HAY AJUSTE Y EMPEZAMOS DE NUEVO
Afredo Carazo *
Ahora sabemos un poco más dónde estamos parados. Anunciaron que este es un país en crisis –hay que tomar nota- y por ello, la Argentina no tiene más crédito y “no podemos seguir viviendo de prestado”, por lo que tenemos que ir “al déficit cero” como un “esfuerzo patriótico”. Lo que los argentinos nunca supusieron llegó finalmente. El ajuste cruzó los umbrales de la economía, dejando atrás la época de bonanza y de esto se convenció el Gobierno.
Puede sonar irónico, pero... el presidente Fernando de la Rúa, asumió –sin decir a quién se refería- que “acá el que manda es el jefe”. Además “hay un solo camino...y el que diga lo contrario miente... porque estamos en un camino seguro”. Lo mismo se dijo con el “Blindaje 2001”, con el “megacanje”, con el “empalme” hace pocos días. Este país vivió de prestado durante décadas. En 1976 cuando los salvadores de la Patria asumieron debíamos apenas 6 mil millones de dólares. No podía ser admitido por quienes viven de lo que producen los demás. Por eso hoy debemos lo que debemos, y se nos carga con la responsabilidad de subsanarlo.
A todos. Hasta a los que únicamente tienen como patrimonio su humanidad deprimida.
Para los organismos financieros y para quienes detentan el poder real, un país con deuda no es inviable, lo inverosímil es que no deba nada o deba tan poco que tenga equilibrada su balanza. Los usureros hacen negocios con quienes no tienen, y cuanto más les deban más ganan. Por eso las entidades financieras son el gran negocio, porque en la globalización han adaptado al modelo como un afluente de sus propios intereses. Claro que tomando en cuenta los riesgos propios de todo negocio.
Los argentinos entrampados en este círculo vicioso nunca pidieron esos créditos. Millones de desocupados y marginados no pueden vivir de prestado. Nadie les presta, porque nada tienen y nada representan. Descubrir ahora que somos dependientes suena a grosería. Y que se nos quiera hacer creer que quienes nos llevaron a este desastre, se convirtieron de pronto en adalides de la nacionalidad, es mucho más desvergonzado. Porque esto no es una puja entre economistas mediterráneos, del CEMA, de FIEL y de otros cenáculos similares.
En realidad todos piensan lo mismo, sólo discuten y proponen metodología. No se conoce a ningún ministro de Economía que no le haya ido a explicar sus intenciones primero a los financistas internacionales y luego a los banqueros locales. El ministro de Economía de Argentina, Domingo Cavallo, es un recurrente y genuflexo cliente de esos centros de poder. Su historia es conocida, y aunque para algunos políticos se les antoje distinto sólo es cosmética. Finalmente queda al descubierto que nada ha cambiado. El único mercado existente hoy en la Argentina es el financiero. Mercados internacionales no tenemos porque es muy poco lo que exportamos, y al mercado interno se lo comió hace años la recesión. Entonces todo esto suena más a seguir “empaquetándonos”
Patrioterismo NO
Recurrir al “patrioterismo” muy pocas veces dio resultado en la Argentina. El concepto de Estado-Nación incorpora además de una identidad, la mirada puesta en un destino común a construir colectivamente. Y eso se hace desde la política y desde la ideología, nunca desde la economía. Los intentos han sido escasos y toda vez que lo nacional y popular pretendió abrirse camino, fue desarticulado. Muy atrás no hay que irse. Algunos de quienes en la última década postraron más al país, todavía están en el ejercicio del poder. Son los que desnacionalizaron todo porque había que incorporarnos a la modernidad. Los que privatizaron el régimen previsional, dirigiendo el producto del trabajo argentino hacia consorcios financieros asociados que hoy le prestan plata al país, con el argumento de que en el futuro habría jubilados con grandes ganancias. Los que rebajaron los aportes y contribuciones que debían pagar las empresas de servicios privatizadas, para que pudieran exportar jugosas y multimillonarias ganancias a sus países de origen. Ahora que el festival del despojo está amenazado seriamente por el incendio social, Cavallo nos dice con cara de póquer que “tenemos que reconocer la realidad”. Es increíble y ofensivo escucharlo como si fuera en una tribuna política.
La realidad a la que se refiere el ministro es el nuevo ajuste que permitirá pagar los intereses de la deuda primero –“a rajatabla”- y, finalmente, con lo que queda, el país deberá vivir. El esquema –al que se le agregará una mayor rigidez represiva- ha sido orientado desde los círculos financieros locales asociados a los internacionales. Los dueños de los bancos exigen mayor ajuste, endurecimiento en las metas fiscales, como única garantía de cobrar, y “mano dura” –“cumplimiento de la ley”- para seguir lucrando sin mayores sobresaltos, para no ver amenazadas sus ciudadelas fortificadas, por los excluidos del sistema. A este poder se recurrió para vender bonos del Estado, tentándolos con una “tasa patriótica”, que estimaron generosamente entre el 14 % y el 16 %.
El presidente de la Nación, mal que nos pese, se quedó en la intención de ser jefe. El país seguramente se encolumnaría, si se le demostrara a propios y extraños que de verdad se quiere gobernar. Y a quienes habría que hablarles es a los acreedores internacionales, y decirles que hasta que no tengamos déficit cero -lo que supone también darle trabajo a los argentinos en una política de inclusión- el país no puede pagar ni siquiera los intereses de la deuda externa. Total, créditos ya no hay, tampoco nos compran porque nuestros precios comparativos no son atractivos. No pueden embargarnos nuestros aviones, porque fueron enajenados vilmente. Cuando uno no tiene nada y debe, el problema pasa a ser del acreedor. Pagar hay que pagar, el tema es cuándo y como. De todas maneras, sin reactivación del mercado interno, no hay recaudación –porque a los ricos no se los toca- y en consecuencia dentro de poco tampoco podremos pagar.
El presidente convocó “a resolver el problema de la Independencia”.
El radicalismo respondió que “no vamos a ser abogados de ideas que
no compartimos”. Para que la convocatoria tenga respuesta hay que pensar
de otra manera. Propuestas hay, falta voluntad política. Son muchos
los que exigen que el ajuste lo paguen los que más tienen, y se
discuta un pacto político en serio. Como dijera un obispo el “ Día
de la Independencia”, habría que dejar de mirar tanto el “riesgo
país”, para mirar al “país en riesgo”.
* Periodista.