Sociedad


PELIGROSO DEJAR SIN RESOLVER LOS RESENTIMIENTOS SOCIOPOLÍTICOS


Kofi Annam *

Hace siete semanas sus dirigentes, jefes de estado y de gobierno de todo el   mundo, se congregaron en Nueva York para la Cumbre del Milenio. Se reunieron para examinar los retos que tenemos ante nosotros en el nuevo siglo y formularon sus propuestas en la Declaración del Milenio

Se comprometieron a liberar a sus pueblos del flagelo de la guerra, de la pobreza abyecta y deshumanizadora y de la amenaza de vivir en un planeta contaminado en  donde quedan pocos recursos naturales.

Prometieron fomentar la democracia y el estado de derecho, proteger a los niños y a otros grupos vulnerables. Igualmente, se comprometieron  a atender las necesidades específicas de África. Asimismo, dieron su palabra para hacer de las Naciones Unidas un instrumento eficaz para lograr dichos fines.

Tales  promesas nos dan motivo de esperanza, pero nada cambiará si no van acompañadas de hechos. Tras la Cumbre del Milenio, el nuevo derramamiento de sangre en el Oriente Medio nos ha recordado a todos lo peligroso que es dejar sin resolver los resentimientos sociopolíticos.

Por esta razón, mientras yo y otras personas hemos estado  luchando para que se reanude el proceso de paz en el Oriente Medio, mis colegas de Naciones Unidas han estado trabajando concienzudamente en la elaboración de planes detallados que nos permitan ayudar a los dirigentes del mundo a cumplir con sus compromisos.

Sin embargo, la mayor responsabilidad recae en los propios dirigentes y en ustedes, los pueblos.

Los dirigentes nacionales deben adoptar decisiones difíciles y, a veces, impopulares. Necesitan tener presente las prioridades que fijaron  en la Declaración del Milenio a la hora de atender necesidades y exigencias, todas apremiantes, con los recursos que ustedes, los pueblos, les han confiado.

Los líderes deben tener presente  las promesas que se formularon mutuamente. Requieren seguir trabajando juntos, tanto dentro como fuera de sus países, así como con otros asociados:  parlamentarios, autoridades locales,  instituciones docentes,  grupos de voluntarios y empresas del sector privado.

En definitiva, necesitan mostrar sus cualidades de liderazgo y para ello precisan de su apoyo, del apoyo de los pueblos de las Naciones Unidas.

La Carta se escribió en su nombre y los líderes hablaron por ustedes cuando emitieron la Declaración del Milenio. En última instancia, sólo ustedes podrán lograr que la Declaración sea algo más que buenas intenciones. Les corresponde a ustedes ver cumplidas las promesas y, con ello, hacer que el nuevo siglo sea mejor que el anterior.

Trabajando juntos podremos lograrlo. Lo que necesitamos es valor, imaginación y perseverancia. Hagamos votos para conseguirlo.

* Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas.

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