México


CARTA ABIERTA A VICENTE FOX


Rafael Mendoza Toro *

Aguascalientes, Ags. diciembre 1, 2000

C. Lic. Vicente Fox Quesada
Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos
P R E S E N T E

Sea la presente para felicitarlo por haber asumido el día de hoy la Presidencia de la República y a la vez, hacer la felicitación extensiva a los mexicanos que decidimos votar por usted el 2 de julio, desde todas las perspectivas y concepciones políticas; lo mismo quienes honestamente abrazaron la causa foxista, a los que, desde posiciones divergentes, apostamos por la consolidación de la democracia a través del primer gobierno de alternancia en nuestra historia moderna. Con la misma confianza (o audacia, usted dirá) que me hizo votar por usted, me atrevo con estas líneas a enviarle unos comentarios respecto a los acontecimientos del 2 de julio a la fecha y a los prolegómenos de la administración que comienza.

Decidirme a votar por usted, fue tal vez una de las más difíciles opciones de mi vida ciudadana. Izquierdista de toda la vida, casi siempre sin partido y sin bandera, había razonado anular activamente mi voto sufragando por Gilberto Rincón Gallardo y Democracia Social, reconociendo que aunque no tenía ninguna oportunidad de ganar, era también una forma de madurez política admitir que como opción habíamos fracasado y era necesario empezar de nuevo a reconstruir de las ruinas y errores un camino a la izquierda. Sin embargo, el ascenso de su campaña, tanto en las plazas como en las encuestas hizo que, como otros, volteara la vista hacia su candidatura. Y aunque nuestras diferentes historias (personales y políticas) nos separaban, las posibilidades de la transición YA, empezaron a minar mi esquema ideológico. Si bien por madurez o porque no nos queda de otra, estamos acostumbrados a pensar en el mediano plazo, la posibilidad de esta podía ser la nuestra, de que podíamos empezar el siglo de manera distinta, sin el PRI en el poder y bajo condiciones distintas fue ponderada cada vez mas seriamente por distintas fracciones y ciudadanos de la izquierda.

No es necesario recordarle el espantajo que de Vicente Fox agitaban los medios de comunicación, sobre todo los más afines a nosotros; como ante el espectro de la ultraderecha clerical, quienes habíamos resistido la carga de "las bestias de cuero" o las sesiones de tortura de la policía, salíamos histéricamente gritando espantados a lanzarnos a los brazos del PRI, quien podía salvarnos de la terrible embestida de le contrarrevolución. Optar por lo contrario, le insisto, no fue sencillo; encontrar un proyecto serio de nación por el que se podía votar en medio de denuestos y excesos requirió un serio análisis y mucho de valor. Y las decisiones individuales se fueron sumando y un día un grupo organizado signó junto con usted los compromisos por la democracia que dieron certeza a nuestra decisión; no era ya una carta blanca o un voto a ciegas sino un pacto político que debía ser honrado, aunque personalmente considero un exceso retórico quienes después de eso lo denominaron "candidato del centro-izquierda".

El dos de julio confirmó, en primera instancia, la certeza de nuestra decisión: iniciaríamos ya un gobierno de alternancia y el inmenso placer de ver salir al PRI del poder compensó el hueco en el estómago al sufragar o la no obtención del registro para Democracia Social. Lo más difícil empero, apenas empezaba y transformar un cúmulo de buenos propósitos en obra de gobierno que permitiera alcanzar los objetivos económicos, políticos y sociales requeriría de mayores esfuerzos que sacar al PRI de Los Pinos.

La primera dificultad fue el compaginar las diversas visiones y proyectos que habíamos confluido en su apoyo en un solo proyecto coherente y congruente. En contra de los augurios de quienes nos amenazaban con la ultraderecha triunfante, tuvimos la satisfacción de verlo alejarse de quienes compartían esa visión y reclamaban la paternidad del triunfo y, consecuentemente, el derecho a imponer su visión como proyecto de nación. Por nuestra parte, como dijo un amigo común, sabíamos que el ganador había sido Vicente Fox y no el Che Guevara, que no podíamos exigirle la instauración del soviet de obreros y campesinos y que deberíamos esperar un poco más para ver ondear la bandera roja en los balcones de Palacio Nacional; en cambio sí exigiríamos el cabal respeto a los compromisos por la democracia y tolerancia y, sobre todo la decisión de atacar las deudas y rezagos sociales acumulados, porque como debe saber, para nosotros la justicia y democracia necesariamente deben ir de la mano.

Y aunque su administración apenas inicia y estrictamente hablando aún no podemos hablar de su obra de gobierno, por tanto todo apoyo o denuesto es gratuito, las circunstancias alrededor del nombramiento de su gabinete, sus más cercanos colaboradores y responsables de llevar a la realidad el anhelo mayoritario del cambio, me hacen formular algunas reflexiones y dudas que quisiera compartir con usted.

Una de sus promesas fue formular el Plan Nacional de Desarrollo en los meses previos a la toma de poder, con el propósito de iniciar ya el gobierno con rumbo definido, y aunque ésta no se cumplió y por tanto no existe un proyecto de gobierno, la lógica subyacente en los nombramientos del gabinete tiene implícita una visión que se puede imponer al Plan y que limitará el alcance de los objetivos fundamentales del cambio, sobre todo desde nuestra visión.

No se puede objetar el realismo económico en la conformación del gabinete respectivo, una de las primeras lecciones que debemos aprender en la izquierda es la preeminencia de la sanidad financiera como prerrequisito para el establecimiento de cualquier otra política, que es casi imposible que la cosas vayan bien en ausencia de una economía sana; sin embargo y como bien nos enseño Pedro Aspe, es perfectamente factible tener un equilibrio de todos los agregados financieros a costa de la economía real, la de los trabajadores y los hogares. Tengo confianza que usted como yo, al no tener un doctorado en economía, antes que el reporte de la balanza comercial ponderará la dsiponibilidad real de alimentos en la mesa de los hogares, pero ¿lo entenderán sus colaboradores? Aunque en el discurso se reitera el "crecimiento con calidad" ¿comprenderán ellos que la economía es un medio, pero no un fin? Que aunque Ernesto Zedillo puede entregar cifras positivas de crecimiento del PIB en su sexenio, el ingreso real de los trabajadores no se repuso después de la crisis de diciembre del 94 y que eso es lo que ya no queremos y contra lo que votamos. ¿Quien podrá ejercer contrapeso si el objetivo de superávit primario gubernamental implicará menor generación de bienes y servicios? Entonces, aunque una economía sana es fundamental, alguien tiene que decirles el para qué de ésta.

El problema es mayor ante el perfil del "gabinete social"; si en la conformación del económico se otorgó prioridad a la ortodoxia y a los diplomas sobre la improvisación, en el segundo se decide tomar riesgos e incorporar mayor variedad, procurando una imagen de pluralidad. Aunque la incorporación de empresarios diversos no es cuestionable en sí, tampoco es un valor agregado, en cambio, es la profesionalización la gran ausente. Es importante el rol del empresariado, la incorporación de industriales y comerciantes al equipo de gobierno pueden dar una visión distinta y refrescar las estructuras burocráticas, empero, el éxito en la iniciativa privada no convierte a nadie en neurocirujano o físico nuclear; el rol profesional tiene su razón y espacios. Es coherente si se va emprender un negocio incorporar la visión empresarial, no así si se pretende operar un tumor cerebral o fisionar uranio, en estos casos llamar al profesional más capacitado es cuestión toral. Y el gabinete social es toral, no es, como en algún discurso se dijo, cuestión "subsidiaria y solidaria" sino la principal contraparte a la ortodoxia económica y únicos capaces de dar el "para qué" de la economía.

Esto es más grave si se considera el mensaje implícito: indígenas, mujeres, pobres, discapacitados, serán atendidos como fenómenos aislados, por cuestiones de justicia social o de caridad cristiana si se quiere, pero sin cuestionar la lógica del sistema económico que genera sus "externalidades negativas". Porque si en economía escuchamos el lenguaje de una cátedra de economía, en el gabinete social, ante la falta de profesionalización, el perogrullo y el lugar común fueron la divisa, sobre todo en Desarrollo Social y Atención a los Pueblos Indígenas escuchamos una mezcla de filosofía asertiva y remedios caseros. El lenguaje llano y sencillo fue un gran acierto en campaña, empero no se puede construir sobre éste un programa de gobierno. No queremos "caldo de pollo caliente" para un pueblo agraviado ni que en lugar del "liberalismo social" salinista, se nos ofrezca a Carlos Cuahutémoc Sánchez con "Viva la Gente".

Estamos empezando una etapa inédita en nuestra historia moderna; a pesar de la advertencia lanzada de que si por las armas llegaron, sólo por ellas saldrían, ésta no se cumplió y aunque con diversos signos de inestabilidad, existe una paz social general y una confianza en el gobierno entrante. Sin embargo, traducir esa confianza en logros concretos será el gran reto, esta vez se decidió confiar en las promesas y en la capacidad de transformarlas en realidades; ¿deberemos esperar el necesario periodo de aprendizaje de nuestros recién llegados secretarios? Apostaremos a que la ortodoxia y sapiencia del gabinete económico mantendrá los agregados económicos bajo control, para al menos no empeorar, mientras los otros, los del gabinete social, los responsables de traducir las abstracciones en beneficios tangibles suplen sus deficiencias de formación con buena voluntad y lecciones rápidas y sencillas.

Desearle lo mejor durante su gestión es a la vez deseárselo a México, porque un fracaso de Vicente Fox será un fracaso del país; en un régimen presidencial como el nuestro no es posible que al país le vaya bien si no le va bien a su Presidente. Lograr los objetivos de la propuesta de alternancia, de consolidación de la democracia, de reversión del deterioro de las condiciones de vida de las mayorías, será el mayor éxito de su gobierno y de todos los mexicanos; y a la vez cerrará los caminos de la restauración, de la reconstrucción con otros nombres, del partido de estado.

Agradeciéndole la atención que le pueda prestar a la presente y esperando que logre encontrar el camino para llegar, quedo de usted.

ATENTAMENTE
C. Rafael Mendoza Toro
rafaelmtoro@hotmail.com

* Chilango, miembro de la generación del 68 aunque no haya hecho nada por probarlo. Anarquista de la variedad boca grande, durante un tiempo supo callar lo suficiente para recibir sus quincenas en la administracion publica con regular suerte. Productor y guionista de radio univeristaria, articulista de revistas regionales, actualmente comparte el subempleo con la actividad politica dentro del PRD de Aguascalientes, donde espera pacientemente su plurinominal.

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