Música


BOLA DE NIEVE Y LOS PIANOS CELESTIALES


Marylin Bobes *

Cuando Pablo Neruda afirmó que el cantante cubano Bola de Nieve tocaba los teclados del cielo en una intimidad de cascabel y piano, regaló a la poesía latinoamericana una extraña definición de la inmortalidad, gracias a la persona de un artista, híbrido de risa y llanto. Bola de nieve

Porque Ignacio Villa o Bola de Nieve -negro, feo, obeso, tierno, temperamental y trágico- fue la alegría terrestre y el corazón sonoro, pero también "cierta penumbra subterránea que hace de la alegría un sentimiento mas profundo y más grave".

Nacido en la ciudad habanera de Guanabacoa, en 1911, Ignacio Villa estudio música por muy poco tiempo. A los 12 años de edad trabajaba como pianista en los cines, a cambio de un sueldo miserable. Cuenta su hermano que, durante el intermedio entre dos películas, la gente gritaba: "toca, Bola de Nieve".

Así bautizado, Ignacio Villa se vistió de frac, a la manera de los chansonniers franceses y, 10 años mas tarde, se paseó con la canción cubana por los mas grandes escenarios del mundo, desafiando su fealdad y su pobreza con la fuerza de su talento inigualable.

Comenzó como acompañante de su coterránea Rita Montaner, aquella a quien llamaban La Unica. Con ella llego a México en la década del 30. Una noche Rita se enfermo y Bola apareció como solista en la escena del Politeama.

Rita MontanerLa ovación fue rotunda. Desde entonces decidió cantar solo. Volvió a La Habana, visito Nueva York, recorrió América Latina. Cuando Edith Piaf lo vio en París dijo que no podría volver a interpretar La vie en rosa sin sentir cierto pudor.

Se dice que hay canciones que sólo deben escucharse cuando él las canta. Esto sucede con Mesie Julian, La flor de la canela y Vete de mí. Cuando se oyen sus viejos discos a uno le parece estarlo viendo: su risa franca y patética, confundida con las lágrimas que no le dejan terminar la frase.

Bola de Nieve pensaba de sí mismo que no era exactamente un cantante, sino alguien que dice las canciones. Utilizaba la música en función de la interpretación porque, más que un músico, era un poeta. Era la canción.

Yo entiendo por arte -afirmaba- dar las cosas como uno las siente, poniendo al servicio del autor la propia sensibilidad y establecer esa corriente que hace que el publico ríe o llore o guarde silencio.

La soprano cubana Esther Borja, quien lo conocía íntimamente, asegura que era un artista intuitivo: "hay ciertos individuos que nacen con algo genial. Él era muy observador, muy amante del teatro, de la literatura, de la pintura, y eso es muy beneficioso para el artista, para la formación de su personalidad".

A pesar de su reconocimiento internacional, Bola de Nieve conoció muchos momentos de inseguridad y pobreza antes de 1959. Cuando faltaban tres semanas para que terminara un contrato, tenía que pensar en cómo "ir a otro país, a otro balcón, a otra acera, en donde se pudiera trabajar". La Revolución significó para él seguridad.

Soy cubano, expresaba, soy fidelista. Mi madre fue comunista pero yo nunca había leído un libro sobre marxismo. Cuando volví a Cuba me di cuenta de que la Revolución era lo que yo siempre había soñado. Bola de nieve

En 1971, hace poco más de 30 años, Bola de Nieve abandonó para siempre sus pianos celestiales. En transito hacia Lima, Perú, donde cumpliría un amplio programa de presentaciones, lo sorprende la muerte en la que nunca creyeran quienes lo acompañaron en aquella cita habanera imprescindible del restaurante Monseigneur, donde noche tras noche actuara.

A Cuba legó Ignacio Villa sus pianos sonoros, su alegría terrestre, su estilo irrepetible ante cuya arrogancia claudican jóvenes y viejos, poetas y músicos, gente de pueblo y espíritus refinados.

Vamos a bajar la voz porque en su Guanabacoa natal, cegado por la luz hiriente del trópico, Bola canta perennemente Mesie Julian.

* Colaboradora de la agencia de noticias Prensa Latina.

regresar a la primera página