SIN LUZ Y CON LOS BURROS EN EL AGUA
Candido Grzybowski *
Brasil vive un momento crítico, en un cierto sentido revelador de los impasses registrados en la construcción democrática. Como un movimiento profundo que oscila a la superficie, no da para evitar lo que viene por ahí. Confuso, así es, pero algo que hace oscilar y cambiar. Se tiene la impresión de estar en medio de una densa neblina, casi noche, sin mucha luz. Literalmente, después, mucho después, no tendremos mucha luz, con los apagones programados. El miedo que la corrupción sea investigada solo pierde en tamaño ante la incompetencia -¿o algo más?- de la cuestión energética, que nos está llevando al racionamiento de la electricidad.
La sensación es la de estar con los burros en el agua. O se cambia algo, o no hay travesía posible. Falta energía, inclusive, para el propio gobierno. Estamos delante de un cuadro de pocas alternativas. El uso de todo el arsenal del poder para comprar lealtades y evitar la instalación de la Comisión de Investigación Parlamentaria (CPI) de la corrupción parece el final de un gobierno en franco proceso de desmoralización.
De un lado, denuncias de corrupción de todo tipo. ¿Solamente denuncias? ¿Por qué, entonces, no las investigan, y se pone todo en limpio? De otro, la falta de electricidad. Esta es muy real, incluso habiendo sido postergada la demostración de su gravedad. Aceptar, como los artífices de la política macroeconómica lo hicieron, las imposiciones de los organismos multilaterales sobre la buena política de desarrollo no es, en sí, un acto de corrupción. Pero es grave. En el caso de la electricidad, tenemos ante nosotros una demostración práctica de cómo la sumisión de nuestra política macro a los dictámenes de la globalización puede herir la capacidad vital del país. ¿A qué precio se ha estado haciendo esto para el bien público y la democracia?
El gobierno no quiso ver o no puede ver lo que sus propias políticas y prácticas fueron sembrando. Ahora busca prorrogar lo que ya parece obvio. ¿O alguien ya olvidó que un importante capítulo de las sospechas de corrupción tiene que ver con todo lo que se refiere a la privatización, sector energético incluido? El hilo que une la crisis energética y la corrupción parece de alta tensión, con el riesgo inminente de un corto circuito.
Etica en la política
Más allá de todo, empero, importa tratar de ver en medio de la oscuridad y entender por dónde podemos ir. Pienso que la lucha contra la corrupción tiene, sí, un gran potencial transformador. Puede significar la superación de una etapa en la difícil democratización del Brasil. La lucha contra la corrupción brota como ansia en amplios sectores de la población. Ella parece querer apresurar el fin de algo, que se resiste a acabar, y el comienzo de otro proceso, que es todavía frágil para afirmarse. Ahí está el impasse.
La cuestión de la ética en la política, en Brasil, se instaló con fuerza después de la Constituyente. A decir verdad, ella fue madurando durante el proceso constituyente, con la definición de derechos y la modelación de la institucionalidad política democrática. Por eso, entre nosotros, la ética en la política recuerda inmediatamente los valores y códigos de conducta directamente relacionados a la democracia. Ella viene y va, cambiando y, al mismo tiempo, enfocando sobre viejas prácticas y procesos políticos. Fue la ética que defenestró a Collor. Y será la ética, una vez más, la que, independientemente de CPIs y de casaciones, va a establecer nuevos límites al patrimonialismo y clientelismo en la política brasileña.
Los análisis políticos, muchas veces, se rinden fácilmente al pragmatismo que comanda el ejercicio del poder. Se acaba menospreciando o hasta olvidando la fuerza de la motivación ética en las relaciones humanas. Su ritmo y sus momentos son otros que los del poder, mas son los valores éticos que embalan movimientos profundos y transformadores de la sociedad. Basta ver, por ejemplo, la capacidad de convocatoria que tienen los valores universales de la libertad e igualdad humanas. Con la energía colectiva que despiertan, tales valores pueden gestar verdaderas revoluciones sociales. ¿Y qué decir de la solidaridad, otra gran motivación ética? Aquí en Brasil mismo tenemos la poderosa campaña de Acción de la Ciudadanía contra el Hambre y por la Vida como ejemplo reciente, que dejó marcas profundas en nuestra cultura política.
No creo que sea posible resistir a la aspiración de la sociedad brasileña por más ética en la política. Estamos en un momento en el que la búsqueda de luz es vital, sea la que da transparencia a las relaciones y prácticas políticas, sea la que explica porque no tenemos electricidad para iluminar nuestras noches y darnos confort, en el trabajo y en el hogar. El gobierno de Fernando Henrique Cardoso puede seguir maniobrando durante los 17 meses que le restan. Pero la situación estallará más adelante con toda su fuerza, como es propio de las convicciones humanas que nos permiten vivir, a pesar de la tamaña desigualdad en la diversidad que nos caracteriza. Esta luz brota de dentro, de la consciencia.
Puede ser comprada a unos, pero muchos -ciudadanas y ciudadanos del Brasil-
jamás venderán su dignidad. Y la búsqueda continuará.
* Sociólogo y director del Instituto Brasileño de Análisis Socio Económico.