EL PRI, EN BUSCA DE SÍ MISMO
“Repito enfáticamente que, como presidente de la República, no intervendré bajo ninguna forma, en los procesos ni en las decisiones que corresponden únicamente al partido al que pertenezco”. (Ernesto Zedillo, 1 de diciembre de 1994).
“Quienes desconocen la dinámica de un partido, han oído hablar del pueblo sólo para aprovecharse de él; no tienen ninguna educación política y, en el fondo, no son más que seres tullidos espiritualmente o cazachambas que no nos interesan”. (Carlos A. Madrazo, 7 de diciembre de 1964).
El domingo 2 de julio, como nunca, a 30 años de dichas, estas dos frases se empatan en la historia.
Mientras este artículo se redacta, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) dio a conocer que llegaba a la sede del PRI una carta de Roberto Madrazo, gobernador del estado de Tabasco, que en cuatro cuartillas responde a su partido. Éste, pasmado y en plena movilización después de los resultados obtenidos después del 2 de julio, ha lanzado una invitación harto tentadora. Madrazo, se toma un tiempo para reflexionar y lanzar una pregunta que, en sí misma, encierra una demanda a la reflexión: ¿Es tiempo de recibir invitaciones? ¿Es tiempo para aceptarlas?
¡Sorpresa! Cuando todo invita a reivindicar; cuando los días son propicios para salirle al paso a la adversidad y erigirse como salvador, las palabras de Carlos A. Madrazo tuvieron que salirle al paso a quien heredó sus genes, pero, y sobre todo, su ideario. En suma, el candidato que contendió en las elecciones internas del PRI y que perdió ante Francisco Labastida en una elección que no cesó de impugnar, se impone frenos para no dejarse llevar por las pasiones, a las que es muy fácil ceder. La pregunta implícita es clara: Compañeros, ¿es momento de volver al avasalle? ¿Es éste el camino para llegar a la democracia interna del PRI?
En esa carta, que habrán de leer con atención los priístas, lo que está en juego es la legitimidad y permanencia de un presidente de partido que no desea llegar casualmente a su puesto, ni quedar sujeto a la veleidosidad de la bilirrubina. Defendiendo el nombramiento de Dulce María Sauri Riancho, se defiende a sí mismo, que posee en su bolsillo un nombramiento constitucional. Por su parte, los priístas habrían hecho bien en leer, no ritualmente, sino a la letra, las palabras del presidente Ernesto Zedillo, quien nada les prometió sino autonomía.
Al margen de lo que la patria, ese concepto rescatado, demande a Roberto Madrazo, preso en una estructura que comienza a desmoronarse desde sus viejas reglas implícitas, quien esto escribe toma hoy sólo la importancia de esta carta que demanda respeto a las reglas que los priístas se dieron. O se respetan a sí mismos, o nadie hará caso de sus esfuerzos de renovación. O cumplen con sus compromisos internos, es decir, renacen con nuevos ideales, o serán parte del inútil revisionismo de los teóricos del disfraz.
Hay quien cree que, abatidas las ideologías, los valores están
destinados al archivo. El PRI tendrá destino en cuanto los desempolve,
aunque antes tenga el deber de reconocer que fueron actores vivos de una
estructura deformada, y que, como dijo Luis H. Alvarez, han tenido que
ser “pecadores standard” o graves en este mundillo político desvalorizado,
pleno de traiciones y mañas. Ahí quede la carta, lo rescatable
de este día. Nada más. El resto, corresponde al PRI.
* Periodista.