Derechos humanos


RACISMO Y COMPENSACIONES EN EL CENTRO DEL DEBATE


Eduardo Tamayo G. *

Numerosas referencias al pasado de esclavitud y colonialismo, que están en la raíz de las actuales formas de discriminación y racismo, hicieron representantes de gobiernos de América Latina, Asia y Africa durante el grupo de composición abierta que aborda el "Proyecto de Declaración y el Programa de Acción" de la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las formas conexas de Intolerancia a realizarse en Sudáfrica, del 31 de agosto al 9 de septiembre de este año.

En el grupo de trabajo, que se reúne del 6 hasta el 9 de marzo, los diplomáticos de países pobres también señalaron la necesidad de establecer compensaciones para las víctimas del racismo.

El asunto de las compensaciones es un punto crítico que divide al Norte y al Sur. Durante la reunión regional preparatoria de Asia, llevada a cabo en Teherán el pasado mes de febrero, 50 gobiernos asiáticos expresaron que los estados que han ejercido políticas y prácticas basadas en la superioridad racial, nacional, el colonialismo y otras formas de dominación u ocupación extranjera, esclavismo, tráfico de esclavos y limpieza étnica, deberían compensar a las víctimas de tales políticas y prácticas.

Los gobiernos de Europa no quieren ni oír la palabra compensación, aunque admiten que "todos los estados deben reconocer los sufrimientos inflingidos por el esclavismo y el colonialismo", como se manifestó en la Conferencia europea contra el racismo de Estrasburgo, Francia, en octubre de 2000. Estados Unidos mantiene una posición parecida.

La delegación de Libia dijo que el tema de la esclavitud y el tráfico de esclavos es muy importante porque 100 millones de africanos fueron arrancados por la fuerza de sus tierras y 20 millones fueron arrojados al mar, agregando que el actual progreso de Europa ha sido posible gracias a la mano de obra africana.

"El comercio de esclavos y las políticas administrativas del colonialismo, junto con la delimitación arbitraria de fronteras y la aplicación de políticas económicas en condiciones de explotación siguen teniendo efectos negativos en el desarrollo económico y social de Africa y constituyen el caldo de cultivo de conflictos étnicos y raciales", aseguró el seminario de expertos sobre la prevención de conflictos étnicos y raciales en Africa, llevado a cabo en Adis Abeba, Etiopía en octubre de 2000.

Sobre este tema el Grupo Latinoamericano y del Caribe, GRULAC, se ha mostrado conciliador, y ha solicitado que "los Estados que practicaron y se beneficiaron con la trata de esclavos transatlántica y con el sistema de esclavitud e africanos inicien un diálogo constructivo con los afrodescendientes dirigido a identificar y aplicar medidas de satisfacción de tipo ético y moral y otra que pudieran ser convenidas".

Los representantes de Cuba, Barbados y Jamaica se adhirieron a la posición del GRULAC, aunque algunos de ellos se mostraron más radicales.  El representante de Barbados recordó que el tráfico de esclavos constituye el mayor holocausto de la humanidad y que las consecuencias se las vive hasta hoy.  "No se puede celebrar una Conferencia contra el racismo sin hacer una mención explícita a los africanos y sus descendientes", agregó.

Si los africanos y sus descendientes no quieren olvidar la historia, tampoco lo quieren hacer los pueblos indígenas. Varios estudios demográficos establecen que al momento del mal llamado descubrimiento de América, en 1492, la población originaria se situaba entre los 90 y los 110 millones de habitantes.  Sesenta años más tarde, es decir en 1550, esta población escasamente superaba los 10 millones.  "De esta magnitud fue la cristianísima acción civilizadora que sucedió al descubrimiento.  El aniquilamiento casi total del indígena, no solo se debió a la inaudita ferocidad que se dio al saqueo de metales preciosos o las rigurosas formas que adquirió la esclavización del trabajo.  La viruela, el sarampión, la sífilis, fueron también parte del legado civilizador", escribió en 1990 N. Tirado R. en la revista colombiana Opción, ya desaparecida.

"Europa tiene mucho que compensar a los pueblos indígenas de América", dice Gabriel Muyuy, ex senador indígena colombiano, representante de Iniciativa Indígena por la Paz.

Estados Unidos tampoco está libre de culpa, ¿por qué las agresiones a Vietnam, las intervenciones militares en varios países latinoamericanos, el apoyo a dictaduras genocidas, los bombardeos a Irak y el apoyo a la política colonial de Israel no son acaso actos basados en ideas racistas de superioridad?

"Hoy mismo, el fomento de mega-proyectos en territorios indígenas sin previa consulta, que se implementan de manera agresiva, violando los derechos garantizados tanto en los países como en instrumentos internacionales, significan racismo", señala Gabriel Muyuy. Y también es racismo lo que la transnacional norteamericana TEXACO hizo en la amazonia ecuatoriana, en donde se llevó el petróleo y dejó contaminación y enfermedades a las poblaciones nativas, las pruebas militares con uranio empobrecido a la isla portorriqueña de Vieques y las fumigaciones de las plantaciones de coca en Colombia que acaban con la selva, contaminan el agua y obligan a los pequeños campesinos e indígenas a buscar refugios en otros países.

Varios representantes de las potencias se han vuelto amnésicos, porque recordar su pasado colonial les llevaría a mostrarse de cuerpo entero, además de que les golpearía en lo que más les duele: sus bolsillos.  El tema de las compensaciones es una dura "batalla" diplomática que se desarrollará en los meses previos a la Conferencia contra el racismo.  Sus resultados son inciertos.  Si al menos este debate lograra atormentar a los descendientes de los esclavistas, algo habrán logrado los descendientes de los esclavos, aunque con seguridad estos últimos no quedarán satisfechos.

* Colaborador de la Agencia Latinoamericana de Información.

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