China


CHINA: INSTRUMENTANDO EL CAMBIO EN EL SIGLO XXI


Héctor Guerra *

El sueño bolivariano no se ha consumado, y no por falta de conocimiento entre los distintos pueblos latinoamericanos. Sin embargo, tiene lugar en el marco de la sempiterna globalización una integración de hecho -aunque no por ello la ideal- entre distintos países y regiones del mundo de los cuales poco o nada se conoce. Aún así el proceso avanza.

La importancia de Asia Oriental y sus principales actores se acrecentó tras el fin de la Guerra Fría. Estos han extendido su influencia por todo el sistema internacional, pero principalmente en la Cuenca del Pacífico, la cual es enmarcada en su vertiente oriental precisamente por el continente americano, desde Canadá hasta Chile.

Los negocios avanzan más rápidamente que la generación del conocimiento, pero precisamente se sustentan en éste. De tal forma, el conocimiento de las contrapartes en los negocios es fundamental.

Así pues, el presente artículo intenta presentar un breve esbozo de la situación de uno de los más importantes actores del Asia Oriental: China, cuya presencia, silenciosa en crecimiento entre los países latinoamericanos

China, la potencia asiática se convertirá en los primeros años del siglo XXI en el mayor mercado del mundo, por encima incluso de Estados Unidos. Esto no debe sorprender pues el "país del centro" mantiene anualmente niveles de crecimiento económico por arriba de la media mundial con crecimiento promedio del 9.8 por ciento anual, y es una de las principales potencias exportadoras del mundo.

En términos militares, Beijing cuenta con cientos de miles de efectivos, una flota naval y aérea en proceso de modernización, mísiles balísticos intercontinentales y la posibilidad de aumentar sus existencias de ojivas nucleares en un breve periodo.

Cada vez más amplios sectores de su población, principalmente la urbana asentada en las metrópolis de la franja costera china, mejoran sus niveles de vida, causa y consecuencia de factores como una mejor alimentación y educación.

En cuanto a su política exterior, Beijing mantiene su presencia en la arena internacional, sin limitarse a la defensa de sus intereses inmediatos en Asia oriental, y tiene participación activa en foros mundiales como la Organización de Naciones Unidas, en dónde es uno de los cinco miembros permanentes -junto con Gran Bretaña, Francia, EE.UU. y Rusia- del Consejo de Seguridad.

Si bien 1949, año del triunfo de la Revolución China, marca el comienzo del cambio en el "gigante asiático", no es sino hasta 1978 cuando este país, partiendo de las bases sentadas por el régimen de Mao Zedong -con sus errores y aciertos-, comienza a reposicionarse en el sistema mundial. El artífice de este ascenso fue Deng Xiaoping, promotor de las cuatro modernizaciones de fines de la década de los setenta en la agricultura, industria, ciencia y tecnología, y defensa.

El trienio de 1989 a 1991 representa el final de la Guerra Fría. Cae el Muro de Berlín, se reunifica Alemania, y desaparece la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Tal parecía que el socialismo real estaba en vías de extinción, máxime cuando en 1989 tiene lugar en China, la otra superpotencia socialista, un movimiento sociopolítico generalizado entre miles de estudiantes en la capital del país. El cambio económico que abiertamente le daba marcados tintes capitalistas a la economía de la República Popular China. El cambio económico no fue sinónimo de cambio político.

Sin embargo, lo único que llegó a su fin fue el movimiento estudiantil. Cientos de estudiantes murieron, fueron heridos, desaparecieron o fueron encarcelados por orden de Deng.

Voces de protesta se levantaron por todo el mundo, muy particularmente en la sociedad estadounidense, haciéndose eco entre algunos políticos en Washington.

El gobierno estadounidense cumplía aproximadamente una década de haber reanudado relaciones con Beijing y a partir de crecientes relaciones económicas, se ponía a consideración su regularización e intensificación por medio de la garantía de la condición de "Nación Más Favorecida" a China, a ser refrendado cada año y que le permitiría exportar sus productos hacia Estados Unidos sujetos a tarifas preferenciales.

Estados Unidos le otorgó en el 89 esa condición  y en el 2000 lo refrendó y le garantizó el status de Relaciones Comerciales Normales Permanentes (PNTR por sus siglas en inglés).
Salvo una veintena de países, el resto del mundo quitó su reconocimiento diplomático a Taiwán para otorgárselo a Beijing. Los intereses económicos tuvieron preeminencia sobre los derechos humanos.

Un factor de esos logros es el cabildeo impulsado por corporaciones estadounidenses, ya que 16 de las 20 (calculadas para 1997) más importantes tienen negocios en China, un mercado en rápido crecimiento para sus exportaciones. Perderían su acceso al mercado chino si Washington no extendiera condiciones comerciales preferenciales para las exportaciones chinas.

El periodista David Shambaugh destacó a principio de este año que  "los compromisos con China son una realidad y no una preferencia en política exterior que pueda dejarse de lado a voluntad del gobierno. Estados Unidos y China están ligados por una extensa red de vínculos culturales, sociales, científicos, de comunicaciones, transportes y comerciales que unen a las dos naciones a través de innumerables interacciones humanas diarias. Es pues, una situación diferente a la ocurrida durante la Guerra Fría con la Unión Soviética, ya que ambos países sostenían intercambios mínimos en las áreas antes mencionadas".

Shambaugh indicó que cada año unos 200,000 estadounidenses visitan China, mientras que una cantidad similar de chinos cruzan el Pacífico hacia la Unión Americana como turistas, y otros 50,000 con visa de estudiantes. Habría que añadir los cientos de chinos que entran ilegalmente años con año en territorio estadounidense.

El subrayó que ambos países generan casi 100 mil millones de dólares en su comercio bilateral, el cual ha venido creciendo en más de 10 mil millones de dólares por año en los últimos años en los cuales China ha registrado un superávit en su balanza comercial de más de 60 mil millones de dólares.

No es de extrañar que el siguiente paso sea el ingreso de la nación asiática en la Organización Mundial de Comercio (OMC), de cara al creciente desequilibrio comercial entre ambos países en detrimento de Washington. China, como el resto de los países asiático orientales, tiene apreciaciones culturales divergentes a las occidentales con respecto al derecho, pues no acostumbra sujetarse a acuerdos escritos, aun cuando fueren firmados.

La OMC es un organismo intergubernamental, heredero del Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT), establecido en 1995 cuyo objetivo principal de la OMC es permitir que el comercio mundial fluya con base en reglas, mediar en las disputas comerciales entre los gobiernos y organizar negociaciones comerciales.Las negociaciones para la entrada de China a la Organización Mundial de Comercio, después de que el año anterior su acceso parecía garantizado, han entrado en una etapa de incertidumbre en cuanto al aspecto y a los tiempos, debido a que el meollo del asunto a principios del 2001 es la agricultura.

Los Estados Unidos y otros 14 grandes exportadores agrícolas le piden a Beijing que su influencia en el establecimiento de precios de granos básicos para ayudar a sus agricultores. Y China, sorpresivamente para muchos, ha accedido, reduciendo sus subsidios y permitiendo un mayor acceso a productos agrícolas -granos básicos principalmente- importados.

Muchos productores occidentales se beneficiarán sin duda, nos dice Pete Engardio (Business Week Latin American Edition/February 5, 2001), pero se afectará a los campesinos chinos, la mayoría de los cuales vive con menos de 200 dólares al año
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China requiere de apoyos para su producción agrícola puesto que de lo contrario se puede generar una crisis social en el campo, en donde tres cuartas partes de los 1.3 mil millones de habitantes vive. Engardio agregó que "el dilema es como lograr un balance adecuado entre la situación de China como una potencia exportadora y su condición de economía en desarrollo".

China quiere aumentar sus subsidios cinco puntos porcentuales por encima de lo permitido por la OMC, pero Estados Unidos no se resignan a aceptarlo tan fácil. Pero ¿quién es Estados Unidos para hablar de subsidios cuando gasta 28 mil millones de dólares en el 2001 en subsidios para su agricultura?

China no sólo es una veta de oportunidades para las transnacionales estadounidenses, lo es también para las grandes firmas mundiales de Asia y Europa, quienes no sólo han extendido sino también intensificado sus inversiones.

Según datos del gobierno chino, a fines de la década anterior, de las 500 mayores corporaciones mundiales, 300 de ellas habían invertido en China, con una participación importante, además de las firmas de Estados Unidos, de Japón, Alemania y Corea del Sur. Mientras que en 1980, la SIEMENS AG de Alemania tenía dos proyectos, en el 2001 tiene al menos 42; y las surcoreanas Daiwoo, Samsung y LG cuentan, en su conjunto, tienen casi 100 proyectos.

Si bien los proyectos de inversión promedian los diez millones de dólares, hay casos que sobrepasan los 100 millones de dólares. Los proyectos son de producción de artículos terminados, fabricación de piezas, servicios de postventa y desarrollo de nuevas tecnologías, sin desdeñar a las industrias fabriles. Desde 1994, han entrado en el mercado chino transnacionales del sector terciario, incluyendo de servicios financieros, de entrenamiento, ventas, servicios de informática y demás servicios de outsourcing.

Beijing ha desarrollado organismos especializados a nivel regional para guiar las inversiones y dar apoyo de todo tipo a los inversionistas. La Oficina de Asuntos Exteriores del Gobierno Municipal de Shanghai; la Comisión de Relaciones Económicas y Comercio con el Exterior de Tianjin; el Centro de Servicio para Empresas con Fondos Foráneos de Chongqing; la Administración de Industria y Comercio de Guangzhou; la Corporación General de Servicios para las Empresas Foráneas de Beijing, y el Buró Estatal de Expertos Extranjeros.

China es un actor de primer nivel en las relaciones internacionales contemporáneas, y el eje, junto con Estados Unidos y Japón, de la dinámica de la Cuenca del Pacífico. Conforme avance el siglo XXI, llegará el momento en que se tendrá que decidir si se le querrá como socio como competidor. Su experiencia puede servir de referencia cuando se alega u que el Estado está a punto de desaparecer y que irremediablemente tiene que dar paso a las fuerzas de la globalización.

Cabe recordar las palabras del ex primer ministro de Singapur entre 1959 y 1991, Lee Kuan Yew: "Quienes han llegado tarde al desarrollo industrial han tenido que buscar formas de cerrar la brecha para ubicarse en el mismo nivel".

* Analista internacional.

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