ENTRE PROMESAS, MILAGROS Y BRUJOS
Decir “Día Internacional del Migrante” en los cruces fronterizos de la República Mexicana, conecta la memoria con un símbolo de los tiempos.
En primer término porque cuando del centro hacia el norte decimos frontera, casi nadie está pensando en el sur. Allá las cosas no son más fáciles para los centroamericanos que, intentando llegar a Estados Unidos, se enfrentan con autoridades y merodeadores dedicados a quitarles lo poco que cargan, sin excluir de estos bienes temporales la propia vida.
En el norte y en el sur, para los “polleros” la vida humana y su voluntad de emigrar son mera mercancía. Nada más.
El presidente de México, Vicente Fox, viajó hasta dos cruces, el de Laredo y el de Tijuana. En el primero, dado el cúmulo de quejosos que allí lo esperaban, decidió dejar de lado el discurso oficial para acercarse a la gente que acumula quejas por extorsión, maltrato, engaños y robos por parte de las instituciones y policías que deberían recibirlos con los brazos abiertos; si no por el hecho de ser hermanos, es decir mexicanos, por lo menos porque ellos y ellas contribuyen con el presupuesto con una parte significativa del PIB nacional, tan necesario ahora que falta todo y las urgencias sobran.
Fox prometió dar seguimiento a las quejas, y Juan Hernández, encargado de la Oficina Presidencial de Atención a Migrantes, además de malinformar a su jefe, llamó importante a los connacionales para que se enteren de sus derechos. De otra forma, ¿cómo dejarán algún día de ser engañados, maltratados y esquilmados?
Es cierto, el gobierno mexicano ha estado ocupándose todo el año de que en las fronteras no se den estos tristes casos; sin embargo, falta también crear conciencia entre las policías que no han dejado de ver sus puestos como un negocio.
Existe también una subcultura de la “mordida” vigente, quizá porque los mexicanos cargamos con el estigma de sentirnos culpables de nuestras fallas, entre otras, las de tener las cosas arregladas a medias.
Ya cansados y deseosos de llegar a sus lugares de origen, los migrantes dan por hecho que una “lana” de por medio es como un pre requisito o una señal de que han llegado de nuevo a su país.
En Tijuana esperaban al presidente más quejas. La primera, casi un performance: 375 zapatos tenis alineados como memoria de los que han caído tratando de cruzar ilegalmente hacia el país que supone ser un paraíso de oportunidades.
Habrá que pedir al indio mexicano Juan Diego que nos haga el
milagro de iluminar tanto a autoridades como a nuestro pueblo. Unos transitan
entre los hechos y las verdades oficiales; el pópuli sólo
entre las carencias y peligros que suponen la necesidad real de supervivencia
y la emigración ilegal.
* Periodista.