LOS HIJOS DE LA REPRESIÓN
Andrés Solís *
No fue sino hasta mis años de secundaria cuando me pregunté... ¿Por qué hasta ahora me entero de esto? Y ahora, tantos años después vuelvo a preguntarme lo mismo. En ambos casos aún no tengo respuesta ni a quien culpar. A los desmemoriados que olvidaron, a los mudos que callaron, a los ciegos y sordos que no vieron ni escucharon... a los cínicos que tantos años después se atreven a denunciar... En Tlatelolco, el 2 de octubre alguien mandó matar a estudiantes, trabajadores, amas de casa y niños.
Sería 1985, mi padre llegó con mi hermano con un libro “La Noche de Tlatelolco”, de Elena Poniatowska, una crónica que recoge testimonios de quienes formaron parte del movimiento estudiantil que hizo temblar a un gobierno de por sí temeroso de la sublevación.
En la contratapa, con letra manuscrita grande en tinta negra una dedicatoria que más o menos recuerdo así: “Para Gilberto, que bueno que haya jóvenes como tú que se interesen por los hechos del pasado de este país que nos hicieron estremecer. Elena Poniatowska”. Mi hermano, casualmente nació doce días después de la masacre de Tlatelolco.
Yo tenía 13 años y recuerdo que las fotos me impactaron y después de leer el libro, pregunté a mis padres qué había pasado. Mi madre, con nueve meses de embarazo en ese entonces, no tiene recuerdos de haber visto nada por televisión y mi padre se encontraba fuera de la ciudad y su única prioridad fueron su esposa y el hijo que venía en camino.
Mi abuelo, periodista, me contó la versión oficial, pero la enriqueció con detalles que nunca publicó. Inclusive años después me dejó ver archivos que tenía de esos meses finales de 1968, entre ellos una fotocopia de un par de averiguaciones previas iniciadas por los hechos, una de un militar herido, la otra, de un estudiante... lamento nunca haberle pedido copia de ello, pues con su muerte nadie supo dónde quedaron. Sólo conservé un par de libros más que hablaban de la noche del 2 de octubre.
El hecho me indignó, me llenó de rabia, quizá influyó en mi primera formación socialista-marxista... que bueno... sólo fue por conocer... pero definitivamente si debió haber estimulado mi decisión por ser también periodista.
Desde entonces, desde esa tarde de 1985, he leído, he visto fotos y videos documentales, he escuchado decenas de testimonios de personas que estuvieron cerca. Amigos periodistas que siendo estudiantes les tocó estar en la Plaza de las Tres Culturas y vieron con sus propios ojos cómo caían los de al lado, abatidos por las balas del Ejército, del Batallón Olimpia, en medio de ese fuego cruzado que iba de todos modos contra ellos.
Cuántas canciones de El Tri, de la Banda Bostik, de Jaime López y tantos más. Palabras de un militar retirado, abuelo de una amiga que sin más dijo... “Esto ya no debe importarles, ya es parte de la historia”. Las entrevistas de año con año el editor exige a los reporteros (yo entre ellos), con los ex líderes del movimiento estudiantil. Muchos de ellos con ganancia política porque han ocupado cargos importantes... alguien diría que con justa razón... otros dirían producto del oportunismo.
He escuchado hablar al maestro Heberto Castillo, a Raúl Alvarez Garín, a Pablo Gómez y tantos más... muchos lo vivieron, muchos lo supieron y tristemente la mayoría permaneció callada durante largos años por temor a las represalias.
Y hoy después de más de tres décadas, el semanario Proceso publicó una serie de fotos que recibió de manera misteriosa su corresponsal en Europa, fotos que muestran lo que el gobierno nunca reconoció, la existencia de un “escuadrón de la muerte identificado con un guante blanco”, y que reabrieron heridas y que también quizá ocasionaron la muerte de Florencio López Osuna, quien apareció en una de las mejores portadas que ha publicado este semanario.
Y hoy después de más de tres décadas, el diario El universal publicó fotos de Manuel Rojas, reportero gráfico de esa casa editorial que logró impresionantes imágenes en la morgue, a donde las autoridades afirman aún que nunca llevaron cuerpos, porque apenas murieron unos 20. ¡Ya para qué!
Y entonces me vuelvo a preguntar como periodista y como ciudadano ¿Por qué El Universal guardó tanto tiempo esas fotos y ahora pretende, “porque hay condiciones”, presentarlas como prueba?, ¿Por qué el que imprimió esas placas nunca dijo que las tenía?, ¿Acaso otros diarios tendrán también sus propias reliquias fotográficas que “sobrevivieron” a los supuestos cateos del gobierno?
Que bueno que El Universal haya desempolvado estas fotos para mostrar la verdad que el gobierno quiso y ha querido esconder tantos años, pero ¿querrá también con esto tratar de que alguien les perdone 33 años de sucia complicidad?, esa misma complicidad de la prensa, la radio y la televisión y de todos que prefirieron callar y olvidar y que ahora sus memorias parecen aclararse, refrescarse.
Hoy tengo 30 años y al ver esto sólo puedo pensar una
cosa... que a final de cuentas nuestra generación y las que nos
han sucedido, todos, todos somos hijos de la represión.
* Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma Metropolitana (México), con posgrado en periodismo de investigación por la Universidad Iberoamericana (México). Ha ejercido el periodismo desde 1989 en varios medios impresos y en la radio de México.