Cuento


EL DIABLERO


Víctor Ulín *

Ahora entiendo por qué mi madre dormía durante todo el día  y por qué salía de casa por las noches a caminar por el pueblo. Fue hasta minutos antes de su muerte cuando supe por qué mientras nosotros descansábamos, ella buscaba entre los callejones, montazales, casas abandonadas y habitadas “algo” que nunca quiso decirnos cada vez que le preguntábamos. (Yo
siempre respete las creencias de mi madre por encima de mi racional comportamiento)

Intenté escuchar con atención  su voz menguada  y traté de pensar que lo expresado formaba parte de las creencias propias de
quienes habitan  un pueblo donde apenas la gente alcanza a estudiar la primaria y  a  saber más de los demás que de ellos
mismos.

- Antes de morir,  mi  madre me hizo prometer que encontraría el espíritu de mi padre- me dijo al oído. El, como yo, morímos en el intento. Y tú tendrás que cumplirla.

No alcancé a comprender a qué se refería mi madre y únicamente acerté a decirle sí con la cabeza.

-Te lo prometo, madre. Yo seguiré buscando el espíritu del abuelo- le juré.

Hasta entonces, yo ignoraba muchas cosas del abuelo que nunca llegué a conocer y  del que mi madre contaba muy poco.

- “Fue de la cosa mala”- me espantó cuando definió el comportamiento de vida de su padre.

- ¿Por qué?- me motivó a preguntarle, con  la desconfianza del  que ya no cree cuando los años delatan la vejez de la gente.

- Era “diablero”-  me aseguró sin la mínima duda de que decía la verdad.

- Diablero, ¿qué es eso?- le pregunté intrigado y temeroso.

- Antes de que tú nacieras,  y de que yo  y muchos más también, ya existían en el pueblo personas dedicadas a “la cosa mala”, ¿me entiendes?

- No madre, no le entiendo.

-Bien, trataré de explicarte: en el pueblo, si alguien te caía mal y le querías hacer daño, el  diablero te echaba la mano; si estabas enamorado y deseabas tener a tus pies a la mujer querida, el diablero te ayudaba; si alguien te hacía daño, el diablero se la jugaba por tí; si algún espíritu se metía en tu cuerpo, el diablero  te lo sacaba con una gallina o con cualquier otro animal...

- ¿Y mi abuelo  hizo todo eso?

- Todo eso y más...Era un “diablero”  con mucha clientela y, como pocos, podía convertirse en animales.

- ¿En animales?

- Sí, en animales.

- Cuando don Teódulo  disparó aquella noche estaba seguro de que fue a un perro, o lo que parecía ser un perro, y no a tu tío que amaneció muerto con un tiro en la frente.

Abandoné por un momento mi rechazo a las creencias  entre las que  había nacido y que mis padres, por dejar muy joven el pueblo y a la familia, no alcanzaron a inculcarme.

- ¿Mi abuelo entonces era brujo?

- Más que eso: tu abuelo fue el último de los diableros que quedaban de la dinastía en el pueblo. Ahora los que existen nada más engañan a la gente con yerbitas y lociones... y a uno que otro le sale algún embrujo.

-... ¿Y qué pasó con mi abuelo?

- Después de que lo encontramos muerto en un camino rodeado de montazales, le velamos en la casa:  ninguna de las rezadoras, mucho menos el cura, quiso ir a orarle. Nadie del pueblo acudió al velorio... Sólo tu abuela, yo y  tus dos tíos que ya murieron le vimos por última vez.

- Finalmente mi abuelo ya descansa en paz- afirmé sin imaginarme y olvidándome de la promesa que minutos antes había comprometido.

- No- expresó firmemente mi madre: tu abuelo aún anda por ahí, penando.

- ¿Penando?

- Sí, penando. Cuando don Teódulo le mató, tu abuelo no alcanzó a convertirse en humano y murió en el cuerpo del animal Sabíamos que se trataba de tu abuelo porque tu abuela lo espiaba cada vez que cambiaba de apariencia...Y esa noche mi madre le vio convertirse en algo parecido a un perro, pero igual al que encontramos en el camino...

- Según la creencia , después de que le enterramos, al año, justamente cuando tu abuela murió,  el espíritu de tu abuelo salió de la tumba y ahora vive en un cuerpo ajeno.

- ¿De algún familiar o de alguien del pueblo?

- No. Ahora sí de un perro. Y mientras no sepamos en cuál de los perros que  hay en el pueblo vive, seguirá penando.

- Y cómo sabremos cuál es el perro?

- Muy sencillo: esperas la noche, sales a caminar y cuando veas a un perro quédatele mirando un rato y espera a que su sombra tome forma. Si ves que lo que se refleja es la figura de un hombre,  le disparas y entonces, finalmente, el espíritu de tu abuelo quedará liberado.

- ¿Liberado? ¿ De qué?

- De andar penando en el cuerpo de un animal...

- ¿Descansará por fin?

- No. Pero si las almas de los que murieron por su culpa, después de mucho tiempo deciden perdonarlo, le dejarán entrar al reino de las animas...

- ¿Crees que mi abuelo alcance el perdón?

- No lo sé hijo. Pero tú, o alguno de tus hijos si tú no lo logras, deberá encontrar el espíritu de tu abuelo...

Mi madre ya no me dijo más. Me levanté de la silla y la dejé morir tranquilamente, con la certeza de que yo seguiría la búsqueda. Tomé el rifle viejo, el mismo que don Teódulo había utilizado para matar al abuelo. Era  más de la media noche y decidí salír de la casa, atraído por la voz del silencio y el llamado de la oscuridad, a caminar por el
pueblo en busca del espíritu del abuelo.

* Licenciado en Ciencias y Técnicas de la Comunicación nativo de Paraíso, Tabasco, México. Ejerce el periodismo desde hace casi ocho años.

regresar a la primera página