Mundo global


LAS NUEVAS FORMAS DE GOBERNABILIDAD TRASNACIONAL EN EL ESCENARIO DE LA RACIONALIDAD ECONÓMICA DE LOS PROCESOS DE GLOBALIZACIÓN


José Gpe. Vargas Hernández *

"Un reino necesita armas, alimentos y confianza del pueblo en las autoridades.
En un caso extremo puede prescindir de las armas y los alimentos,
pero no de la confianza, porque si se pierde, se pierde el reino".
Filósofo Chino.

"Allí donde la ley está sometida a los gobernantes y carece de autoridad,
yo veo la pronta ruina de la ciudad; en cambio, donde la ley
es señora de los gobernantes y los gobernantes son sus esclavos,
yo veo la salvación de la comunidad y de la acumulación
sobre ella de todos los bienes que los dioses suelen conceder a los pueblos".
Platón.

Resúmen (Abstract)

El propósito de este trabajo es analizar y contribuir al debate de la gobernabilidad "per se" y a las diferentes formas institucionales de gobernabilidad transnacionales que coexisten con los procesos de globalización, como una agenda de investigación para determinar el impacto que tienen en las esferas políticas, económico - financieras, sociales, etc. Este análisis es el prerrequisito para el diseño de estrategias que permitan el restablecimiento de la gobernabilidad de una sociedad con una fuerte tendencia a la globalización. A pesar de que pueda ser considerado como un análisis monocausal, sin embargo enfatizamos el carácter multicausal del fenómeno.

El eje central de este análisis es la determinación de los cambios en la función de la gobernabilidad de la sociedad, tradicionalmente encomendada a los Estados-nación, como resultado de la revolución tecnológica de la información y de los acelerados procesos de globalización económica. Como en toda revolución, los cambios tecnológicos en una economía competitiva son turbulentos y no pueden gradualizarse. La gobernabilidad surgida del Estado-nación está siendo fuertemente cuestionada por la acción de las denominadas fuerzas libres del mercado, las cuales están requiriendo para su propio desarrollo, la trasferencia de esta gobernabilidad prioritariamente hacia los actores que surgen de la racionalidad del mercado. Las dos grandes tendencias de esta transferencia de gobernabilidad apuntan, por un lado a nivel macro, hacia la formación de un modelo supranacional, mientras que por otro lado también se realizan transferencencias de la gobernabilidad hacia los actores privados e individuales que giran en torno de la racionalidad del mercado, tales como las organizaciones, empresas, y en menor grado en los individuos, etc.

Recientemente, la gobernabilidad se está convirtiendo en titularidad global implementada a través de decisiones y medidas colectivas que son delimitadas bajo esquemas de derecho internacional por instituciones que responden a intereses de la globalización. Bajo este esquema globalizador, la gobernabilidad democrática que implica procesos democráticos, la legitimidad y la regla de ley, se logran a través de los procesos de desarrollo económico y social de los pueblos. Sin embargo, dadas las dos tendencias anteriores, la gobernabilidad global de la sociedad está recayendo en las grandes empresas con intereses transnacionales y multinacionales. El desafío para una mejor gobernabilidad bajo un marco globalizador se centra en un sistema que logre el desarrollo integral del ser humano mediante la armonización de las metas macroeconómicas de crecimiento y de igualdad social.

La conclusión de este análisis es que las funciones del Estado-nación, las del mercado y la sociedad son complementarias y ninguno de estos tres puede rebasar sus ámbitos de acción para fundamentar una gobernabilidad en la cual todos los actores quepan. Queda como propuesta la construcción de los equilibrios institucionales que garanticen la gobernabilidad de la sociedad en un ambiente de globalización, así como los equilibrios entre las políticas nacionales y las aspiraciones de una ciudadanía mundial extensiva que busca los beneficios de la globalización.

Introducción

El mundo está en constante cambio, sobretodo en los últimos años, observándose un aumento rápido de las actividades económicas entre los individuos y las organizaciones de diferentes países. Se vive un período de transformación global radical bajo la consigna de dos términos: lograr el establecimiento de un mercado global libre y el imperio de un sistema democrático, es decir, la mercadización y la democratización.

El mercado considerado como un instrumento eficiente de asignación de recursos, es la piedra angular de las teorías de los procesos de globalización. Los procesos de globalización que se desarrollan actualmente profundizan el economicismo. Este fenómeno de la globalización constituye una inmensa ruptura económica, política, social y cultural. Sin embargo, el mercado no es un instrumento estratégico. Una fe ideológica en el poder de los mercados para resolver las disputas sobre la asignación de recursos, conduce a negar la legitimidad del gobierno para involucrarse en la redistribución de la riqueza al pobre. Es en este sentido que se puede decir que al mercado gobierna y el gobierno administra.

Cualquier análisis sobre la globalización, necesariamente implica estudiar la naturaleza de las relaciones entre el sistema capitalista y la democracia, es decir, de una globalización económica y su relación con una globalización política. Los proponentes de la globalización son las naciones más desarrolladas y fuertes, las mismas que más se están beneficiando desproporcionadamente de los procesos. Estas mismas naciones son, la mayor parte de ellas, democracias que tratan de conseguir una mayor justicia social.

La globalización económica o apertura económica está relacionada con las prácticas de una economía capitalista basada en la liberalización del mercado mientras que la globalización política está referida a la práctica de los valores democráticos. La globalización económica se refiere a la intensificación de las actividades económicas entre los individuos que viven en diferentes países del mundo. La globalización pierde el interés en la conquista territorial del Estado-nación como en los tiempos coloniales, para concentrarse en el dominio de los mercados y las riquezas. La globalización es un proyecto de las elites capitalistas que se apoyan en las agencias internacionales y en los Estado-nación para liberalizar la economía internacional.

Los gobiernos de los Estado-nación son controlados por elites corporativas y tecnócratas que establecen las agendas locales en materia económica, política y social. No obstante, los gobiernos de las naciones que son proponentes de la globalización y que más se han beneficiado de estos procesos, tratan de redistribuir la riqueza para obtener una mayor igualdad social, incluso si es necesario imponer a la fuerza el valor contrario de preservar las libertades individuales. Pero, la globalización económica está limitando y reduciendo el poder y las funciones de los gobiernos locales y por lo tanto, la capacidad de las mayorías para formular e implementar sus políticas públicas. La democracia no está interesada en la participación popular para el establecimiento de la agenda de desarrollo económico, político y social, sino más bien en buscar la legitimación del proyecto económico puesto en boga por los políticos. Esto a pesar de que se conciba a la democracia como el sistema de gobernabilidad más conveniente para la resolución de conflictos y diferencias entre los diferentes actores económicos, políticos y sociales en un marco que privilegia la libertad individual.

En otras palabras, para usar la terminología académica tan en boga, el ascenso de la teleología de la democracia del libre mercado (Chua, 1998), redefine el concepto de desarrollo de los pueblos, en los términos de una competencia por medio de la cual los individuos se controlan unos a otros. La competencia y no la colaboración, es la regla universal del mercado. La competencia es el motor exclusivo y único que hace andar al mercado en los procesos de globalización, y la convierte en la fuerza del desarrollo de los pueblos. El término desarrollo puede conceptualizarse como los procesos de transición de los pueblos hacia economías industriales, capitalistas y modernas, así como la obtención de mejores niveles de calidad de vida humana y bienestar material.

La mercadización global y la democracia cosmopolita

La relación entre el mercado y la democracia se acrecienta a medida que avanzan los procesos de globalización capitalista y que por lo tanto, alientan un mercado y una democracia global que presenta problemas si se le conciben de la misma forma que al nivel de mercado y democracia en el Estado nacional. Es en este sentido la afirmación de Soros de que los mercados votan todos los días y tienen sentido del Estado. Mientras que la idea de una "democracia cosmopolita" resulta una mera utopía y la mercadización global ya es más una realidad, aunque la desigualdad entre los Estados nacionales es muy profunda que prácticamente hace imposible un avance conjunto. Sin embargo, se dan grandes disfuncionalidades entre las lógicas del mercado y la democracia, y más concretamente entre la lógica de las finanzas y la lógica democrática. De hecho, el problema con la democracia global no es un problema de falta de gobernabilidad, como resultado del debilitamiento del papel del Estado por los procesos de globalización económica, sino por la desigualdad que está creando entre los diferentes países y entre la población al interior de cada Estado. La creciente desigualdad es una de las características estructurales de los procesos de globalización.

La mercadización se refiere al establecimiento de una economía de libre mercado, la liberación económica, la privatización y contractualización de la actividad económica, liberalización financiera y de inversiones y eliminación de controles de precios. La democratización se refiere a las reformas políticas que introducen mecanismos esenciales para una mayor competencia electoral, modernización de partidos políticos y creación de nuevas instancias de representación ciudadana y una participación más abierta de la sociedad civil, así como una distribución más equitativa de la riqueza y un mejor equilibrio del ejercicio del poder en la comunidad.

Cualquier análisis del sistema global tiene que considerar el desarrollo del Estado democrático, por lo tanto, no solo por las instituciones democráticas existentes, sino también por un conjunto de valores y prácticas sociales más amplias. De acuerdo con Santa-Ana Godoy (2000), los diferentes impactos tecnológicos y económicos de los procesos de globalización y mundialización han provocado desequilibrios en las instituciones políticas de los Estados-Nación. Estos desequilibrios se manifiestan en la urgencia del tiempo que demandan las organizaciones en su toma de decisiones frente a la lentitud del aparato político burocrático del Estado. Además, este aparato carece de tecnología de punta que responda a los desafíos de las organizaciones globalizadas y los impactos de los medios de comunicación alteran y posibilitan las expresiones de la participación ciudadana.

Sin embargo, con referencia a una democracia global que vaya más allá del Estado nación, Held (1995) argumenta la construcción de una "democracia cosmopolita" con base en un complejo de instituciones organizadas bajo formas nuevas de gobernabilidad global cuya finalidad sea resolver problemas globales como la de los flujos económicos. El planteamiento de una democracia global acepta la existencia de limitaciones y déficits democráticos a niveles nacionales y locales. Consustancial a los procesos democráticos es la homogeneidad de los pueblos, pero la realidad mundial es otra muy distinta. Los Estados nacionales presentan diferencias profundas en sus niveles de desarrollo económico y social, en niveles de riqueza y sus valores, etc., como para que tengan las mismas consideraciones con respecto al sistema democrático. Las deficiencias de los procesos democráticos a nivel nacional son evidentes y de acuerdo a ciertos analistas, pueden ser subsanados mediante la creación de instituciones democráticas a más grande escala y conectándolas a las formas locales de participación. El problema en la realidad, es que estas instituciones supranacionales no ejercitan la democracia necesariamente aunque si la exigen a los Estados-nación, a los que vulneran su soberanía.

Los sistemas económicos están en constante transformación, al igual que los sistemas políticos basados en los Estado-nación se están disolviendo aceleradamente, y en muchos de los casos, están generando al interior de la sociedad, conflictos, caos y contradicciones con serias rupturas intranacionales e internacionales. La economía se propone como tarea el entendimiento de los fenómenos mediante la construcción de modelos que formalizan la realidad económica. El hecho de que la economía sea una fuente recurrente de conflictos sociales, corresponde a la política resolver las tensiones que resulten. La política tiene la capacidad para consensuar cualquier conflicto que se suscite porque su racionalidad, entendida como la forma de gobernar una nación, garantiza el ordenamiento de los intereses privados de la sociedad civil

Las transformaciones de la tecnología de la información y de la economía mundial cuestionan los marcos de referencia teórico-metodológicos de las ciencias sociales y económicas para dar surgimiento a una "nueva economía global", la cual puede existir por sobre los Estados-nación, a los que se encuentra, además íntimamente interconectada en una compleja interrelación y por los que existe, debido a las políticas que persigue y las formas institucionales que adopta. Una economía global es diferente a una economía mundial, es una economía con la capacidad para trabajar como una unidad en tiempo real en una escala planetaria. Ha sido después de la última parte del Siglo XX que la economía mundial fue capaz de convertirse en una economía global, sobre la base de una nueva infraestructura proveída por las tecnologías de la información y la comunicación.

La economía global, argumenta Soros (1998) "no se caracteriza sólo por el libre tránsito de mercancías y servicios sino, sobre todo, por el libre tránsito de ideas y de capital…pero la globalización de los mercados financieros ha cambiado hasta ser irreconocible…así que para hablar de la economía global sería más apropiado hablar del sistema capitalista global". Los componentes de esta economía global son los flujos comerciales, de información y de capitales. Por lo tanto, esta "nueva economía global" con características multicivilizacionales ya presenta serias disfunciones causadas en parte por los grandes volúmenes de capitales volátiles que remolinean a su alrededor, lo cual provoca crisis financieras en los países en desarrollo que son los más vulnerables debido a que se presenta una sobreproducción global en la economía real. Las crisis financieras son tan viejas como los mercados financieros. No obstante, desde la Segunda Guerra Mundial, la economía global es más inestable que nunca antes. La expansión financiera se propagó y se profundizó con la crisis de las instituciones del sistema monetario internacional y los acuerdos de Breton Woods.

Las últimas dos décadas han sido un periodo de turbulencias y complejidades en el ambiente económico, político, social, tecnológico y cultural, dando origen a cambios transformacionales a niveles de escala local, nacional, regional y global. La velocidad del cambio es el signo que distingue esta fase de la historia del comercio de las épocas anteriores y lo que hace difícil que los pueblos globalizados se adapten. Las crisis financieras que han resultado de los cambios acelerados de una globalización corporativa, ha sido defendida por los que están en favor de estos procesos. Se argumenta que se deben a las prácticas anacrónicas en los mercados domésticos que requieren más cambios profundos en la liberalización de los mercados, cuando es precisamente esta liberalización una de las causas de los estragos económicos que han causado a algunas economías.

Los proponentes de la liberalización comercial están motivados por una agenda de ganancias rápidas, diferente a la agenda nacional que desea equidad y uso sustentable de los recursos que garanticen un incremento en la calidad de vida de sus ciudadanos. Es necesario administrar el avance de la liberalización de las economías que tienden a la formación de las economías globales. Avalar o simplemente forzar la apertura de las barreras del mercado y dejar que éste haga su trabajo por sí sólo, es abandonar a las gentes que están en situaciones y posiciones de desventaja para que el mercado determine sus destinos.

La vulnerabilidad a las crisis bancarias y monetarias se incrementa con la liberalización financiera externa e interna. La liberalización externa permite la entrada indiscriminada de capitales entrar a la economía emergente, los que en un ambiente de liberalización financiera interno, se destina a proyectos productivos o especulativos. Obviamente, la liberalización financiera no tiene que conducir inevitablemente a la crisis, pero si aumenta las posibilidades de una crisis, la que puede ser disminuida por las políticas gubernamentales. Las crisis monetarias se caracterizan por una disminución de las reservas de divisas o cambios extranjeros y por una elevación de las tasas de interés a corto plazo, ya sea por sí mismas o en combinación con una devaluación.

La naturaleza multidimensional del fenómeno de la globalización

La escala global de estos cambios connota la naturaleza multidimensional del fenómeno, pero también lo holístico, la actividad integrada, la búsqueda de las relaciones en los elementos de los sistemas complejos. Ni la teoría de las relaciones internacionales, ni tampoco la teoría de la democracia alcanzan a establecer un marco de referencia que sustente la conceptualización como la práctica del desarrollo democrático de los pueblos y sus relaciones con el capitalismo bajo un contexto global. Como un mecanismo económico, el capitalismo puede ser adoptado como un instrumento democratizador que posibilita legitimar un gobierno. El capitalismo como ideología adoptada por el liberalismo político, posibilita una interpretación económica y política del individuo y la sociedad. Normalmente se piensa que la democracia es local y que a los individuos de una localidad les corresponde tomar decisiones, es decir, la democracia mantiene las decisiones en el ámbito puramente local. Esto es, la democracia es un proceso activo.

La teoría de la democracia interceptada con el enfoque de la economía política internacional comparativa para analizar el fenómeno de la globalización, tal como lo conceptúan las agencias internacionales, como el Banco Mundial, tiene muchas limitaciones. La principal es que ofrece un marco de referencia opuesto, de acuerdo al análisis de Birchfield, (1999) quien examina la globalización económica neoliberal desde la perspectiva de la teoría de la democracia y, además, critica la ideología del mercado para deslegitimar el pensamiento político como un punto de partida para la acción democrática. Otros analistas critican que la democracia haya triunfado en los Estados-nación que han dejado de tomar decisiones en asuntos que son importantes para ellos. Las decisiones en materias de políticas públicas se han transferido del ámbito público de los Estados nacionales al ámbito privado internacional de los organismos internacionales que representan a los grandes intereses transnacionales. El discurso neoliberal es fuerte y difícil de combatir.

Por otro lado, la teorización holística de la economía política internacional es una forma contestaria de la creciente globalización neoliberal y a la correlativa representación democrática. La multidimensionalidad de la globalización está estrechamente vinculada con la idea de conectividad compleja como una condición del mundo moderno (Tomlinson, 1999). Por conectividad compleja el autor entiende que la globalización se refiere a la red de interconexiones e interdependencias que rápida y densamente se desarrollan y que caracterizan la vida social moderna.

Las conexiones existen en un número diferente de modalidades que varían desde las relaciones socio-institucionales que proliferan entre los individuos y las colectividades en todo el mundo, hasta la idea de un flujo creciente de bienes, información, gente y prácticas a través de las fronteras nacionales. La frontera de la comunicación es quizá la que más ha sido modificada por los procesos de globalización. Incluyen las modalidades más concretas de conexión proveída por los desarrollos tecnológicos tales como el sistema internacional de transporte aéreo rápido y la más literalmente "sin cables" sistema de comunicaciones electrónicas.

La economía encuentra límites para explicar, describir y predecir los cambios que los procesos de globalización están motivando. Para analizar los diferentes niveles tales como por ejemplo, el individuo, la sociedad, el Estado, el mercado, la región, lo internacional, etc., debe considerarse toda la complejidad estructural y holística del sistema global. Para comprender el sistema global es también necesario analizar las implicaciones de los factores históricos del sistema del sistema internacional capitalista y la desigualdad de sus efectos en los Estados-nación. La principal tarea de las ciencias sociales y econonómico.administrativas sobre los análisis de la globalización con base en modelos que enfaticen los enfoques transdisciplinarios y plurales (Robertson, 1990).

La conceptualización de la globalización dentro del campo específico de las ciencias económicas, como un fenómeno del mercado capitalista es una tendencia unidimensional muy fuerte. La tendencia a ver los procesos de globalización como oportunidades para los negocios va de acuerdo con este enfoque, como por ejemplo en el análisis de Ohmae (1995) quien llega a argumentar que "los Estados-nación tradicionales se están convirtiendo en unaturales, incluso imposibles, [como] unidades de negocios en las economía global.". Algunos de sus críticos, como Hirst y Thompson (1996) retan las ideas conectadas con la transnacionalización de la economía y la redundancia del Estado-nación. Argumentan que una crítica a la dimensión económica es fatal también para otros aspectos, ya que sin la noción de una economía globalizada muchas de las otras consecuencias que se aducen en los campos de la cultura y la política cesan de sostenerse o dejan de ser menos amenazantes.

Aceptadas las dificultades para abordar metodológicamente la globalización como un fenómeno unidimensional, tenemos que reconocer que debe ser analizada en los "términos de procesos simultáneos y complejamente relacionados en aspectos de economía, política, cultura, tecnología y otras áreas, que involucran todo tipo de contradicciones , resistencias y fuerzas que se oponen unas a otras en una misma dinámica (Tomplinson, 1999). La globalización es definida completamente como un fenómeno por el Banco Mundial. Lo que aquí se propone es una crítica a la hegemonía de la globalización neoliberal con su correlativa democratización que servido de fundamento a quienes resisten y se oponen a su avance y profundización por considerar que tiene de su parte todas las relaciones de fuerzas que orientan las decisiones económicas de quienes dominan el mundo. Los procesos de democratización implican el balance del ejercicio del poder de las diferentes fuerzas sociales. Estas fuerzas no conspiran clandestinamente para el control y dominio del mundo, sino por lo contrario, gracias a los procesos de globalización se manifiestan abiertamente, y se mueven a su antojo bajo la consigna totalitaria de todo el poder a los mercados.

El surgimiento de nuevas forma de gobernabilidad

Hasta ahora poco se ha estudiado desde un enfoque transdisciplinario y holístico el sistema político en general y el papel del gobierno en la sociedad industrial en lo particular. Y menos todavía se han analizado rigurosamente, desde una perspectiva metodológica plural, los arreglos y estructuras organizacionales y las interacciones entre los diferentes agentes económicos que operan en el sistema económico. La gobernabilidad del sistema es representada por diseños de estructuras de relaciones entre agentes y principales, en las cuales el principal estipula un contrato generalizado con todos los subordinados (agentes) en el que decide que tanto poder de control les delega así como las compensaciones y recompensas por el buen ejercicio de este poder de control.

Los procesos de globalización transforman las configuraciones de organización, agencia e identidad, en las fronteras de las disciplinas económico-administrativas con preocupaciones como el etnocentrismo de las teorías administrativas internacionales en una complicidad con las teorías administrativas y organizacionales occidentales y con las organizaciones transnacionales cuyas prácticas y políticas afectan la vida de miles de millones de seres humanos. No obstante las transnacionales no se sienten responsables cuando sus prácticas y políticas afectan negativamente a las sociedades, porque su carácter supranacional les permite tener libertad para buscar posicionamientos en el mercado global, por encima de reglamentaciones y de fronteras, sin que exista Estado nacional o institución internacional que regule sus actividades. Los procesos de globalización desarrollan y fortalecen a los nuevos poderes supranacionales.

Las empresas transnacionales producen y comercian a través del globo buscando la ventaja económica con apoyo en una administración multinacional sobre una base nacional. Las prácticas administrativas y organizacionales están orientadas a cambiar la cultura para reorientar las instituciones en un enfoque "hacia fuera". El éxito de esta estrategia depende la participación de los diferentes actores que preparan los cambios desde las instituciones del Estado para trasladar el poder fuera de las organizaciones mismas. El poder se traslada para quedar en organizaciones que no son democráticas, en las instituciones supranacionales y en las empresas transnacionales.

La globalización puede ser estudiada como fenómeno, teoría, proceso y como política. El estudio de la globalización como fenómeno es una función del nivel de desarrollo tecnológico, principalmente en las telecomunicaciones y la informática que permiten aumentar los flujos de todo tipo de interacciones entre los seres humanos de cualquier parte del mundo, sin importar las fronteras. La globalización es un fenómeno que transforma en tiempo y espacio las interrelaciones de los individuos y conglomerados humanos interconectados para la realización de actividades que generan valor agregado mediante sistemas productivos más eficientes. Las agencias internacionales, como el Banco Mundial conceptualizan la globalización como un fenómeno. La globalización tratada como un fenómeno pone un especial énfasis en las relaciones económicas que se realizan entre agentes económicos de distintas naciones.

La globalización como teoría surge con los trabajos de Adam Smith, un filósofo moralista que contradice los principios de la teoría mercantilista de la política económica que establece que un Estado progrese económicamente debe restringir sus importaciones y promover las exportaciones, argumentando que la competencia y la especialización de las actividades económicas son los elementos clave. La competencia y la especialización se incrementa cuando se lleva a cabo el comercio entre países con sistemas de economía abierta. La competencia o "mano libre" de las fuerzas del mercado emplean los mejores recursos para ser usados más eficientemente, lo cual involucra la especialización o división del trabajo. La especialización y la competitividad son efectos del libre comercio en las economías nacionales que tienden a ser positivos si se persiguen políticas progresivas de prácticas de los principios democráticos y de libertad. A su vez, la competencia y la especialización son los elementos clave para alcanzar la prosperidad económica de una sociedad abierta aunque se fundamente en la satisfacción del egoísmo humano. El egoísmo individual es el origen del progreso económico que tiene por condición la apertura política de la sociedad.

La teoría desarrollada por Smith conecta la naturaleza humana con las políticas públicas cuando sostiene que los individuos son egoístas por naturaleza motivados para perseguir aquéllas actividades económicas que sirven a su mejor interés. Los trabajos de David Ricardo sobre las ventajas comparativas y su interpretación moderna en el modelo Heckscher-Ohlin de comercio internacional, establece que las diferencias en las ventajas comparativas en la producción de diferentes mercancías se debe a las diferentes dotaciones de factores. Los países que cuentan con más mano de obra, deben especializarse en la producción y exportación de productos y servicios que empleen mano de obra. Como conclusión, los procesos de la globalización benefician a los países con economías abiertas.

Como proceso, la globalización pretende cancelar todo proyecto ideológico que no sea el proyecto centrado en la economía, el mercado, las finanzas y la competitividad, como un pensamiento único. Este imperativo de competitividad conduce, según las palabras de Gorz (1998), "irresistiblemente a la globalización de la economía y al divorcio entre los intereses del capital y del Estado-nación". La doctrina económica neoliberal y monetaria se convirtió en el nuevo pensamiento único en que se apoya la economía global y que se consolida con el apoyo de una política económica del Estado.

Los procesos de globalización se acompañan de una impresionante destrucción de las instituciones. El proyecto político neoliberal en implementación es el de una destrucción metódica de las colectividades (Bourdeau, 1998), que tiene como finalidad crear las condiciones bajo las cuales la doctrina económica puede realizarse y funcionar. Las dos grandes tendencias de este proyecto utópico neoliberal, agrega Bourdeau, son la destrucción de todas las instituciones colectivas capaces de contrarrestar los efectos de la máquina infernal del neoliberalismo. En primer término al Estado, que es el depositario de todos los valores universales asociados con la idea de esfera pública. De ahí a la imposición en las altas esferas de la economía, el Estado y en las corporaciones de la moralidad basada en un darwinismo social que rinde culto al ganador e instituye una lucha de todo contra todo y establece en cinismo como la norma de conducta y de la acción.

La globalización como política aplica la teoría del comercio internacional, en cualquiera de sus versiones como la mercantilista o la de laissez-faire, para la formulación e implementación de políticas públicas que claman tener como finalidad elevar el bienestar de la sociedad. El fundamento de este bienestar de la sociedad descansa en la formulación de que una mayor apertura a los mercados tiene efectos positivos en el ingreso per cápita y por consecuencia en la reducción de la pobreza. Se argumenta que la apertura al comercio y a las inversiones contribuye a incrementar la tasa de ingreso per cápita y a aliviar la pobreza. No obstante, el mercado globalzador no tiene tiempo ni espacio para el pobre. El pobre es desechable, no tiene nada que vender, ni tampoco puede comprar, aunque necesita muchas cosas, porque carece de poder adquisitivo.

En otras palabras, los que postulan estas teorías sostienen que el crecimiento económico está positivamente relacionado con la reducción de la pobreza y que, además, de estos efectos benéficos incrementarán la igualdad económica de los individuos. Es decir, dan por supuesto la existencia de una relación entre globalización, crecimiento y reducción de la pobreza, bajo el argumento de que la liberalización de los mercados lleva al crecimiento económico y que éste mejora los niveles de pobreza. En resumen, se argumenta que la globalización es buena para el crecimiento económico y que éste es bueno para el pobre. Para ejemplificar usan la analogía de lo que sucede cuando se elevan los niveles del agua que levanta todos los botes, mientras que los opositores sostienen que este argumento neoliberal no es teóricamente correcto ni está empíricamente validado. En la realidad, este argumento no se apoya en evidencias empíricas.

La teoría mercantilista restringe las importaciones, mientras que la teoría neoliberal se fundamenta en el libre comercio mediante la eliminación de las barreras comerciales. Un estudio reciente del Banco Mundial titulado "Crecimiento es bueno para el pobre" revela que la relación entre el ingreso de la quinta parte más baja de la población y el producto doméstico bruto per cápita es uno a uno.

Esta política económica neoliberal desregula las prácticas del mercado y de la especulación financiera cuya movilidad se ha incrementado y sus riesgos también debido al notable avance de los sistemas de información y telecomunicaciones. Estos avances en las tecnologías de la información facilitan la globalización de los mercados financieros y con ello una movilidad de capitales sin precedente en la historia. En la actualidad, el monto de las transacciones financieras internacionales representa más de 50 veces el valor del comercio mundial de bienes y servicios, mientras que el volumen de transacciones del mercado de divisas se ha multiplicado 5 veces desde 1980 para alcanzar dos millones de millones de dólares diarios. Mientras la tendencia hacia el mercado de capitales es a disolverse, las inversiones locales están siendo determinadas por los flujos de inversiones directas extranjeras.

Los grandes capitales de los mercados financieros controlan el destino económico global, el de las grandes corporaciones transnacionales, de las empresas nacionales y la soberanía de los Estados-nación. Ciudadanos, empresas, corporaciones y Estados se someten al diktat de los mercados financieros. La política se subordina al control de los mercados financieros. En los centros tradicionales del poder económico permanecen concentrados los mercados de capitales están localizados en los países más desarrollados, desde donde desplazan recursos financieros a localidades que muestran mayores ventajas competitivas, sobretodo en los países de reciente industrialización y los países emergentes. No obstante, los mismos mercados de capitales, la riqueza y las utilidades que generan siguen igualmente concentrados.

La modernización neoliberal diferencia las esferas económica, política y social, demanda el ejercicio de nuevas reglas de operación, gobernabilidad y regulación de los comportamientos sociales. La modernización parte de la premisa de que el desarrollo es un proceso evolutivo inevitable que incrementa la diferenciación social la cual crea sus instituciones económicas, políticas y sociales que siguen el patrón de desarrollo occidental. El poder social del programa neoliberal emerge de los intereses que mantienen quienes detentan el poder económico que da forma al poder político.

El neoliberalismo, argumenta Bourdeau (1998), tiene la tendencia como un todo a favorecer la separación de la economía de las realidades sociales y por lo tanto, construye en realidad, un sistema económico conforme a la descripción de una teoría pura, esto es, una especie de máquina lógica que se presenta a sí misma como una cadena de restricciones que regulan a los agentes económicos. Hay que reconocer que este sistema económico no nos sirve porque crea pobreza y destruye una biosfera. Es una máquina infernal, dice el autor, por la forma en que toma cuerpo la utopía neoliberal, cuya necesidad se impone a sí misma y sobre los gobernantes. Evoca una fe poderosa en el libre comercio y santifica el poder de los mercados en nombre de la eficiencia económica, eliminando las barreras político-administrativas que obstaculizan la maximización de las utilidades individuales. Esta obtención de la máxima utilidad individual es la principal finalidad que ha pasado a denominarse como "el modelo de la racionalidad" por el razonamiento matemático empleado y que los economistas no pueden verificar experimentalmente pero que tienden a dar realidad en una utopía "ultra-lógica", sarcásticamente concluye el autor. El problema, argumenta Amartya Sen, es que la maximización de la suma de las utilidades individuales no está preocupada por la distribución de esa suma (Sen, 1973).

Esta dimensión ideológica neoliberal de la globalización amenaza con marginar y autodestruir a quien no se someta a sus lineamientos y estrategias. La estrategia de la globalización no es la de compartir, sino la de competir, arrebatar, golpear a los otros con el objeto de tener un mejor acceso a los recursos globales mediante el uso de mecanismos del mercado y apoyados en las instituciones globales. Esto está obligando a amplios sectores de la izquierda a replegarse hacia el centro, dando lugar a la Nueva Izquierda, con una tácita aceptación de las nuevas condiciones ideológicas, políticas y económicas impuestas por los intereses capitalistas transnacionales de los países desarrollados. Las banderas de esta "Nueva Izquierda" son la democratización de las instituciones y una "ciudadanía activa" de la sociedad global, de una ciudadanización que identifica al individuo como el elemento fundamental e irreductible del poder político.

La ambición sin límites de estos intereses es tener una mayor participación en la riqueza que se está generando globalmente, para lo cual cuentan con la protección y el apoyo de la hegemonía política que mantiene el grupo de países más poderosos económica y militarmente. Este enfoque participativo busca identificar y traer bajo consideración las relaciones constructivas de todos los grupos con intereses supranacionales. Sin embargo, las conquistas territoriales como determinantes de las relaciones internacionales están pasando a segundo término, ya que la nueva economía no requiere de grandes espacios territoriales para la prosperidad económica mediante la creación de ventajas competitivas, economías de escala y otras capacidades económicas impresionantes.

Por otro lado, aparentemente desde la dimensión ideológica, la integración económica es una tendencia contraria a los procesos de globalización e interdependencia, los cuales son usados para reinterpretar y debilitar los principios de autodeterminación y soberanía de los pueblos, mientras que en el otro extremo se enfatiza una propuesta al ultraregionalismo. Los procesos de globalización tal como se están dando hasta ahora, contribuyen a la devaluación de la autoestima de los pueblos ya de por sí subdesarrollados y a crear un sentido de dependencia.

Los argumentos de que un Estado soberano hace posible los procesos democráticos y que los procesos de globalización debilitan la soberanía del Estado democrático, son muy cuestionados por críticos que argumentan a su vez que los Estados no son tan soberanos ni los procesos de globalización no son la fuerza que representan (Hirst, 2000). La vieja doctrina internacional de no intervención en los asuntos nacionales está siendo sustituida por la nueva ley internacional de derechos humanos.

De cualquier manera, la realidad del poder político centralizado del Estado-nación es seriamente atacado por las fuerzas que despliegan los procesos de la globalización económica obligándolo a ajustar sus estructuras políticas y económicas. Los partidos políticos están cada vez más alejados de la ciudadanía y la centralización del poder político es un síntoma más de malestar que se expresa en demandas por una ciudadanización de la política que proceden desde ciertos grupos independientes a los mismos partidos políticos. Pero esta realidad está modificando también la realidad supranacional, esto es, se está cayendo en una hiperrealidad manipulable, altamente virtualizada y tecnologizada. La liberalización de las economías va montada en la retaguardia y bajo el cobijo de los avances de la tecnología de la información, la cual facilita la comunicación global entre los ciudadanos. La globalización es por lo tanto, un fenómeno y un hecho real, irreversible y al que no se puede sustraer Estado-nación alguna y cuyas estructuras de poder no están todavía bien definidas para garantizar los procesos de transición.

De esta forma, plegada a la tendencia de la globalización de los agentes económicos, existe la tendencia a la territorialización de sus recursos, pero es necesario hacer la distinción entre espacios económicos y espacios geográficos. En la tendencia a la globalización o globalización local, las empresas participan de un espacio de los mercados internacionales, al mismo tiempo que explotan sus propios recursos locales. Las economías territoriales o economías geográficas integran conjuntos específicos de relaciones entre la localidad y la globalidad rompiendo con la concepción de espacio como apertura progresiva de conjuntos pre- constituidos localmente, y su fuerza tanto en lo que necesita del exterior como lo que contiene al interior (Rallet, 2000). La economía geográfica introduce la dimensión espacial al razonamiento económico y explica la organización económica del espacio. Aporta respuestas relacionados con los costos bajos de transporte, la variedad y la heterogeneidad en los fenómenos de polarización que resulta de la concentración geográfica de los agentes heterogéneos y a la dinámica de la polarización desarrollada por los teóricos de la dependencia.

Las nuevas percepciones y representaciones del espacio en la globalización local y el networking global o economía de archipiélagos, inscriben las economías territoriales en el espacio económico mundial sin que puedan ser analizadas como economías constituidas localmente y que tienen apertura al exterior, mientras sus campos de fuerzas económicas son discontinuas geográficamente. El análisis sobre los mecanismos de polarización territorial de la economía geográfica, invierte la teoría del equilibrio del comercio internacional y del crecimiento regional. Así, la economía geográfica explica la polarización del espacio en relaciones de centro-periferia, pero este esquema ya no corresponde a la nueva organización del espacio caracterizada por la local globalización y el global networking el cual puede ser explicado bajo el enfoque tecnológico e institucional. El enfoque tecnológico surge de las características intrínsecas de la coordinación y bajo el influjo de la fuerza de la proximidad física, mientras que el enfoque institucional emerge de las redes individuales y sociales o de políticas públicas localmente constituidas que facilitan el acceso de las relaciones económicas entre los diversos agentes

La globalización constituye una etapa superior del desarrollo mundial del capitalismo que surge a partir de cambios radicales y profundos en la economía política y la política económica fundamentadas en el neoliberalismo que pretende transnacionalizar su impacto. Cualquier oportunidad para hacer dinero es la esencia del capitalismo, la que a su vez es la fuerza motivadora detrás de los procesos de liberalización y globalización. Milton Friedman ha dicho que no hay nada nuevo acerca de la globalización, excepto la palabra y la existencia de una más eficiente comunicación y transmisión de tendencias. Así que el nombre del juego es capitalismo. El proyecto político de la globalización pretende instaurar este liberalismo transnacional con su consorte, el capitalismo liberal democrático, como el único modelo de desarrollo (Gill, 1995).

El capitalismo es una teoría de un sistema económico en el cual el control de la producción y la distribución de los recursos reales y financieros están basados en la propiedad privada de los medios de producción. La propiedad privada es una institución política fundamental del capitalismo que, además, postula la idea de que el Estado debe tener un mínimo involucramiento en la administración de la economía. En el capitalismo, la producción adquiere más importancia que la distribución y el consumo porque implica la propiedad de los recursos económicos, principal fuente del poder económico.

Sin embargo, la habilidad del gobierno para proveer un compromiso creíble a los retornos de la propiedad privada como institución política y su impacto económico no es completo. La no interferencia del gobierno con los derechos de propiedad privada es instrumental en la obtención de inversiones de capital a largo plazo requerido por las naciones para alcanzar tasas de alto rendimiento. A pesar de que las decisiones de inversión del sector privado están influidas por las percepciones del sector privado de tales resultados económicos no se infiere que existe una conexión entre inversiones y propiedad privada. (Henisz, 2000). En otras palabras, los gobiernos han saneado las economías nacionales, únicamente para favorecer la inversión internacional.

La propiedad intelectual y científica de la producción es fundamental para mantener la innovación y la competitividad del mercado y se constituye en ventajas comparativas para quienes la detentan. El mejoramiento de las instituciones que promueven la innovación, tales como los derechos de propiedad, incide en la economía simulada que indica que el factor más importante en la transición al crecimiento ha sido el incremento en lo producido para compensar a los inventores. La propiedad privada se convierte en un principio de funcionamiento del mecanismo del mercado pero que en vez de otorgar más libertad, la limita. Parafraseando a Ireton, para la preservación de la propiedad privada, no se puede otorgar la libertad en un sentido amplio.

El capitalismo es un sistema económico en el cual la plusvalía se extrae de los procesos de producción usando el salario del trabajo y utilizando en la circulación procesos para sostener la acumulación del capital. Si la dictadura del trabajo domina, la democracia tampoco puede florecer. Al respecto Birchfield (1999) nos recuerda que la relación del salario capitalista necesita la separación conceptual de la economía y la política respectivamente en esferas privadas y públicas de actividad, la que a su vez constituye un elemento definitorio del Estado liberal.

El capitalismo puede ser tipificado en formas puras de capitalismo como "capitalismo clásico", "capitalismo corporativo orientado al mercado", y "capitalismo corporativo orientado a los bancos". Aunque el capitalismo clásico ya no es el tipo dominante, sin embargo prevalece en países menos desarrollados. El capitalismo corporativo se basa en un régimen de propiedad privada difusa propio de las grandes corporaciones que conjuntan recursos de muchos accionistas. Además, requieren de una jerarquía interna compuesta de funcionarios y agentes (administradores) para ejercer el control de las operaciones (Screpanti, 1999), mediante el diseño de esquemas de incentivos y recompensas que hagan no atractiva la conducta de corrupción. La corrupción se define como el mal uso que se hace de la oficina pública para la ganancia personal. Sin embargo, la propiedad corporativa puede ser, además de ser difusa con un control administrativo rígido, propiedad concentrada en pocos principales capitalistas y aún en otros, los trabajadores influyen fuertemente en la corporación. El capitalismo corporativo se reproduce socialmente mediante el uso de técnicas que no son ideológicamente neutrales, se asigna el control a administradores eficientes y se racionaliza el crédito mediante una tendencia clasista.

El análisis de la globalización desde la economía política estudia su naturaleza capitalista en el contexto del sistema internacional en el cual los actores llevan a cabo sus operaciones, así como la transnacionalización de sus causas y efectos. Bajo este análisis, la estructura transnacional de actores financieros y económicos se sobrepone, cubre, suplementa, rodea, limita e intersecta al Estado-nación. El fenómeno de la globalización acelera las interconexiones económicas, políticas, sociales y culturales entre lugares distantes del mundo, mediante la convergencia entre naciones y empresas con formas comunes de hacer las cosas. Cada vez más, bajo los procesos de globalización, las fronteras entre los Estado-nación y las empresas se vuelven más porosas y permeables, con intereses compartidos pero también con intereses en conflicto que aquéllas entre los Estados-nación, por el sólo hecho de que cada persona pertenece a una empresa y al mismo tiempo es ciudadano de un Estado (Tétreault, 1999).

Los procesos de globalización crean las condiciones para la circulación libre de los capitales. La transnacionalización creciente de las operaciones del sistema capitalista demandan espacios para sus mercados que trascienden las fronteras físicas y culturales del Estado-nación, al que limitan su ámbito de operación, exacerbando las desigualdades económicas, sociales y políticas y al que jerarquizan de acuerdo a las condiciones en que se presenta en la competitividad de los mercados globales. Sin embargo, se está demostrando que el libre comercio bajo el esquema de la globalización económica no mejora necesariamente las condiciones de competitividad en aquéllos países donde no existe, regularmente los países pobres. No obstante, si puede tener un impacto en la competitividad de aquéllos países que ya la tienen y que casi siempre son los países desarrollados, donde la competencia se intensifica porque las restricciones son removidas.

La creciente expansión en intensidad y alcance del capitalismo globalizador es resultado de la aceptación de las leyes y principios de la teoría del mercado, en donde nadie controla los mercados globales. Desde este principio, el libre comercio significa la creación de oportunidades para la expansión internacional de los mercados. El sistema del capitalismo globalizado tiene el potencial de crear riqueza, pero tienen que establecerse las condiciones correctas para aquellos que están excluidos de los beneficios a fin de que se incorporen en los términos relativamente iguales. Debe quedar abierta la posibilidad en el debate de que la obtención más rápida del incremento de la riqueza no es necesariamente el fin que la economía global debe perseguir.

Los procesos de internacionalización económica y mundialización de capital pueden ser calificados como procesos de expansión del imperialismo porque permiten la dominación, explotación y apropiación de la riqueza por intereses hegemónicos, mediante ciertos mecanismos y bajo un escenario internacional de relaciones comerciales asimétricas, inequitativas e injustas. Laïdi (2000) argumenta que la mundialización pone en juego dos mecanismos, el deterioro de la democracia representativa y la ausencia de un instrumento que ofrezca a los Estados-nación una cerca o barrera simbólica. La democracia representativa limita el margen de maniobra de los operadores políticos y presiona por cambios estructurales y funcionales del Estado-nación. Las tesis marxistas sobre la mundialización hasta cierto punto se cumplen, sólo que en vez de estar al final, estamos al inicio de los procesos de globalización. Así la globalización es un proceso que tiene como marco de referencia la dominación imperialista por medio de las relaciones internacionales económicas y políticas.

La globalización es consecuencia ineludible de la modernidad que deriva en la posmodernidad, y por lo tanto, en un preconizado relativismo que socava la crítica social, para el cual la objetividad es una mera convención social. Un inmovilismo discursivo está invadiendo a la sociedad posmoderna. La globalización exalta al individualismo de las personas, las convierte en meros instrumentos homogéneos de producción y consumo y las reduce a simples mercancías que se compran y venden sin que las diferenciaciones culturales sean obstáculo. Se vive en un mundo en el que la adquisición y consumo son considerados como las marcas de éxito personal y no lograrlo es una marca de fracaso. La cultura está siendo globalizada igualmente que el comercio, cuya tendencia es a la destrucción de las culturas locales.

La globalización está afectando el "efecto de calor de hogar político-cultural" protegido por el Estado nacional moderno, por lo que "toda comunidad política real tendrá que dar una respuesta al doble imperativo de la determinación por el espacio y la determinación por el sí mismo" como punto de convergencia para una identidad regional.Esta tendencia hacia el sí mismo multilocal es ya una característica de esta modernidad avanzada, del mismo modo que la tendencia hacia el espacio poliétnico o "desnacional" (Sloterdijk, 1999). Pero la exclusión y segregación humana tiene serias consecuencias, tal como Bauman (1998) precisa: "Una parte integral del proceso de globalización es la progresiva segregación espacial, la separación y la exclusión. Las tendencias neotribales y fundamentalistas, que reflejan y articulan la experiencia de la gente al recibir los coletazos de la globalización como la extensamente celebrada "hibridización de la top culture: la cultura en la cima globalizada".

La cultura global puede ser una herramienta que la sociedad y los individuos pueden usar para su beneficio propio más que para perder en los procesos de globalización. Todavía está por verse si se cumplen las predicciones de Eliot acerca de que la humanidad tendría un renacimiento en sus culturas locales y regionales bajo el fuerte influjo de la globalización cultural y sus efectos en las identidades culturales nacionales, a pesar de que el cuestionamiento de si las identidades colectivas son una ficción ideológica (Vargas Llosa, 2000), no parece ser muy consistente, dados los procesos de identificación y adhesión a ciertas representaciones sociales, mientras que la identidad cultural individual en que "cada ciudadano de este planeta interconectado -la patria de todos- construya su propia identidad cultural, de acuerdo a sus preferencias y motivaciones íntimas y mediante acciones voluntariamente decididas" no tiene mucho sentido.

Por lo mismo, no necesariamente la identidad nacional puede ser contraria a los procesos de globalización como sucedió con la rigidez del Estado-nación en que algunas identidades culturales fueron sometidas o marginadas. La globalización empuja a la occidentalización, y más específicamente a la americanización de los valores en todo el planeta y a la formación de una nueva ciudadanía mundial. Pero a menos que se tenga una claridad en los valores que subyacen en las herramientas sociales y tecnológicas, se estará en un grave problema. Con respecto a Occidente, Jaspers (1965) ha dicho que " Occidente no es estable en ningún sentido; en ello radica su permanente inquietud, su constante insatisfacción, su incapacidad de contentarse con algo perfecto y acabado".

El surgimiento de una nueva ciudadanía mundial

La base de esta nueva ciudadanía mundial es un ser humano que es reducido a la simple expresión de su capacidad para generar beneficios económicos en un mercado planetario interculturalmente uniformado que consagra como único modo de pensar una ideología única y hegemónica. La ideología del mercado, la cual propaga los valores y las prácticas de los países occidentales y más específicamente de los anglosajones. Esta ideología hegemónica constriñe las elecciones disponibles clarificando de la mente de los seres humanos la posibilidad de cualquier otro camino que no sea el que está tendiendo enfrente de todos. Esta ideología del mercado como motor de los procesos de mundialización, condenan toda resistencia o disidencia bajo acusaciones de que no se ajustan a un "realismo". Sólo existe una forma para hacer que se pertenezca, no hay ninguna otra opción. La búsqueda de otras alternativas, de fórmulas proteccionistas y de regulación mediante procesos democráticos son vilipendiadas como graves retrocesos y formas arcaicas.

Por otro lado, si la ciudadanía se convence de que los resultados en materia económica son el producto de la implantación de las fuerzas del mercado y que por lo tanto, los gobiernos del Estado-nación ya no se les responsabiliza. En todos los niveles de gobierno hay una retirada de los temas de justicia redistributiva. Sin embargo, en los países donde la ideología del mercado no es tan intensa, los principios y fines de la justicia social equilibran las acciones de los gobiernos. Por eso, la batalla en contra de los procesos de globalización neoliberal tienen que darse primeramente en el nivel ideológico.

La globalización neoliberal es la hegemonía de la ideología del mercado representada por una "metáfora incontroversial por una sociedad en libertad para hacer con la propiedad lo que le plazca sin interferencia del Estado" (Birchfield, 1999). La ideología de la democracia del libre mercado constituye el cuerpo teórico y la práctica de la política de desarrollo internacional. La globalización neoliberal hace de la ideología del libre mercado el centro de las relaciones sociales, cambiando su realidad y transformando las formas de relaciones personales centradas en una competencia que controla los comportamientos entre los mismos individuos.

La nueva relación social que se globaliza es la que articula la propiedad privada de los medios de la producción como la regla que da certeza al funcionamiento del mecanismo del mercado.. La "macrodictadura total" del neoliberalismo, como sostiene el obispo de Sao Felix do Araguaia, Brasil, que se impone como pensamiento único con sus "teólogos del diablo" y su posmodernidad narcisista (Fazio, 2000). Esta única ideología es la ideología fundamentalista de libre mercado global, según la cual los mecanismos distributivos de los mercados competitivos producen mejores resultados que otras instituciones.

A pesar de esta aserción, esta ideología hegemónica del libre mercado es la antítesis de los principios de la democracia política, en los mismos términos en que lo explica Shorris (1994): "La democracia política es una relación entre los seres humanos que se controlan a sí mismos. La democracia del mercado es una competencia en la cual las gentes tratan de controlarse unos a otros…esta es una impropiedad, por el control de un ser humano por otro, sin importar que tan sutil sean los medios, no es democracia". Así, los principios de la lógica que impone el capitalismo transnacional de libre mercado resultan ser totalmente incompatibles con los principios y fines de la democracia. Tan así es que a medida que avanzan los procesos de globalización, se acrecientan las tensiones sociales que amenazan con perturbar las prácticas democráticas. Si por democracia debe entenderse "el gobierno del pueblo", la participación de los individuos en las decisiones que les afectan es casi nula, por lo que el concepto de democracia en la lógica del capitalismo transnacional resulta inoperante.

* José Gpe. Vargas Hernández, M.B.A.; Ph.D. Centro Universitario del Sur. Universidad de Guadalajara. Prol. Colón SN, Cd. Guzmán, Jalisco, 49000. México. Telefax: +52 341 25189, +52 341 24044, e-mail: jvargas@cusur.udg.mx

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