SOY LA PRIMERA Y SOY LA ÚLTIMA
Mónica Maristain *
Soy la primera y soy la última
en llegar e irme de las fiestas
como perfectos desconocidos
nos juntamos
nos mecemos
y a causa del licor barato
pronunciamos un ve tú a saber
que suena como un grito con sordina
en la oreja del décimo invitado
Te llama la atención ese hombre
que se droga en el patio
bebe cerveza en una copa colorada
pero jamás se quita su saco marrón
se dirige hacia ti con pasos de marioneta
escabulléndose dirías
sus ojos pequeños parecen los de un sapo
su sonrisa sin labios te hace recordar a un mendigo
es el primero y es el último
en vociferar que le gusta Génesis
te llevarás de él un viento inmaculado
el fantasma de alguno que no está donde dice
permanecer
La velada transcurre sin testigos molestos
apoyas el culo frío en la mesada de la cocina
como sí tu casa fuera
ignoras por un rato que no tienes hogar ni nación
que hace tiempo perdiste el pasaporte
que no puedes saber el año en que naciste
ni el sitio donde madre acunó tu pavura al helado de
fresa
de pronto
el rostro sangrante de un convidado preocupa al
anfitrión
las muletas de un calvo estrellaron su furia en
Federico
y ve tú a saber por qué en la madrugada
te sales a la calle y lamentas no haber traído
los guantes de boxeo
o aquel bate de béisbol que te obsequió papá
¿Eres acaso un triste tigre sin domar
cuando la ruta de tu alma persigue
un paraíso entre autos sin matrícula
y rostros impiadosos de enemigos sin nombre?
* Poeta y periodista. Nació en Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos, Argentina. Hija de albañil y de mujer de ojos turquesa. Aprendió a leer juntando las letras de los titulares del diario Crónica, a edad muy temprana. Cuando era niña lloraba si perdía River, atrapaba bichitos de luz en las noches y comía moras negras a escondidas de sus padres. En su primer poema usó la palabra sacrilegio, cuyo significado todavía desconoce. Lee a Montale, a Eliot y a Pessoa sólo para saberse minúscula. Escribe a causa de una fatalidad que muchas veces le resulta inverosímil. Si no fuera por la música, no la salva ni Tarzán.