Guatemala


PEOR QUE EL ÁNTRAX


Yolanda Díaz *

Un virus más destructivo que el ántrax se esparce en Guatemala.

El origen de la enfermedad se encuentra en el gobierno del país y un sistema político que otorga amplia discreción a los funcionarios a la hora de la toma de decisiones. Las consecuencias del abuso de poder sin límites que permite esta discrecionalidad saltan a la vista: corrupción, impunidad e injusticia.

El virus, llamado ántras (gobernantes a-trás del dinero de los gobernados), produce una inflamación confluente de varios dolarucos pillosos en cuentas monetarias cifradas en las Bahamas, propiedad de algún estafilococo-politicus (cualquiera de las bacterias de forma redondeada que se agrupan en partidos).

Las complicaciones locales que esto genera en la economía de las personas productivas son generalmente graves, y recaen sobre todo en personas en extrema pobreza (enfermedad causada por un desorden de falta de trabajo como consecuencia de la escasa inversión de capital, que se caracteriza por la desnutrición y la eliminación excesiva de oportunidades. Suele producir enflaquecimiento, sed intensa y otros trastornos generales).

El virus maligno que genera este caos es portado por gente propensa a pensar y obrar mal, en especial cuando administran fondos públicos y deciden por los demás sin asumir la responsabilidad de las consecuencias de sus acciones.

Es un mal de índole perniciosa (grave, dañino y perjudicial). Lamentablemente, es una enfermedad que evoluciona de modo desfavorable y degenera en un tumor en el espíritu ciudadano. Es una especie de carbunco: un trastorno virulento (destructivo de la vida, la libertad y la propiedad), ocasionado por un oportunismo, propio de la naturaleza demagógica. Se alimenta del discurso ardiente, sañudo, ponzoñoso y mordaz en sumo grado, que escupe pus y podre: putrefacto, que contagia el alma y divide al pueblo.

La amenaza bioestatista, es confirmada por la presencia de ántras en las reformas fiscales promovidas por el gobierno, y en leyes ilegítimas emitidas por el Congreso de la República. La población vincula a Osguayo Wey Laden con la proliferación de la bacteria. La escasez de empleo, en ascenso, provoca que muchos prefieran emigrar en cadena a la Florida, en Estados Unidos. Los actos anómalos y oscuros de los burócratas, dados a conocer por los medios de comunicación, confirman lo que todos sospechan: en Guatemala son positivas las pruebas del ántras.

Este caso no es nuevo en el país centroamericano, sino todo lo contrario: ha sido común en sus gobiernos. Sin embargo, en el régimen actual, los niveles de infección han sobrepasado lo imaginable.

En cualquier caso, el sentido común recalca la importancia de transmitir tranquilidad a la población, ya que, por una parte, se debe mantener la cabeza fría sobre los hombros, y por otra, es necesaria la intervención organizada de la ciudadanía para fiscalizar a los gobernantes y combatir el ántras.

Gran cantidad de los habitantes del país practican la evasión y elusión como medidas lógicas para, al menos, detener el avance del mal.

No obstante, es necesaria una participación que vaya más allá de las acciones mencionadas: se necesita un cambio radical en la mentalidad de la gente que permita acabar con el sistema mercantilista e intervencionista que crece bajo el manto del Estado Benefactor. Entonces, las y los guatemaltecos podrán creer, efectivamente, que es posible erradicar el ántras del país.

Mientras, continúe atento a la evolución del terrorismo fiscal, otra consecuencia del ántras, y no se deje amedrentar: únase a algún grupo ciudadano que promueva la responsabilidad individual y la limitación del poder de los gobernantes.

Arriba Guatemala: terminemos con el ántras en nuestro país.

* Periodista.

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