Periodismo


MONOPOLIO, UN RETO PARA LOS PERIODISTAS


Miguel Angel Albizures *

El gremio periodístico y la sociedad guatemalteca no pueden seguir viendo con indiferencia la existencia de monopolios que atentan directamente contra la libre expresión, al amordazar la información y el pensamiento, según conveniencia de los intereses económicos, políticos o ideológicas de su propietario. Cuando esto sucede, la libertad de informar, de analizar, de investigar u opinar sobre diversos aspectos de la realidad nacional, se ponen en grave peligro, lesiona la democracia y crea falsos líderes políticos.

Una democracia no puede funcionar con monopolios, porque éstos son la negación de la misma. El derecho a la libre expresión del pensamiento no puede ejercitarse cuando en los medios de comunicación social existen monopolios que se convierten en barreras para que los diversos sectores puedan expresarse libremente, salvo que sus posiciones coincidan con los dueños de esos monopolios donde se transmiten programas informativos.

Para los periodistas es difícil trabajar en medios que coartan su iniciativa y que les encasillan en mentalidades monopólicas. En muchos casos las noticias que ellos llevan no son del “agrado” de los directores o no van en la “línea” del medio, y eso los limita. Pero algunos también lo hacen por la estabilidad laboral.

Por eso, hoy es un reto para los periodistas el atreverse a hablar, romper el silencio, pensar que la profesión que eligieron les obliga a una responsabilidad pública que no es acorde con los frenos ideológicos. Es un reto entender que los monopolios y sus intereses también limitan el derecho de la ciudadanía de tener una información veraz y completa.

En los últimos meses, la población que lee y ve noticias, hemos asistido a múltiples ataques de los noticieros de televisión dirigidos contra Prensa Libre y el Periódico; hemos escuchado los señalamientos contra periodistas que han hecho un aporte a la sociedad y hemos guardado silencio o, lo que es peor, hemos entrado en duda sobre si todo lo que dicen es cierto o no, o si realmente existen o no existen monopolios que inciden en la radio y la televisión, es decir, que influyen en el pensamiento y el posicionamiento de la opinión pública.

Todo el lío y las acusaciones empezaron cuando se le puso el cascabel a los 24 gatos del Congreso de la República que violentaron la ley de bebidas, que se burlaron del pueblo al recibir la orden del señor vicepresidente para que rebajaran los impuestos a como diera lugar, y se inventaron un fondo de revisión sin haberlo presentado al pleno del Congreso. Es importante recordar que la prueba más contundente la presentó una periodista de Prensa Libre, después que los delincuentes que anidan en el Congreso habían desaparecido todas las evidencias.

Los ataques continuaron después que estos medios escritos investigaron y publicaron evidencias de corrupción en algunas esferas gubernamentales. Y recordemos las agresiones directas contra el Periódico, en la cual se probó la presencia de funcionarios públicos que fueron protegidos por los delincuentes políticos. Estos son elementos suficientes para que, cualquiera con dos dedos de frente, se dé cuenta del trasfondo que tienen los ataques.

Pero para la sociedad civil organizada también hay un reto importante: dejar la indiferencia y el miedo por un lado, y no pensar en que le negarán los espacios en los medios televisivos si se pronuncia contra los ataques a la libre expresión del pensamiento. Hay una cuestión ética a la que estamos obligados todos los guatemaltecos y guatemaltecas: los funcionarios públicos tienen que rendir cuentas al pueblo y, cualquiera que denuncie los malos manejos, está haciendo una labor ciudadana.  No permitamos que se sigan acallando nuestras voces y denunciemos a quienes pretenden poner entredicho las investigaciones, denuncias o informaciones que se dan sobre el comportamiento de los funcionarios, porque ellos tiene una larga cola que les pisen.

* Periodista.

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