Economía


USURA E INTERÉS COMPUESTO


Rodolfo Brieba *

Un 25 de diciembre, hace 2001 años atrás, Cristo nació en Belén en un humilde establo de aquella desconocida aldea. Sólo unos rudos pastores lo adoraron en el pesebre en una carencia material casi total.

Mientras tanto, uno de los mesoneros que no encontró lugar para María y José, efectuó una operación comercial: prestó un kilo de oro a un interés del 6 por ciento anual directo.

No sabemos que aconteció con dicho préstamo, pero si el deudor quisiera cancelar la operación debería devolver en oro el equivalente a: 120,06 (1).

Esa misma jornada otro posadero de Belén, en iguales circunstancias, prestó otro kilo de oro con un interés del 6 por ciento anual capitalizando anualmente. Tampoco sabemos la suerte de dicho mutuo, pero en igual caso el deudor hoy debería pagar: 433,547,209,047,401,000,000,000,000,000,000,000,000,000,000,000,000.00 (1).

Tal cifra hoy nos parece inexistente, inmanejable, irreal, innombrable... casi diría infinita en el plano de la realidad.

Pero no el de la abstracción, que es el ámbito donde se maneja la matemática financiera. Luego, tenemos una categoría virtual como el interés que pretende (y lo hace) insertarse en el marco de la categoría real de las personas y las cosas.

Dicha abstracción destruye la realidad: es la usura.

Y cuando se dice usura no se hace mera referencia al interés alto, sino a cualquier interés, por más bajo que sea.

Y ello por cuanto el interés es una abstracción que de por sí nada real puede generar, sino otra abstracción. Nada puede crearse en la categoría de la realidad, pues constituyen planos distintos y nadie puede dar lo que no tiene. Salvo artificio mediante.

Cuando el interés ingresa en el marco de la realidad, sabemos que la está destrozando o, por lo menos, deberíamos tener conciencia de ello. El prestamista lo sabe. Pero el prestatario no. Allí está el engaño, la defraudación, la estafa, la ilicitud.

La “mise en scene” o teatralización que permite tal delito de lesa humanidad, lo constituye el andamiaje de las ideologías o pensamientos sofísticos o tergiversaciones que pretenden justificar tal institución y aquellos métodos.

Cristo transcurrió 30 años en un retiro espiritual, para luego salir por Palestina a anunciar la nueva noticia ratificando el “con el sudor de tu rostro comerás el pan” fundamentando en el trabajo la sobrevivencia del hombre.

Pero nunca dijo que “ganarás la riqueza con el fruto del dinero”.

Tanto es así que el islamismo también sostiene la prohibición de la usura o el préstamo a interés. Dicho principio fue uno de los que hizo que el Islam se popularizara y se expandiera por Medio Oriente y África, cuyos pueblos estaban sometidos por los prestamistas.

La religión judía prohíbe el préstamo a interés entre judíos, aún cuando dicha prohibición no alcanza a los demás. Los reyes y jeques árabes a partir de 1973 siguieron este último camino al promover el préstamo de los petro-dólares excedentes en connivencia con el capitalismo financiero mundial.

Este último impuso los créditos compulsivos que hoy constituyen la burbuja financiera. En pleno siglo XXI experimentamos las consecuencias nefastas del interés compuesto en lo que comúnmente se denomina “deuda externa”, que en el caso argentino es fundamentalmente “deuda pública” (en 1981 la etapa militar del “Proceso de Destrucción Nacional”, absorbió la privada).

La matemática financiera y la técnica defraudatoria son las bases de una cuantiosa deuda que jamás podrá pagarse (al menos extinguirse en moneda). Ello así, por cuanto el interés capitalizado genera una burbuja financiera que se retroalimenta, con la imposibilidad de pago de aquellos frutos espurios.

El ejemplo del segundo posadero, aún llevado a unas pocas décadas atrás, así lo demuestra. Máxime cuando los llamados “planes de canje” importan una doble capitalización no sólo de los intereses, sino del propio capital, por cuanto los bonos canjeados lo son al 100 por ciento nominal de su valor, cuando el valor de plaza ha sido y es muy inferior (12 por ciento en épocas del plan Brady y 30/40 por ciento en tiempos del canje Cavallo-versión 2001).

Cuando las ganancias de las empresas han disminuido a un porcentaje de 1 dígito, mal pueden tomar préstamo a 2 dígitos. Sólo prolongarán su agonía o terminarán en poder del acreedor (como la libra de carne exigida por Shylock).

Es por ello que una economía sana exige un sistema financiero sano. Y, por tanto, la imperiosa necesidad que se articule el “préstamo sin interés” o “crédito social”, como política fundacional de un Estado soberano y de un Pueblo libre.

Nota:

1.- Cálculos requeridos al estudio Vera-Arévalo, especializado en aquellos.

* Periodista.

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