DEL MÉXICO INSEGURO... ¡YA BASTA!
Hace unos días recibí en mi correo electrónico la proposición de sumarme a la protesta por la inseguridad pública y particularmente a la ola de secuestros que desde finales de la época salinista, venimos sufriendo las familias mexicanas. Esta propuesta consiste en un paro nacional de actividades el próximo 21 de enero del 2002.
En 1993, inicié, por razones de inseguridad en mi propia familia, una campaña conocida como listón blanco, misma que posteriormente fue tomada por “México unido contra la delincuencia” en esos tiempos comentaba acerca de la colombianización de México, y aunque Colombia es un país maravilloso, ha venido siendo azotado por este terrible mal del secuestro. Por ello se habla de colombianización, como el fenómeno que destacó Gabriel García Márquez en su libro Noticia de un secuestro.
Resulta evidente que la inseguridad pública en México es una constante, que ésta afecta mucho más allá de donde a simple vista puede ser fácilmente percibido. La impunidad es uno de los más tremendos problemas del país, esta genera que la delincuencia crezca y provoca tal temor en las víctimas, que las imposibilita para poder denunciar los delitos.
Evidentemente la cantidad de delitos denunciados y los delitos cometidos, no guardan una proporción, que se acerque siquiera a la realidad, en esto las autoridades, han venido cometiendo la terrible imprudencia de declarar que los índices de criminalidad han venido disminuyendo. El éxito político se mide por la percepción que tienen los gobernados y no por la de los gobernantes.
Los secuestros no están dirigidos a una clase económica privilegiada, de hecho los grandes empresarios, al desconfiar de manera notoria de la seguridad que el estado proporciona, se han auto protegido, con personal calificado y elementos como vehículos blindados. Así es que ha quienes viene afectando mucho más este mal social es al resto de los mexicanos que no pueden tener acceso a estos sofisticados sistemas.
Cada vez son más las voces que están de acuerdo con la pena de muerte, nada más triste y preocupante que esto. Los medios de comunicación destacan el gasto que representa para nuestro país, mantener en cárceles a los delincuentes, generando así en la población, una cada vez más peligrosa indignación.
El sistema carcelario mexicano, de ninguna manera readapta a los delincuentes, la sobrepoblación en los penales es altísima. Los policías son mal pagados y por supuesto mal entrenados, pero sobre todo estos no conocen el orgullo que podrían sentir de ser los protectores de la sociedad, y es que la sociedad misma los rechaza debido a las horrorosas historias de las que han sido partícipes. Este es uno de los círculos viciosos, más difíciles de revertir.
Yo creo que el gobierno mexicano no se ha dado cuenta de la gravedad de estos asuntos y que el efecto pendular cada vez será más grave. Entre más se descuide el asunto de la seguridad pública, más severa tendrá que ser la reacción del estado.
Los defensores de los derechos humanos, hablan frecuentemente del estado de derecho, sin embargo en los hechos el estado de derecho a servido más a los delincuentes que a sus víctimas, y resulta sumamente preocupante que la ciudadanía descalifique a las comisiones de derechos humanos, en vista de que las autoridades cometen atropellos en contra de algunos delincuentes, ya sea por desconocimiento o como estrategia para permitirles una mayor impunidad.
Entre más crezca la inseguridad, mayor será el reclamo que la población haga de un estado autoritario que proteja, a como de lugar la integridad de los ciudadanos.
Asaltos en el metro, en los microbuses en las calles, en los comercios,
en las infracciones de tránsito, en los bancos, en las carreteras.
Mercancías robadas que se venden impunemente en las calles. Resulta
claro que la inseguridad afecta nuestra economía y nuestra paz.
¡a ver hasta cuando! Por lo pronto el 21 de enero yo me sumaré
al paro de actividades.
* Periodista.