Prosa poética


DIOS ES EL "¡NO!" DE LA NADA...


Ivanóskar Silen-Acevedo *

El enamoramiento de Dios es como los besos de l'amada. Ser amante de Dios es lo temible. Dios es el anhelo de sí mismo (furia de El en medio del amado). Dios es esa violencia del cuerpo contra el alma. Dios es lo que se sacude en el que ora como un secreto. Es como si Dios saboteara la pasión humana (la eucaristía, el canibalismo) de Cristo. ¿Por qué no lo hallo? ¿Por qué no lo alcanzo? ¿Por qué no lo sé? Si Dios no tiene razones. Dios acontece como muchos tanques sobre la cabeza del amado y lo devasta noche tras noche a través de los sueños. Dios es el guerrillero del amor. Estoy devastado. Soy la devastación de Dios en mí mismo y sé que el cuerpo no resiste. Sé que el cuerpo es frágil para hospedar a Dios febril, violento, totalitariamente.

A veces despierto con miedo en medio de la noche como si fuera acontecer el espanto. ¿Por qué le temo? ¿Qué temes? ¿Qué aguardas? Estoy en medio de la soledad más inaudita. Soy la soledad más insólita. Nunca antes había poseído tanta conciencia (tanta miseria) de lo político, pero no logro hacerme praxis (no puedo ser praxis de mi propio cuerpo). ¿A qué hora acontecerá la hora (del ayuno)? ¿Cuándo seré el ayuno que deseo y cuandó veré, cara a cara, al ayuno mío? ¿Qué es ese ayuno que me está exigiendo el-cuerpo-del-alma? No lo sé. Estoy en medio de la revolución (de Dios) y todavía no la sé. Estoy a ciegas. La videncia es insolente, abrupta, momentánea.

Es la originalidad de Dios (contra cristianos y ateos) como lepra del alma, como polen del alma, como ríos del alma. Dios quiebra todos los marcos. Dios rompe todos los conceptos. Me muevo entre ellos, me fantasmo, me silueto, me fugo a mitad mía de Dios donde te oras (a mitad tuya de Dios donde me oras). El cuerpo está sufriendo la pasión, el cuerpo está gimiendo los anhelos. Dios está lejos como un murmullo; Dios está cerca como la fiebre. No conozco a Dios; no sé a Dios. Dios es el "NO" de la nada... Dios no se muestra a los hambrientos y estoy ávido, insaciable, glotón.

Dios no es el verbo, ni la palabra. Dios no es Dios. Dios es ajeno. El es más que la Super Nova, más que toda la luz, más que los universos paralelos. Dios es la pregunta temible: ¿qué es Dios hoy que neva vertiginosamente sobre la ciudad de Nueva York? Dios es la gracia de la vida (la violencia de la vida, el amor de la vida). Los hombres se amargan posmodernamente, porque yo hablo de Dios contra el lujo de los asesinos que portan el Corán, el Talmud, la Biblia debajo de la sombra y debajo de los paraguas de la muerte. Dios orgasma mi carne y yo lo orgasmo espiritusantamente como lo posible mismo de mi artritis. Dios me duele por todos los huesos de mi alma. Dios sufre nochemente bueno por mi falo herido. Dios orina triste y eyacula despacio en los insomnios. Dios se ha llenado de jueyes. El es lo inaccesible de la propia carne. ¿Por qué lo he cantado como montones de abejas sobre la lengua? No lo sé y nadie lo sabe. Acudo sediento a beber el agua de la que no tendré sed.

Mi corazón cansado de soñar, frenético, tiene sed de Dios. Y yo manyo, cansado de decir, la lluvia d'estrellas (de cosmos, de luz y de sombra). Yo me alimento de la casa que soy empobrecido y la consumo, la gasto, la fatigo y celebro el instante de la tarde (el instante del sueño de la carne) y paveso y ascuo y mirro el dolor de Dios que soy yvanamente. Hoy es el día del Señor y pasto mi alma. No sé por qué hablo de Dios. Sólo sé que acudo. Que estoy aquí delante de la sombra. Estoy delante del deseo y sé que el enamoramiento de Dios puede matarme. La luz me consume como sombra (la luz me celebra como sombra a la velocidad de la luz del alma). No se qué hacer; no sé qué decir. Estoy inmaculado sexualmente por el alma. Dios está por acontecer Yván y tengo temor del cuerpo (24 de febrero de 2001, Nueva York).

* Poeta puertorriqueño, autor entre otros libros de La Poesía como libertá (Premio Pen Club de Poesía 1993).

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