México


DE CÓMO ABANDONAR LA PROPIA TIRANÍA


Fermín Palacios *

Mientras México y los mexicanos celebran con júbilo el arribo de una nueva época que apenas se perfila, en el Partido Revolucionario Institucioanl (PRI) se ocupan de reconstruirse. Fidel Herrera Beltrán expresó una verdad: llegan tarde; pero como la vida es movimiento, puede agregarse que jamás es tarde para quien tiene en su poder la lectura más apegada a los hechos. Es ahí donde este escribidor cree que al PRI se le está atorando la segunda. Por ejemplo, a estas alturas del siglo todavía se oyen expresiones que no varían el enfoque de la polémica. Algunos que se apresuran a un cambio de dirigencia, ahorita, hoy, acusan una miopía no sólo de tiempo, sino política y formal.

Temporal, porque faltan sólo unos meses para el relevo presidencial. La dirigencia es apenas un quehacer, pero las normas que rigen la vida de toda institución son perennes. Que resuelvan con acierto la distinción entre el frasco y la esencia, es sólo el principio, o como diría el poeta, no hay que confundir la luna con el dedo que la señala.

Desde hace años el partido ha desgastado sus palabras. Es más, hasta podríamos atrevernos a decir que las han pulido de tal modo que apenas puede reconocerse lo que en la superficie de esas piedras estuvo labrado. La palabra, así tratada, tan manoseada y gastada hace que en ella todo quepa, hasta la contradicción, que se aferró a la formalidad: hay tiempos para callar y para hablar; formas para hacer sentir la inconformidad, una de ellas, la destitución de sus dirigentes. Pero ésta no es debida a un plan de largo plazo, sino que opera según vayan sus triunfos y derrotas. Si como se anunció, Dulce María Sauri deja su cargo por los resultados de la elección, sería como castigar a uno por lo que organizaron otros.

Tantos siglos no han servido para enseñarles que los sacrificios humanos ya no están de moda. Como dijo otro priísta, la derrota sufrida por el PRI este 2 de julio, no es de ahora. ¿Cómo sabrán quién es el dirigente que mejor conviene si no han decidido cómo fueron perdiendo terreno? El análisis de los porqués, al ser tantos, sólo confundirán más la búsqueda del objetivo, que ahorita no puede ser la reconquista del poder, sino la reconstrucción o reformulación de un mapa que estuvo equivocado, y así, no hay estrategia que opere. Decir que “no aceptaremos línea del presidente” en la nominación de su nuevo líder nacional, es asomo de esa mentalidad ritualista.

No creo -va otro atrevimiento- que Ernesto Zedillo quiera incidir en una cuestión interna del PRI, y sería mejor preguntarse por qué no han hecho como Hernán Cortés: quemar las naves para lanzarse al mar electoral. Esta decisión los dejaría dueños de su existencia, responsables de sus errores. No asumirse, es un error político en tiempos de libertad; y también es una falta formal, porque tocaría al Consejo Político Nacional, democratizado a fondo, elegir de entre los mejores mujeres y hombres a quienes desprecien ese dogmatismo que suena muy elemental, ante los hechos que la ciudadanía acaba de mostrarles.

Va para todos

El gobernador de Sonora admitió que los priístas no están para descartar nada. Vamos a ver si ahora que el velo de la soberbia se corrió, ven y oyen sin desprecio a sus críticos desinteresados. Mal o bien, los votantes decidieron que no querían más PRI. Si se suman los votos de quienes eligieron a la oposición, cualquiera que sea, tendrán una gran mayoría, a la que habrían de sumar, en un acto de humildad, los votos conseguidos en trueque. Otra cuestión que llama a reflexionar sobre el ritualismo huero, es la propuesta para cambiarle al partido logotipo y colores. Señoras y señores del PRI: su organismo no es un ente con vida propia, son ustedes quienes le dan, o no, rostro y pulso. O séase, es hora de voltear el dedo y dejar de lado la tentación de manipular lo imponderable.

Es casi un drama reconocer que cuando los órganos electorales se ciudadanizaron, es decir, cuando el “control” de la voluntad popular desató sus amarras, los dejó solos. Pero esa realidad no se compone reprochándole al Ejecutivo “su temprano reconocimiento a la victoria de Vicente Fox”. Son estas actitudes de enfoque torcido las que han hecho que este pueblo desconfíe. Los tramposos de siempre (evasores de la verdad), apuestan a ganar tiempo y no sabiduría. Esos son los traidores que están buscando, las causas del viraje que algunos rebuscan entre las aguas negras de Chalco.

Habrá que revisar también las actitudes. Cuando la oposición ganadora hace un llamado a la concordia y a la unidad, allá en Yucatán se escucha la voz del falso orgullo, del envalentonamiento que tanto daño hace a los partidos.

Alguien debería aclararle a los políticos que esas tácticas ya no funcionan. Que no todo es el león y su condición,  y que vale la pena sacrificar un poco de ideología personal si es para beneficiar al pueblo dejado al olvido y su arrogancia. El triunfo, sólo los hace usuarios del poder; el destino es nuestro. Más de 14 millones de votos, según quiera verse, son o no hundimiento para el PRI.

Sin embargo, como aseveraron algunos senadores del  Revolucionario Institucional, hay ocasiones en que para enderezar la columna vertebral, hay que variar hasta el modito de andar. Vayan estas ideas para el PRI y para todos los tentados y aspirantes a ser “como dioses”.

* Periodista.

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