NUEVA CONCIENCIA CIVIL VS OLVIDO
Como se anunció el pasado 2 de octubre, quienes intentan rebasar la zona de silencios que se abre cada año un día después, organizaron otra marcha tras dar a conocer el nacimiento de un plan concreto de seis puntos, a través del cual se llegue a la verdad histórica de lo sucedido el 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas.
Cuando escuché que se pretende la creación de una “fiscalía especial” , un doble sentimiento, especie de desaliento y ternura, se mezcló con ese asombro que jamás ha de perderse ante una noticia, por más repetitiva que parezca. La tentación del 2 de octubre, concédase, es grande; son ya 32 años buscando pruebas, preguntando, rescatando las fotografías o las imágenes grabadas que se han podido arrebatar a una pretendida inexistencia formal y formalizada desde un mal llamado “aparato del Estado”, pues las funciones de semejante órgano de gobierno son precisamente las contrarias a las ejecutadas aquella malhadada tarde-noche, cuando corrió la sangre joven por las lozas históricas de un país ya en crisis (sin que alguno se percatara, ni los demócratas empecinados).
Decíamos, a 32 años, la noticia de la marcha “para que no se olvide” que algunos mexicanos testigos de los hechos califican como un “hecho para superarse de una vez por todas”, caso del escritor Lara Zavaleta, sigue despertando ánimos encontrados. Ya suficiente esfuerzo fue mantener viva la memoria colectiva, aunque por desgracia no pueda decirse lo mismo de la escala cultural e informativa que animó aquellas luchas de finales de los sesentas y principios de los setentas. Para muestra, ahí están algunos (la mayoría) de los ejemplares que (des)componen el tristemente célebre CGH. ¿En dónde están los ideólogos de hace 32 años?, se preguntaba un amigo de la onda inútilmente, hasta que dos aparecieron Raúl Alvarez Garín y Mario Núñez Mariel, para decir a México, al memorioso, al joven y al indiferente que si como aseguró el senador Fernando Gutiérrez Barrios lo buscado no existe, el silencio también es elocuente.
¡Caramba! Al parecer se va entendiendo cómo funciona la lógica fuera de un sistema monolítico. Tanto el general Videla en Argentina como Pinochet en Chile, o fuerzas oscuras de la policía especial (DFS) o de la militar en México –eso habría que deslindarlo muy bien- se escudaron en esa manía de la inexistencia de pruebas. Borrarlo todo, destruir hasta los archivos de los diarios de mayor circulación, es un alarido en medio de tanto mustio gesto.
La justicia internacional que ahora persigue a los culpables de delitos en contra de la humanidad, han aclarado que es la presentación de la víctima, viva o muerta, la que frena u orienta una acción judicial; la desaparición, por obvia, incrementa la presunción de culpa. Y ahora sí, no faltará quien haya guardado alguna prueba, una fotografía o alguna confidencia, como las que ya se han publicado en esta columna a petición de parte, la más interesante, por qué los francotiradores dispararon sobre los militares. Lógico, no eran del mismo “instituto”.
A la matanza, habrá que sumar el asesinato posterior; la tortura
en los zótanos del “metro”, en el Campo Militar No. 1; la amenaza
selectiva a los medios; la desaparición de sus archivos y un enorme
ocultamiento por parte de un monstruo burocrático que no pudo matar
la memoria colectiva, precisamente por querer desaparecer todo vestigio
de culpa para endilgársela a la opinión: a todos y a nadie.
Se dijo que quedan vivos 65 responsables directos. El Poder Judicial. ¿le
entrará al caso? O ¿sucederá que la justicia llegue
de fuera, por ejemplo, de un buen juez Garzón que tome el
caso?
* Periodista.