Brasil


LA CRISIS BRASILEÑA


Theotonio dos Santos *

La coalición de fuerzas políticas que impulsó por ocho años el gobierno del presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, entró en crisis. El origen de la crisis está en el agotamiento de una política económica que parecía exitosa en su comienzo, pero que llevó al país a una de las más graves crisis de su historia.

Esta fue la historia de las experiencias neoliberales de los años 90. El entonces presidente de México, Carlos Salinas, duró seis años de esplendor, hasta la crisis del 94. El ex presidente de Argentina, Saúl Menen, alcanzó reelegirse una vez pero no logró la segunda reelección hasta que su país entró en una dramática crisis. El ex presidente de Perú, Alberto Fujimori, también logró una reelección y cayó cuando quiso imponer su tercer mandato. En Venezuela, la crisis explotó en el "Caracazo" en el gobierno del ex presidente Andrés Pérez, pero fue suplantada con más diez años de consenso neoliberal, que ganó la mayoría de la izquierda y pasó el bastión de la oposición al líder del intento insurreccional que se ligara al "Caracazo": Hugo Chávez.

Estos y otros casos indican que se amplía la convulsión social y política a que nos llevó la adopción del Consenso de Washington en la región. Y es necesario tener en cuenta que los primeros años de éxito de estas políticas se debieron fundamentalmente a la existencia de reservas en divisas en los países en el comienzo de las experiencias.

Las reservas acumuladas en la suspensión del pago de la deuda externa en la segunda mitad de los 80 aseguraron las políticas de sobrevalorización de las monedas nacionales de cada país. Sumadas a los recursos generados por las privatizaciones en el mismo período, permitieron la atracción de capitales especulativos de los centros financieros internacionales para cubrir los déficits comerciales generados por las políticas de cambio sobrevalorizado.

En seis a siete años, los compromisos generados con la entrada de capitales externos, atraídos por altos intereses pagados por Estados involucrados en gigantescas deudas públicas en moneda local o en dólares, empiezan a agotarse. En su cola dejan un endeudamiento público colosal que imposibilita cualquier política de inversiones públicas y alcanzan incluso los gastos públicos tradicionales, provocan un retroceso de la participación del Estado en la economía real y una crisis fiscal sin precedentes.

Es necesario insistir que la disminución de la participación estatal en los gastos públicos no impide que el Estado aumente enormemente sus gastos en el pago de intereses que es hoy día la verdadera fuente del déficit público. En el caso de Brasil, los pagos de intereses por el sector público alcanzan más del 8por ciento de PBI.  Mientras tanto el balance primario (excluyendo los intereses) del presupuesto presenta un superávit de cerca del 4 por ciento.

Los gobiernos lograron invertir el sentido de la actividad estatal. El Estado existe para pagar intereses y no para realizar políticas públicas. Mientras los capitales entran más de lo que salen y las ventas de empresas públicas  aumentan la liquidés de las cuentas públicas parece que estamos en el paraíso.

Lo mismo ocurre en el sector cambiario: la existencia de una moneda fuerte aumenta de manera milagrosa el poder de compra de la clase media en el exterior y pone a su disposición productos importados de todo el mundo a precios mucho más accesibles. Luego, el agotamiento de las divisas es provocado por el déficit comercial y por la salida de ganancias obtenidas por el capital especulativo o por el envío de las ganancias extraordinarias provocadas por una privatización corrupta, genera su contrario. Iníciase la era de las desvalorizaciones cambiarias, de la escasez de divisas, de los créditos no reembolsables, de las quiebras del sector financiero.

Pasamos del cielo al infierno en pocos días. Los líderes de los procesos se transforman de milagrosos genios de la economía en vulgares ladrones buscados por los poderes públicos de sus países. Las ambiciones de un tercer mandato se evaporan junto con el fracaso económico y las revelaciones sobre su costo ético.

Esta es la etapa del ciclo del consenso de Washington que vive Cardoso. Imposibilitado por su propio partido de intentar un tercer mandato, que dependería de una reforma constitucional, le cabe presidir un proceso electoral complicado.

El problema más grave es la convicción creciente que sale de las encuestas de opinión pública de que el pueblo brasileño no votará más en un candidato de Cardoso. Al mismo tiempo,  su partido reivindica comandar cualquier proceso electoral para sucederlo.

Esta determinación dio origen a un enfrentamiento creciente entre el Partido de la Social Democracia (PSDB) y el segundo partido del frente político que apoya al gobierno. El PFL  ha sido un fiel escudero del Presidente que gobernó con un programa de derecha, más al gusto de este partido de que del Fundación Información y Democracia A.C. suyo. Pero el instinto de supervivencia política del PFL lo encamina hacia la oposición.

En artículo anterior llamábamos la atención sobre el intento del PFL de lanzar una candidatura propia que le permitiese negociar en mejores condiciones la sucesión frente a la determinación del PSDB de tener su propio candidato a presidente y preferir hacer un acuerdo con el PMDB para la vicepresidencia. De esta forma se completa un ciclo de distanciamiento entre el PSDB y la derecha neoliberal más consecuente.

Así, todas las fuerzas políticas quieren abandonar el barco del fracaso económico de las políticas neoliberales. De un lado, todos reconocen que se detuvo la inflación durante el plan económico, pero, al  mismo tiempo, todos reconocen que se ha pagado un costo extremadamente elevado por esta estabilidad económica y que tal vez exista alguna alternativa a esta política  que condujo el país a ocho años de estancamiento y a una situación actual de claro perfil recesivo,

El año pasado, el crecimiento del PBI de Brasil ha sido del 1,5 por ciento en un país en el cual la población crece 1,3 por ciento y el mercado de trabajo absorbe una población joven del período de crecimiento del 2,3 por ciento de la población. Generamos a cada año una tasa increíble de jóvenes desempleados, mejor dicho, excluidos del mercado de trabajo que sirven de combustible al aumento de la violencia.

Los estudios de opinión indican que los temas de la violencia y del desempleo son los que preocupan la mayoría de la población brasileña. Y cada vez se hace más clara la correlación entre los dos fenómenos. De la misma forma se atribuye cada vez más claramente esta situación a los efectos de una política económica fundamentalmente recesiva.

Estos hechos explican las contradicciones en el frente gubernamental. De un lado, el PSDB y la fracción gobiernista del PMDB buscan separarse del PFL, cuyo perfil derechista es presentado como el principal inspirador de las políticas recesivas del plan real. De otro lado, el PFL busca separarse del gobierno en su conjunto para presentar una candidatura presidencial "independiente". La escogida fue la gobernadora del Maranhão, hija del ex presidente José Sarney, Roseana Sarney.

Desconocida de la mayoría de la población del país, como lo era el ex presidente Fernando Collor, hecho presidente por los medios electrónicos, Roseana fue llevada al segundo lugar en las encuestas electorales tras la difusión de programas publicitarios que utilizan su condición de mujer. Mientras tanto, el candidato del PSDB y del gobierno, José Serra, no logra crecer electoralmente.

Frente a esta situación, sectores del gobierno iniciaron una exposición a la opinión pública de las múltiples acusaciones que existen en la justicia en contra de Roseana y su marido.  Esto incluyó un allanamiento de una de sus empresas. Roseana, su padre y su hermano, conocidos como el "clan Sarney" reaccionaron violentamente exigiendo el rompimiento inmediato del PFL con el gobierno.

Las cosas se precipitan poniendo en riesgo la hegemonía de la derecha en el país.  Desgraciadamente la izquierda no ha generado aún una propuesta política sólida. Hay una clara intención de ganarse las fuerzas de centro para una propuesta alternativa que el país tanto desea. Una fórmula sólida que excluya el fracaso de Fernando De la Rúa en Argentina, el cual terminó llamando al gobierno al ex ministro Domingo Cavallo,  el símbolo del gobierno neoliberal. Está claro que es necesario partir para una nueva política económica que recoloque el país en el camino del crecimiento económico, del pleno empleo, del desarrollo humano y sostenible. Y a pesar de las afirmaciones contrarias del pensamiento único, por demás fracasado y desmoralizado  por la práctica social, este camino existe y será posible si se crean las condiciones políticas para tanto.

* Profesor titular de economía de la Universidad Federal Fluminense, es coordinador de la Cátedra y Red UNESCO-Universidad de Naciones Unidas sobre Economía Global y Desarrollo Sostenible y presidente del Consejo Consultivo de Relaciones Internacionales del Estado de Río de Janeiro.

regresar a la primera página