¿UN MODELO PARA AMERICA LATINA?
Alberto Acosta *
Ecuador concluyó el siglo XX con una crisis sin precedentes. Y empezó el siglo XXI liderando el crecimiento económico en América Latina. ¿Es éste un motivo de regocijo o de preocupación? Frente a esta pregunta nada mejor que el análisis de algunos datos, recordando que la dolarización fue presentada no sólo como la única alternativa existente, si no como la gran solución para resolver los males de la economía ecuatoriana.
Rasgos de la mayor crisis del siglo XX
A 1999 se le recordará por registrar la mayor caída del Producto Interno Bruto (PIB) real del siglo XX, el cual declinó en 7.3 por ciento medido en sucres constantes y en dólares en 30.1 por ciento, de 19,710 millones a 13,769 millones de dólares. El PIB por habitante se redujo en casi 32 por ciento, al desplomarse de 1,619 a 1,109 dólares.
Ecuador, en consecuencia, experimentó el empobrecimiento más acelerado en la historia de América Latina: entre el año 1995 y el año 2000, el número de pobres creció de 3.9 a 9.1 millones, en términos porcentuales de 34 por ciento al 71 por ciento; la pobreza extrema dobló su número de 2.1 a 4.5 millones, el salto fue de 12 por ciento a un 31 por ciento. Lo anterior vino acompañado de una mayor concentración de la riqueza: así, mientras en 1990 el 20 por ciento más pobre recibía el 4.6 por ciento de los ingresos, en el 2000 captaba menos de 2.5 por ciento; entre tanto el 20 por ciento más rico incrementó su participación del 52 por ciento a más del 61 por ciento. Y en el tornasiglo miles de ecuatorianos, más de 500,000 personas (más de un 10 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA), habrían huido del país.
Las cifras expuestas demuestran la gravedad de una crisis explicable por una serie de factores mutuamente interrelacionados, de orden natural -el fenómeno de El Niño-, de orden económico -el servicio de la deuda externa, la caída de los precios del petróleo, la desestabilización financiera internacional, el salvataje bancario- y de orden político -cinco gobiernos en cinco años-.
Crisis desatada, en gran medida, por la política económica aplicada desde 1992, así como por efecto del interminable ajuste estructural de inspiración fondomonetarista impuesto en este país con diversos grados de coherencia desde la primera mitad de la década de los ochenta. Sobre todo estas dos últimas acciones son causas profundas del problema ecuatoriano. Y todo en un ambiente de corrupción desbocada.
La apuesta de la dolarización
Con la dolarización plena de su economía, el 9 de enero del 2000, fue el primer país de América Latina que sacrificó su moneda nacional e impuso una moneda extranjera como de curso legal. Y se incorporó a la lista de 26 colonias o territorios que utilizaban una moneda extranjera en todo el mundo, 11 de ellos el dólar estadounidense.
La decisión final sobre la dolarización oficial plena no resultó de los designios de la razón. Basta ver que con ella no se acabó con el proceso inflacionario, como se había prometido.
A más de las lógicas internas del Ecuador, hay que comprender los intereses estadounidenses y, por cierto, la estrategia de los organismos multilaterales. La dolarización, por lo demás, no puede ser estudiada exclusivamente en el vacío de la política económica, sino que debe incorporar reflexiones propias de economía política.
Al recocer que la dolarización está al servicio de determinados
intereses y alianzas hegemónicas dentro y fuera de cada país,
y que su aplicación responde a procesos avasalladores propios de
la mundialización del capitalismo, convendría hacer un análisis
desde varias aristas, resaltando las diversas implicaciones y las principales
agendas involucradas, así como una serie de prejuicios e inercias
que trascienden las racionalidades estratégicas.
* Colaborador de la Agencia Latinoamericana de Información.