EL CUATE DE LA AEROSTAR
Carlos Andrade *
Alejandro fue referido al Pastor por el hermano Rosales de Villa Nueva. Parece que lo conoció en una campaña de salvación y sanidad divina, y él aceptó al Señor esa vez, y comenzó a frecuentar la iglesia desde entonces. Y como a todo converso, se le hizo sentir en una nueva, grande y amorosa familia, (especialmente a él, que vivía solo allá). El se sintió gozoso de haber entregado su corazón al Señor Jesús. Era muy activo en la iglesia, daba su testimonio con tanta convicción que derrumbaba a los pecadores, hacía decidirse a los indecisos y también cuestionaba a los antiguos conversos (aquellos que creen que con haber levantado la mano una vez, llevar la Biblia de desodorante y llegar una o dos veces a la iglesia, ya aseguraban la visa para el cielo). Le tomó un amor a la palabra de Dios, que compró rápido una Biblia "Dios habla hoy" (de esas que traen dibujitos) y no se perdía el estudio bíblico, y cuando no entendía algo, preguntaba hasta que le quedaba claro.
Conoció todo lo que era desagradable ("abominable" aprendió a decir) a Dios. Aprendió que la música del mundo alababa a Satanás (adiós Tigres del Norte, Fugitivos, Bronco "et al"), que bailar es igual de pecaminoso, (pero para no perder la costumbre "danzaba" en el templo igual que David, cierto famoso rey hebreo), que el guaro (licor, en adelante) y el cigarro son diabólicos. Le dijeron que adorar imágenes no es cristiano (únicamente que no le explicaron la diferencia entre adorar y venerar ¿a saber por qué?), que los Testigos de Jehová y los Mormones no son técnicamente cristianos, etc. En fin, inició su proceso de conversión. Luego regresó a vivir en la zona 18, de donde era originario.
El vivía con su mamá en la colonia Atlántida, pero nadie supo por qué se había ido de allí. Pero volvió, y fue la novedad para la mara; y es que él era un patojo normal. No terminó el básico, se dedicó a trabajar haciendo zapatos en el taller de su tío, los fines de semana se echaba las frías y también los tragos (por cierto, nunca hizo relajo ni se peleaba). Era bien responsable, siempre se reportaba con el plante de su ruca. En el brete (lo que en español ortodoxo significa trabajo) a veces se rateaba tachuelas, pegamento o cositas así, pero era un buen muchacho. Fue hasta después que llegaba chileriando con carros que desaparecían el mismo día. Nadie sabía donde trabajaba, pero le iba bien.
Cuando regresó, la mara no creía lo que veía. Cambió los tenis por mocasinas, los pantalones de lona por los de vestir, las playeras negras de Metállica, Héroes del Silencio y la WWF, por camisas manga larga, el corte hongo (peinado de pipe dice el Iván) por "corte de hombre" y se había volado el arete.
- ¿Y este, qué ondas muchá?
- ¡Púchis! ¿andás de burguesito, vos?
La que más se extrañó fue doña Mina -su mamá- que abrió los ojos como platos, tiró el trapeador, se limpió las manos en el delantal (movimiento mecánico de las amas de casa) y caminando hacia él le dijo: -Mijo, ¡qué bien te miras! ¡gracias a Dios y la Vírgen santí...(allí fue el cortón) aquel le echó todo el rollo antimariológico de las sectas (¡perdón! Grupos religiosos cristianos) y dejó con la boca abierta a doña Mima, que ni le entendió y menos aún, le hizo caso, pero estaba feliz de que su patojo hubiera regresado. En la noche se fue para la iglesia y se presentó ante el hermano Andrés, el pastor de la congregación. Se integró a la comunidad. Había aprendido a tocar el teclado y fue una gran bendición (además, el hermanito que lo tocaba no era precisamente un virtuoso)
Su testimonio convincente hizo mover a más de un corazón de piedra e hizo dar el paso final a los nuevos conversos. Siguió profundizando en el estudio de la Biblia. Cuando se encontraba en la calle, en el bus o en el mercado (tomando atol) a algún hermano lo saludaba diciendo:
- ¿Qué dice el Señor Jesús, hermano?, lo que la primera fvez fue tomado a bien, pero después, ¡cada vez era lo mismo! ¡ya caía mal!.
El se aplicó en llevar una vida !muy santa! Diría yo (dentro de su concepción): no volvió a tomar, fumar, bailar, escuchar "música mundana", era asiduo a las reuniones del templo, estudiaba la Biblia, oraba, cumplía con sus responsabilidades, empezó a predicar y lo hacía bien (siempre le habían dicho que era pajero), era un buen cristiano. La congregación (algunos miembros empezaron a admirarle y a comentar su ejemplo, lo que no fue de todo el agrado de los líderes, que se veían cuestionados por la conducta del hermano Alejandro (¿a saber por qué?).
Si bien es cierto que alguno por ahí, había hecho su pístillo desde que estaba al frente de la iglesia, que había arreglado la casa, tenía carro y vivía muy bien, pero no eran cosas para escandalizarse. Pero de todos modos lo toleraban, es más hubo quienes lo promovieron, lo mandaron tiempo después a un instituto teológico de donde salió bien preparado. Luego se convirtió en una especie de evangelista itinerante. Se iba con un pequeño equipo al interior del país donde las iglesias lo invitaban. Y daba buenos frutos. Tuvo especial éxito con los que se habían retirado de las iglesias, lo que agradó mucho a los pastores locales. El se sentía contento, pues además de su éxito religoso-personal, económicamente no le iba mal. Se afanó en dar el diezmo, lo que arrastro a la congregación a hacer lo mismo.
Doña Mima estaba contenta. Había hecho mejoras en su casa: tenía calentador de agua (porque es muy aburrido levantarse a poner la olla en la estufa, esperar que hierva, llevarla al baño, etc.), cambiaron el inodoro, pusieron cielo falso (de plywood pintado de blanco), compró varios ponchos nuevos, etc. Lo único era que la viejita no se convertía, seguía apegada a ir a misa - cuando la invitaban - y a los rezos, a pesar de que su hijo la acosaba constantemente por lo que también, constantemente discutían. Aquél, llegó incluso a decirle que si no se convertía (a su iglesia ¡claro!) se iría directo al infierno. La viejita se ponía a pensar, pero algo le decía que la cosa no era tan simple.
El hermano Alejandro seguía siendo un ejemplo, pues había dejado el alcohol, el cigarro, la música, los bailes, lo medio ratero, y cosas peores decía el (nunca dijo cuales). Lo era para los jóvenes, pues a sus 28 años no se había casado y no se sabía que anduviera molestando a patoja alguna. No era del todo feo, es cierto que era medio dientudo, pero por lo demás no era feo. Era alto, delgado, pelo bien recortado, y como casi siempre andaba entacuchado, se le miraba bien. Gracias a lasa ofrendas de los hermanos en las campañas y misiones, logró comprar un Nissan Sentra 85 que no estaba mal, ¡muy diferente a los carrasos con los que chileriaba antes! (claro, a la par de la minivan nuevita del pastor, dejaba mucho que desear). Era un ejemplo para los más antiguos de la iglesia, que parecía que ya habían perdido el entusiasmo y vivían el letargo cómodo de haber entregado su alma al Señor desde hace muuuucho tiempo, tanto que creían tener ganado el cielo ipso facto. Su vida cuestionaba a los de la iglesia que pensaban que con ir al culto del domingo o al servicio del miércoles en la noche, era suficiente para ir al cielo.
Alguien de la iglesia central le dijo que debería trasladarse a otro lugar, (parece que esa colonia de obreros explotados, niños desnutridos, madres solteras, empleados mal pagados,. Indígenas marginados, desempleados hambrientos, bolos, drogadictos y mareros, no era para él). Le comentó la idea a su mamá, pero a la doñita no le hizo mucha gracia, pues ella, pobre como era, no se sentiría bien en una colonia residencial de gente fufurufa, que cuando lo miran a uno se hacen para un lado y menos lo vana saludar. ¡Definitivamente no! que si querría él, que se fuera, ella se quedaba entre los pobres de su colonia. YU así fue.
Llegó a la iglesia central y fue recibido con entusiasmo. Estuvo a cargo de la predicación de esa noche y a cada momento arrancaba de la multitud: ¡amén!, muchos ¡gloria a Dios!, y aún más ¡aleluya!, pues el predicaba con poder( es decir, gritaba, lloraba, saltaba y hacía gala de sus capacidades istriónicas - les dejo de tarea esa palabrita).
Parece que trabajó mucho en la obra. Salía temprano y llegaba tarde. Se mataba mucho en eso de dar cursos, ayudar en el pastoreo, predicación, alabanza, etc.
La gente le tomó mucha confianza y cariño, pues acudían a contarle sus problemas, y él tenía un consejo y una cita bíblica en la punta de la lengua para cada caso; y la gente regresaba más tranquila, con más fuerza y pensando en ofrendar más. ¡Gloria a Dios!
Todo iba bien, hasta que la hermana aquella,
de muy buena presencia y, aún mejor chequera, le contó su
problema: No había logrado perdonar, y hasta deseaba el fuego del
infierno para un tipo, pues éste había matado a su esposo
hacía un poco más de dos años, y la había dejado
con dos hijos, uno de ellos, cuando aún tenía pocos meses
de edad. Después que le contó la historia, Alejandro entró
en un estado de shock. Se dio cuenta que ella era la mujer de aquel cuate
que se resistió a que le robaran la Aerostar, allá en la
zona 11, y que él había mandado al otro lado ¡cuando
no era cristiano! (2-10-1997)
* Escritor guatemalteco.