de hacer una valoración objetiva de nuestra fuerza, de calibrar toda nuestra capacidad de lucha para así elevar toda nuestra potencialidad transformadora.
Tenemos convicción de victoria porque la fuerza impulsora, la Alianza por México, cuenta, contamos, con un proyecto alternativo y viable. Nuestra fuerza tiene ideas nuevas, revolucionarias para, con determinación y coraje, convertir éstas en conciencia y acción política de la gente. A nuestra lucha le da razón y sentido el cambio que construya el nuevo país de justicia y democracia y existen millones y millones de mexicanas y mexicanos que con nosotros comparten la necesidad de luchar; comparten, no lo dudemos, la necesidad de que se termine con este régimen político oprobioso y con el sistema económico injusto.
Saben que el 2 de julio es una oportunidad que no puede desaprovecharse;
saben de la oportunidad histórica que ahora se presenta y a nosotros,
en parte importante, corresponde la tarea de que tal posibilidad no se
frustre. Por ello es que ciertamente, nada, hasta ahora, está decidido.
Revisemos las experiencias electorales de otros países, recuperemos
la experiencia en nuestro propio país y podremos concluir que es
precisamente en esta fase en donde los electores , aún los del llamado
"voto duro", deciden el sentido del sufragio. Ahora es precisamente cuando
demos desplegarnos a lo largo y ancho del país. Ahora es el momento
de poner en juego toda nuestra iniciativa política, nuestra audacia,
es el tiempo de recorrer los estados y los distritos, los municipios y
las secciones, los pueblos, las casas. Que los próximos 58 días
los convirtamos en los minutos de la cuenta regresiva del fin del régimen
neoliberal priísta, del fin que nunca tendrá comienzo del
conservadurismo reaccionario del PAN.
* Representante de la Alianza por México ante el Instituto Federal Electoral (IFE) y candidato por lista nacional al Senado de la República.