LOS OBREROS MIGRANTES SON DESECHABLES
Fernando Velázquez *
La ciudad estadounidense de Los Angeles, a partir de marzo, preocupación y angustia se dibujan en las caras de muchos de sus residentes no anglosajones. Aunque sean ciudadanos o hayan obtenido documentos que les acreditan a residir y trabajar en el país, muchos perciben que el criterio de las autoridades para arrestar personas es que tenga apariencia "de extranjero de color." Hace un par de días, hombres, mujeres y niños caminaban por la ciudad aterrorizados por las redadas del Servicio de Inmigración y Naturalización (SIN) en el aeropuerto internacional, y que según los medios de comunicación, podrían extenderse al resto de la ciudad.
Grupos de sacerdotes, monjas, trabajadores de la limpieza, cocineros y políticos de todas los grupos étnicos protestaron en el puerto aéreo contra las actividades policiales del SIN. Estamos disgustados por la falta de respeto y la forma humillante con que se trata a nuestra comunidad, declaró Angelica Salas, de la Coalición por los Derechos Humanos de los Inmigrantes de Los Angeles, al describir el pánico que provocan las redadas del servicio migratorio.
El vocero del SIN, Francisco Araute, señalo que se han detenido 184 personas y que los arrestos tienen como objetivo mermar las actividades delictivas de los contrabandistas, que motivados por el dinero introducen a extranjeros al país. Para James Laferti, de la Barra Nacional de Abogados, la ola de arrestos desatada desde el 11 de septiembre se ha convertido en actos racistas, primero contra musulmanes y ahora contra latinos.
Maria Elena Durazo, de la Local 11 del Sindicato de Trabajadores de Hoteles y Restaurantes, anota que las redadas de "la migra" han volteado de cabeza los valores nacionales al aterrorizar a los obreros que contribuyen a la economía del país. Para Antonia Hernández, del Fondo Mexicoamericano para la Educación y la Defensa Legal, cualquier operación que se enfoca en un grupo de individuos con base en el color de su piel es preocupante. El enfoque es inconstitucional e intolerable, dijo.
La explicación del SIN para justificar sus acciones de que "los coyotes" o contrabandistas de inmigrantes sólo buscan lucrar con el indocumentado es refutada por Randy Jurado, activista centroamericano. Jurado sugiere que las autoridades migratorias impulsan una campaña de relaciones públicas para mejorar su imagen de ineficientes, ya que se ha reportado que otorgaron dos visas a extranjeros acusados de estar implicados en los atentados del 11 de septiembre del año pasado.
Otra explicación pudiera ser que debido a la contracción económica del país, se ha reducido al demanda de obreros y ahora salen sobrando. Si los recién deportados tienen empleo, para regresar tendrán que pagar a otro "coyote" entre 1,800 y 10,000 dólares y parte de esa cantidad pudiera ser "la comisión" para los agentes de la patrulla fronteriza o de aduanas.
El contrabando de extranjeros se ha convertido en un negocio muy lucrativo y como el de las drogas, la eliminación de "la competencia" se traduce en mayores dividendos.
En la edición del 7 de marzo de 1999 del Seattle Times, Marissa Taylor y Ricardo Sandoval, del Knight Rider, destacaron que desde los pequeños pueblos hasta las grandes esferas del gobierno federal las agencias antidrogas continúan alarmadas sobre la creciente influencia de los dólares vinculados al tráfico de drogas. Entre 1994Y 1997, cuarenta y siete oficiales de la ley, en la frontera, fueron enjuiciados. Entre 1992 Y1997, la General Accounting Office (GAO), oficina investigadora del congreso, examino 20 casos de juicios contra agentes de la aduana y del SIN.
El trabajador inmigrante también es víctima del juego político de los demócratas y republicanos. En la administración del ex presidente de Estados Unidos, William Clinton, la federación del trabajo conocida como la AFL-CIO anunció una masiva campaña de reclutamiento con el fin de incorporar un millón de indocumentados por año. Los latinos recién naturalizados decidieron apostar casi todo su capital político a los demócratas, quienes postularon a las legislaturas estatal y nacional con caras morenas. Aunque estos "nuevos políticos latinos" no hacen nada por aliviar las penas del indocumentado, los republicanos han usado "esos cambios" como excusa para lanzar campañas racistas y antiinmigrantes.
Mientras que demócratas y sus aliados convertían a Los Angeles en "la capital" del sindicalismo moderno y a través del congresista Luis Gutiérrez pedían "una amnistía" para los indocumentados, para que sus miembros votaran a favor del partido, los republicanos enviaban a Phil Gramm, uno de los peores antiinmigrantes a México a visitar "su Coca-Cola man", el presidente mexicano Vicente Fox. A su regreso, Gramm anunció una extensión del programa de braceros, programa de contratación de obreros extranjeros sin mas derecho que el de trabajar duro, barato y sin protestar.
La campaña antiinmigrante conocida como Proposición 187 y promovida por el ex gobernador californiano Peter Wilson en la pasada década, generó una ola de peticiones de ciudadanía por parte de latinoamericanos que tenían años viviendo en el país como residentes permanentes. Una vez naturalizados, "votaron demócrata" para "castigar" a los republicanos.
Los republicanos contraatacaron y denunciaron a la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) y su departamento de corroboración de antecedentes y huellas, por "aprobaron" el ingreso de criminales extranjeros y les otorgaron la calidad de ciudadanos estadounidenses. El siguiente "golpe" fue el fallo de la Suprema Corte que niega al obrero indocumentado el derecho a sindicalizarse. Desde los incidentes del 11 de septiembre, la justificación favorita es que "los terroristas" eran extranjeros que recibieron visas sin verificar su pasado.
Un vistazo a la historia de las leyes migratorias de Estados Unidos insinúa una realidad muy diferente al juego político de los partidos del asno y del elefante (demócrata y republicano).
En su reporte sobre los latinos en el sudoeste de los Estados Unidos, la organización Global Exchange muestra que los primeros mexicanos ciudadanos fueron cautivos involuntarios producto de las relaciones de Washington con su vecino del sur. Su apoyo a la secesión de Texas en 1836, su posterior guerra contra México en 1847 y "la compra" de un pedazo de territorio mexicano (mas de la mitad) en 1854. Los indígenas y mestizos dentro de las tierras "recién adquiridas" pronto se percataron de que la frontera cruzo a los latinos, ellos no cruzaron la frontera.
Global Exchange subraya que la historia de las leyes migratorias esta plagada de racismo. En la década de 1880, el Decreto de Exclusión fue elaborada para golpear a los chinos. A principios del siglo XX la dictadura de Porfirio Díaz patrocinada en gran medida por Washington, generó otra ola de migrantes, la cual se intensificó con la revolución (1910-20), con más de un millón de refugiados. La participación de Estados en la primera guerra mundial (1916-18) dio paso a una nueva demanda de obreros, los mexicanos llenaron el vacío y sus hijos continuaron contribuyendo al crecimiento económico de los 20.
El colapso de la bolsa de valores en 1929 marcó el inicio de una de la peores campañas antiinmigrantes de la historia. Los mexicanos residentes legales y sus familiares ciudadanos fueron víctimas de aterradoras redadas de "la migra" que se encargo de expulsarlos del país. En los 40 se firmó un tratado binacional, en el cual Estados Unidos se comprometió a proveer vivienda y buenos salarios a los mexicanos, cosa que nunca cumplió.
El vacío que dejaron los obreros que partieron a las trincheras en la segunda guerra mundial fue llenado por los mexicanos y la economía empiezo otra expansión. Esta vez el obrero fue parte de la agricultura, servicios y fabricas, y se genero una dependencia en el trabajo barato. Para asegurar estabilidad el ejecutivo federal creo en 1942 el programa de braceros sin derecho a sindicalizarse. El cual fue extendido por el congreso en 1951 concluyendo en 1964.
En los 70, el embargo petrolero a Estados Unidos generó un brusco cambio en la economía estadounidense y el inmigrante fue utilizado como chivo expiatorio por el republicano Ronald Reagan, quien recurrió a "la inmigración ilegal" como lema de su campaña en busca de la presidencia. Sin embargo, las intervenciones militares de Washington en Centroamérica y la inestabilidad del precio del petróleo, el cual impactó muy fuerte a México, forza un éxodo de ciudadanos de la región hacia el norte. En cuanto mejoraron los índices en la bolsa de valores se abandonó el tema y hasta se habló de una amnistía, patrocinada por Washington y México.
La explosión de "la burbuja milagrosa" de las economías asiáticas en 1998 generó pánico en los mercados financieros mundiales y algunos "expertos" vaticinaron "un sunami" en Brasil, Rusia y Estados Unidos, el cual, aseguraron, llegará en dos años. Los "ataques terroristas" del 11 de septiembre es una gruesa cortina de humo, la justificación del deterioro económico de Estados Unidos.
Para los indocumentados da lo mismo. Cuando hay escasez de obreros hay contratación, cuando hay desempleo hay deportación. Mientras se recobra la economía hay que descansarlos y el aviso de terminación del empleo, lo mismo que antaño, son los agentes de "la migra."
De acuerdo al Migrant Watch International, con sede en Suiza, la globalización de las corporaciones y su neoliberalismo han desplazado a 130 millones de ciudadanos del hemisferio sur.
Los grandes capitalistas han hecho grandes transferencias de capital hacia el norte forzando a los del sur a viajar y buscar empleos en los países a donde se escapo su riqueza. En Estados Unidos, la derecha republicana, los sindicatos y los activistas coinciden en que la opción no es tratar de frenar el flujo migratorio sino la condición de los recién llegados en el país.
Y ese es un viejo dilema nacional; el abuso como esclavos, sirvientes
explotados o braceros, o la libertad aunque esta deje a los obreros con
la necesidad de organizarse y mejorar sus condiciones de vida.
* Periodista independiente y productor de radio de Los Angeles, California, Estados Unidos.