México


EL ADIÓS DEL PRESIDENTE JUARISTA


Guadalupe Elizalde *

Hace unos días se produjo el cambio de gobierno o de lo que muchos han calificado como “el cambio de un sistema de súbditos, a otro de ciudadanos”.

Quédese la sumisión en el sitio que le corresponda a cada uno, sea ésta interna, o sentida como cadena social, cualquiera que sea su nombre. Porque quien esto escribe nunca ha vivido avasallada por nadie ni presa de cosa alguna que no sea la obligación personal pactada, con quien esto escribe y su propia ética. Por hoy, dejemos que los muertos entierren a sus muertos y hagamos votos por la esperanza, la de todos los que coinciden en su amor a México.

El miércoles 29 de noviembre, quienes sintonizaron la televisión a la hora anunciada, pudieron presenciar la última entrevista que, en su calidad de jefe del Ejecutivo Federal, grabó Ernesto Zdeillo Ponce de León.

Yo no sé usted, estimable lector, pero a esta escribidora le quedaron en la cabeza al menos dos conclusiones elaboradas al calor de las noticias captadas:

El Presidente termina su periodo acaso en su mejor momento psíquico. Ha recuperado la calma, habla con claridad y mesura, sin esa tensión que impide a lo profundo del ser humano salir a la superficie.

Segunda conclusión: De haber utilizado similar política de comunicación, se hubiera ahorrado muchos dolores de cabeza, producto de los malos entendidos que, al paso de los días y del obstinado silencio, dieron origen a un sinfín de chismes.

La despedida del poder otorga grandes ventajas a quien lo ejerce y sabe que todo ese oropel y corifeos ensordecedores, han de tener su fin. No, al doctor Zedillo Ponce de León, nunca le gustó la intriga política; le tocó en suerte o en desgracia ser el sucesor de Carlos Salinas y no de cualquier expresidente. Pero la investidura ha lugar para la nobleza; ante todo la educación.

A Salinas le cayó la desgracia encima, a través de la persona de su hermano, “él sabrá cuál es su responsabilidad moral y personal” en estos hechos. Sin embargo, tras la educación viene la ética política, la que él practica. No, no le responderá ni es su papel hacer un balance de su ejercicio de gobierno (otros lo harán). Prefiere el silencio, apartarse el ambiente político para siempre... A ver si lo dejan o él se deja.

En la entrevista que sirvió como colofón a un sexenio que marcó otra etapa más de la vida de México, hubo momentos de emoción negativa: El recuerdo del general Gutiérrez Rebollo, del amigo que decidió lanzarse por el camino del que no hay regreso, arrastrando consigo el uniforme militar, y lo que es peor, a la Institución. Su peor recuerdo es la matanza de Acteal, y se pregunta: ¿Qué hubiera pasado si hubiéramos tenido presencia del Ejército allá? ¡Ay doctor!, esa pregunta es difícil, de por sí acusaron al gobierno de estar aterrorizando a los indígenas, acostumbrados sólo a lidiar con sus fantasmas y sus amos sucedáneos.

La Universidad Nacionsl Autónoma de México (UNAM) y su huelga. Quedó aclarado que aquel silencio que tanto se le criticó, fue en aras de ejercitarse en la paciencia republicana, misma que se acabó cuando, al bajar del avión que lo traía de España, tuvo noticia de los actos violentos en la Prepa 3; otro momento de generosidad: Pudo haber informado cuál era la postura del PRD en el asunto, y cómo rebotó aquella pelota del ámbito local al federal.

Todo en calma, todo en orden; lo único no creíble fue el capítulo del Fobaproa y lo “exagerado” de los ataques que recibió. Antes al contrario, en ese asunto pudo irle peor; y lo mismo opino acerca de que no le interesa su sitio en la historia. Lo contradice el cuidado formal, ese que va más allá de la simple educación y del peso de la investidura. Ojalá le vaya bien.

* Periodista.

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