GEOESTRATEGIA, CONFLICTOS ARMADOS Y PROCESOS DE PAZ
Posiblemente las tres regiones del mundo en donde tiene lugar la más intensa labor diplomática a favor de la paz, son Colombia, Medio Oriente y los Balcanes. En estas tres regiones del planeta se han perdido miles de vidas humanas y millones de dólares en daños materiales a raíz de conflictos armados entre Estados y al interior de ellos.
Muchos han sido los esfuerzos por pacificar esas zonas, incluso por parte de poderes extraregionales, pero realmente han sido pocos los resultados.
La problemática en los Balcanes y en Medio Oriente tiene sus orígenes directos hace casi cien años con la Primera Guerra Mundial. Mientras que el conflicto armado colombiano, el de más larga duración en el hemisferio occidental, ronda los cincuenta años.
Parece que en esas partes del mundo, el conflicto armado se ha tornado en costumbre puesto que más de una generación ha nacido, crecido y muerto en medio de la violencia que así se hereda de una a otra como algo “normal” e incluso necesario a causa de las necesidades de venganza, reivindicación y sentido del deber.
Sin embargo, hay que agregar a lo anterior que dicha situación
no quiere decir que no hay grupos en la sociedad que no deseen y trabajen
por lograr la paz.
¿Qué tienen pues en común los Balcanes, Colombia
y Medio Oriente? Evidentemente el conflicto armado y sus consecuencias.
Pero, como veremos, eso no es todo.
Junto con Albania, los otrora miembros de la ex Yugoslavia: Eslovenia, Macedonia, Bosnia-Herzegovina, Croacia y Serbia (en donde se encuentra la separatista Kósovo), comparten la mitad occidental de la península de los Balcanes, y todos han estado involucrados en los hechos violentos que marcaron la década de los noventa, justo al finalizar la Guerra Fría.
Esa región es una zona que une a Europa centro-occidental con Medio Oriente, pero también con las cuencas del mar Negro y del Mediterráneo oriental. De hecho, en distintas etapas de la historia, dependiendo del equilibrio de poderes en el área, los Balcanes ha sido más europeo o más perteneciente al Medio Oriente, o incluso a Rusia, en tiempos recientes.
Medio Oriente, algunas veces griego, romano, bizantino, árabe o turco, es el punto de encuentro no únicamente de una diversidad de civilizaciones, sino el nudo entre Europa, Asia y Africa, pero también entre Rusia y el Mediterráneo con el océano Indico, la puerta hacia el Lejano Oriente.
En menos de cien años incrementó su importancia por causa de la abundancia de hidrocarburos -indispensables para el proceso de industrialización mundial- que ahí han sido descubiertos y explotados .
Las guerras entre turcos y árabes; entre súbditos y metrópolis europeas; entre Irak e Irán, y otros conflictos menos conocidos ya quedaron en la historia.
No es este el caso de los conflictos árabe-israelí y aquél entre los kurdos con Turquía e Irak. De hecho, en años recientes esas confrontaciones se han acrecentado sin logros decisivos para ninguna de las partes.
En el caso de Colombia, en donde hay miles de personas colaborando con grupos rebeldes, algunos de los cuales mantienen incluso importantes cotos de poder, cuenta con notables factores estratégicos: es un país con litorales en los océanos Atlántico y Pacífico; es la puerta de entrada a la subregión andina que se extiende hasta el Cono Sur, y a la gran cuenca del Amazonas.
Tal diversidad hace a este país, puente entre el norte y el sur del continente, una zona rica en recursos naturales, entre los que sobresalen el petróleo, pero más aún, su capacidad agrícola para la siembra y cosecha de cultivos utilizados en la producción de narcóticos.
Como se puede ver, además de tener en común añejos conflictos armados, las tres regiones cuentan con un recurso estratégico: su situación geográfica. Esto es más que una mera coincidencia, pues dicha situación no facilita la pacificación por los muchos intereses que hay en juego.
El fin de las hostilidades no será bienvenido por todos, puesto que la situación de esas partes del sistema internacional atrae a las potencias globales, las cuales no querrán quedar fuera de su control y que entonces buscarán alianzas con los distintos actores involucrados en los conflictos armados. Así tenemos a Estados Unidos interviniendo en las tres, en su calidad de superpotencia única, y de sede de las más importantes transnacionales productoras de armamento que se nutren del conflicto.
Mientras que no pierdan su valor estratégico (lo cual ya ha sucedido en otras partes, como Cabo de Hornos, de donde el nutrido flujo de navegación entre el Atlántico y el Pacífico pasó al Canal de Panamá a comienzos del siglo XX), y el derramamiento de sangre, el terror y el radicalismo continúen en un círculo vicioso, no debería haber grandes esperanzas sobre su finalización.
La firma de acuerdos de paz no significara un cambio duradero en los
Balcanes, Colombia o Medio Oriente, en la medida que lo único que
se obtenga sea un cese al fuego, y no un resultado negociado en el que
las partes implicadas cedan y reciban. Esto es, la política como
alternativa a la guerra.
* Analista especializado en asuntos internacionales.