México-Estados Unidos


LA CUMBRE, ¿UNA AGENDA FAMILIAR?


Guadalupe Elizalde *

La reunión bilateral entre los presidentes de México y Estados Unidos dio un giro de 180 grados en lo que fue, históricamente, nuestra relación política con el país más poderoso del mundo. El carácter defensivo de la retórica exterior, jamás redactó en qué puntos y de dónde deberían surgir los factores amenazantes en contra de nuestro país.

Los presidentes pedían al pueblo unidad, pero no explicaron en torno a qué. Cabe recordar que la herramiente de la que se valieron Miguel de la Madrid  y Carlos Salinas de Gortari fue la diplomacia, cuyo contenido no deslindó a cabalidad, ni fue capaz de integrar los conceptos de soberanía nacional e integración global. Es decir, la coyuntura que partió el régimen priísta entre la política incluyente y las tendencias conservadoras. En igual conjetura se atrapó la izquierda.

Pese a que los temas pendientes en la agenda fueron variados, para su cabal comprensión debemos ahondar en la política estadunidense de su "seguridad nacional", y en los giros de los presidentes mexicanos respecto del tema. Sólo así, el lector podrá discernir entre la retórica y la realidad político-económica en la que está inmerso México desde 1977, cuando los sitemas de seguridad estadunidenses comenzaron a ver a México como un agente de riesgo, atrapado en una transición de desenlaces imprevisibles.

Un punto a resaltar es que la palabra "confianza" ocupó no pocas líneas en los discursos de los funcionarios de ambos países. El incidente de la corrupción fue piedra de toque en las relaciones bilaterales, no sólo porque complica las acciones ejecutivas en materia de comercio, inversión y narcotráfico, sino porque las señales diplomáticas de México no fueron claras.

Para no errar, habremos de esperar la confirmación o remoción del embajador Jeffrey Davidow, quien ha sido un vocero de las agencias de control de los Estados Unidos (CIA, DEA), más interesadas en obtener datos para un propósito coercitivo, que para combatir la parte que le toca al gobierno estadunidense en la reducción de la demanda de drogas y en el combate a los delitos de cuello blanco. No en balde se habló de una estructura financiera más sólida, lo que entre líneas significa un reconocimiento tibio de esta responsabilidad.

En cuanto a la política de emigración, en México, este fenómeno inseparable del "libre mercado" es percibido por la ciudadanía como un asunto urgente. Sin embargo, el enfoque que demanda el perdón de los indocumentados, chocará -como ya es sabido- con un Congreso empecinado en hacer cumplir la ley. Quizás, el logro mayor en este rubro haya sido agendar permisos temporales para los trabajadores que no están amparados por la ley, y que contribuyen con una parte importante del PIB nacional. Si se logra legalizarlos, se cumplirá el propósito de que las leyes laborales alcancen un estrato globalizador, como ocurre ya con la justicia.

Ambos mandatarios dijeron visualizar un "amanecer" de dos naciones unidas por valores e intereses mutuos. Como éstos se imponen por la disparidad, la parte mexicana hace bien en incidir en los derechos humanos, con el fin de obligar al juego con iguales cartas. Sólo así, el libre comercio podrá ser incluyente y ambas naciones podrán entrar a una relación "plena, madura y equitativa", en la que no se comprende sólo el norte.

Las naciones del Cono Sur están presentes, con México a la cabeza; no por bonhomía, sino por estrategia. Los equipos de alto nivel tienen en sus manos una oportunidad. Estados Unidos desea romper con su dependencia energética lejana. Todo en política en interés. Podríamos comenzar a negociar, ejemplo, rompiendo el apartheid tecnológico dictado para el Terer Mundo por el imperio.

* Periodista.

regresar a la primera página