México


EL FOBAPROA Y LOS NEGOCIOS EN EL AIRE


Guadalupe Elizalde *

El titular de la Secretaría de Gobernación, Santiago Creel Miranda, dijo hace poco que el gobierno y quienes resulten responsables tendrán que asumir las consecuencias políticas de reabrir el paquete del rescate bancario. Que los defraudadores, de resultar culpables en las indagatorias que realizan ya diputados y senadores, tendrán que asumir las consecuencias.

Las iniciativas de ley, por su parte, duermen el sueño de los justos esperando que lleguen al fin los tiempos en que serán estudiadas, aprobadas, modificadas o devueltas. El alegato es simple y se ha convertido en una especie de leyenda que se aplica a casi todo: Los legisladores darán prioridad a lo que consideren “las justas demandas sociales”; es decir, al esclarecimiento de algunos hechos cuyo turbio pasado cae como anillo al dedo en esta transición, que mucho tiene de politiquería económica y poco de construcción de un país moderno y con miras al futuro.

La Asociación de Banqueros tampoco se opone a la apertura del expediente Fobaproa, pero advierten que todo podría quedar en un gran chasco, pues los informes que entregó la contaduría canadiense a la Cámara contienen un buen número de acciones cuya prescriptio legis las hace materia inútil para el derecho. Además, como ya hemos insistido en este espacio, el fondo, lo que arrojó una cobija sobre las operaciones bancarias realmente delictivas, no está allí. Se diluyeron en arreglos de palacio, en visitas privadas, en pedimentos y ayudas gubernamentales de palabra, para que no llegara en el futuro un contratado Michael Mackey a poner a ciertos funcionarios de cabeza en la cárcel. Visto así, la “voluntad política” mostrada por todos los grupos parlamentarios, de nada o de muy poco servirá, a no ser por la vuelta a la mesa pública de ciertos nombres sobre los que podrá pesar un “juicio moral histórico” para el resto de sus millonarias vidas, o sea, un motivo más para seguirse riendo de los mexicanos.

El detonador para llegar al acuerdo nacional de abrir la panza del Fobaproa fue, curiosamente, el anuncio de la fusión de Banamex con el Citigroup, y la determinación que éste último no quedara como beneficiario directo de los pagos que por más de 30 años habremos de hacer al erario, además, agradecidos de nos hayan rescatado como ahorradores a causa de los malos manejos de los banqueros que, antes y ahora, siguen haciendo negocios. Si se revisan las declaraciones de Jorge Lankenau , hay motivos para sospechar que dicho rescate no fue parejo, y en ese paquete entra Banamex. Sólo que para encontrar nombres y transacciones tendrían que remontarse al pasado, sin perderse en la parte técnica de los informes que pudiera ser “impecable”, e ir directo a las violaciones legales, aconsejó un sabedor a esta columna.

Por ejemplo, sería muy interesante que los legisladores investigaran cómo se otorgaron los créditos para la compra de los bancos y cruzar con esta información, qué funcionarios del Gobierno zedillista se hicieron a la sombra de quiénes. Por ejemplo, no sé si sepan que el secuestro de Alfredo Harp Helú causó una crisis de mandos en la dirección de Banamex, y que uno de los “errores” cometidos por el banco fue el pago de coberturas apostando a que el peso no se devaluaría.

La crisis de 1994 trajo la quiebra a muchos negocios, pero sólo a los amigos se les hicieron quitas de entre 20 ó 30 millones de pesos. En otros casos, cuando un socio quebraba, recurría a los autocréditos violando las leyes de garantía. Otros sujetos a invertigar son los interventores que ingresaron a trabajar en los bancos; revisen los salarios que se adjudicaron. Por cierto, uno de ellos, tenía la costumbre de llegar a su oficina después de jugar golf- lo que no es extraño-, pero presumiendo los palos de “El Divino”. La filosofía del rescate bancario no fue negativa, lo malo fue el uso que le dieron.

* Periodista.

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