BANQUEROS EN TREN BLINDADO
La 55 Asamblea Anual del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM) terminó súbitamente, demostrando que tanto el gobierno de Praga y su primer ministro, Milos Zeman, los banqueros ahí convocados y los delegados empresariales, no previeron, ni con la experiencia de Seattle, la capacidad de respuesta de los grupos globalifóbicos. Estos llegaron de todas partes de Europa para protestar por las políticas económicas que tienen a los trabajadores del mundo en las peores condiciones de los últimos 25 años. Para sorpresa del Tercer Mundo, en los Estados Unidos, asociaciones obreras y ciudadanos organizados de 30 ciudades se unieron en solidaridad a los “radicales y antifascistas” europeos.
La masa de pobres generada durante los años en que el mundo se repartió entre los nuevos imperios empresariales y económicos, ha tomado la forma de un movimiento inusitado, pero no extraño, pues debe recordarse que la emigración de grandes conglomerados ya sucedió (por ejemplo, antes de la Edad Media), y ésta trajo como consecuencia el nacimiento de una nueva civilización. Las culturas cerradas, como sucede con las economías del mismo sello, al abrirse se ven nutridas de nueva información; en este caso, aquellos afectados por el capitalismo de empresa, siendo diversos, encontraron una constante para unirse y luchar.
Este nuevo orden se convirtió en un gran desorden, y nada molesta más al poder que lo impredecible. Para mayor desgracia de los convocados en Praga, la protesta en contra de la conducción económica y financiera por parte de los bancos centrales parece ser global, y ante ésta no se les ocurre otra solución más que continuar por la vía del otorgamiento de créditos, o sea, la extensión del círculo vicioso de deuda y más pobreza.
En el segundo día de la reunión, los voceros del FMI y del BM tuvieron que reconocer que la pobreza organizada, es una riesgo real; descubrieron el hilo negro al darse cuenta que un pueblo bien comido, feliz, libre y educado, rinde mejores frutos. Sin embargo, no quitan el dedo del renglón: Según ellos, los banqueros que habría que inventar si no existieran (Horst Koehler Dixit), la globalización de los mercados no tiene vuelta atrás, pero los gobiernos tendrán que aprender a sacar ventaja de esta estructura que dibujan férrea e intransigente. ¿Por qué no enfrentar su verdad?
Para hacerlo, las sociedades de los países en vías de
desarrollo tendrían que conocer hasta dónde las gerencias
han acotado la capacidad de gobernar, es decir, de autodeterminarse en
materia económica y, por ende, de desarrollo. Esta circunstancia,
que más parece un traje de cemento alrededor de los presidentes
de América Latina, es la que provoca ese miedo e incertidumbre que
el BM y el FMI ahora quieren revertir. Doblaron sus discursos, los acortaron
y se regresaron a casa. Las calles de Praga no fueron para ellos, quizá
como respuesta a que los bienes y servicios tampoco llegan a los pueblos.
Y en cada país bajo su férula, otra batalla está por
librarse; la de los intereses domésticos que tampoco se resignan
a perder sus prebendas. Por lo anterior, esta columna puede destensarse
ante la tardía reacción del líder del Congreso del
Trabajo. ¡Nada se ha aprendido de la demagogia barata!
* Periodista.