¡ESTAMOS JODIDOS MONSEÑOR!
Miguel Angel Albizures *
¡Estamos jodidos Monseñor!, usted lo sabe mejor que nadie. La impunidad sigue cabalgando en una yegua desbocada llamada justicia. El martes pasado, a escasos dos días de cumplirse tres años que le golpearon sin compasión hasta lograr que dejara este mundo de mentira, de maldad y de injusticia, un juez da un fallo político para beneficiar al general de las masacres, aquel que en su tiempo ordenó teñir de sangre Quiche, Petén, Alta y Baja Verapaz y que estaba siendo juzgado por mentir, por abusar de su poder y por aceptar, al igual que el vicepresidente de la República, las presiones de aquellos que pagan ínfimos impuestos para alterar una ley aprobada en el pleno del Congreso.
Quería contarle que el general salió sonriente del Juzgado Tercero, se reía de la justicia, se reía de los jueces y magistrados que se apegan a derecho, que interpretan la ley sin dejarse presionar y que no aceptan los fallos políticos por conveniencia. Se reía de ellos burlescamente mientras daba una palmada cariñosa en la espalda del juez.
En su caso, Monseñor, el juicio no avanza, una parvada de mentirosos siguen desfilando en la sala de vistas de la Corte para proteger a aquellos que, en una u otra forma, los acusan de haber tenido que ver con su muerte. Sin embargo, y a pesar de lo oscuro que en estos días se pone la noche, los seguidores de la verdad, su verdad estampada en REMHI, los seguidores de la justicia, de la justicia que usted exigía, los seguidores de su pensamiento, su ejemplo y su entrega, seguimos empecinados en zarandear al sistema de justicia, en pedirle cuentas a quien haya que pedírselas, en volver a sentar en el banquillo al general y a sus peones, en encontrar en medio de la podredumbre, una pizca de dignidad, una pizca de verdad y de justicia. Estamos empeñados en encontrar una aguja para puyar la pus de que está lleno el Estado guatemalteco.
Este 26, hemos vuelto a recordar el día en que se ensañaron
con usted, como lo hemos hecho todos los días de todos estos meses
transcurridos impunes y, siempre pensamos en usted, en su sacrificio y
en su entrega, pensamos en la justicia que sigue ausente, que da vueltas
y rodeos, que se anima a tomar el buen camino y retrocede, que nos mira
con ojos de disculpa y se sonroja y no se atreve a ponerle el cascabel
a los gatos que siguen decidiendo quienes pueden seguir viviendo, quienes
simplemente son atemorizados o golpeados o quienes merecen
la muerte por estarles acusando y señalando.
En fin, Monseñor, usted sabe que son momentos delicados, pero
no de lloriqueos, usted sabe que son momentos de empujar el carro de la
justicia para que algún día ésta señora se
vista de luto por su muerte y se decida a lumbrar el futuro de este país,
su país y su pueblo por el que usted se jugó la vida. Mientras
tanto seguiremos en espera que ese momento llegue, que
jueces y magistrados, hombres y mujeres que tienen en sus manos el
voluminoso expediente, decidan seguir fomentando la impunidad, o ponerle
un dique aplicando la justicia condenando a los responsables materiales
e intelectuales que siguen en la sombra.
Se me olvidaba decirle que el Estado Mayor Presidencial sigue intacto
y fortalecido y que, como muchas otras promesas presidenciales, será
disuelto, pero hasta el momento, ni el Presidente sabe cómo ni cuándo,
ni está seguro si él disuelve el EMP o éste
disuelve su gobierno. Por eso le digo Monseñor ¡seguimos jodidos!
* Periodista.