MUJER, COMUNICACIÓN Y DESARROLLO
Ana María Peppino Barale *
Cotidianidad, género, medios de comunicación -radio en este caso- y desarrollo, constituyen los anclajes que permiten entrever la compleja relación de circunstancias que van permitiendo la construcción de espacios donde se hacen públicas situaciones que se acostumbraban a mantener en la intimidad y, sobre todo, donde las mujeres opinan, disienten y proponen de propia voz. Este enfoque múltiple, me sirve de plataforma y guía para analizar las circunstancias y las mediaciones que favorecen o impiden los cambios en las conductas individuales y sociales de las mujeres que cumplen funciones de productoras, conductoras, locutoras y operadoras, y de las receptoras de programas radiofónicos representativos de comunidades campesinas e indígenas mexicanas.
ESPACIOS DIFERENTES
La costumbre social, en distintas épocas y lugares, ha separado los espacios privados de los públicos. La vida doméstica se desenvuelve en el primero, es el lugar donde convive la familia, se crían y educan los hijos; este espacio íntimo se identifica con la mujer y con su papel reproductor de la especie, de las costumbres, de la religión y de la lengua. El hombre, en cambio, se lo relaciona con la esfera pública, con todo lo que sucede fuera del hogar ya que, por su carácter de proveedor, se desenvuelve en el mundo de la producción, el trabajo remunerado -y por lo tanto reconocido- y del poder.
Esta perspectiva bipolar simplifica la realidad y no permite apreciar la complejidad de la realidad social y de la condición femenina, que se desarrolla en espacios dinámicos y plurales que no se limitan únicamente al ámbito doméstico en el cual las actividades, comportamientos y significados, explican la reproducción biológica y social de la familia. Cada vez un mayor número de mujeres se inserta en el mundo laboral, su participa en la vida comunitaria se vuelve cada día más determinante, especialmente para las pobres que deben organizarse para conseguir desde infraestructura mínima hasta educación y atención a la salud. El espacio político cobra cada día mayor importancia y es ahí donde las mujeres se relacionan con la sociedad civil y con el poder público.
Precisamente, a partir de esa realidad múltiple en que se desenvuelve la mujer, es importante destacar el paso de lo privado a lo público en los medios de comunicación donde la presencia femenina es cada vez más numerosa. Sin embargo, surge el cuestionamiento de los contenidos que siguen reforzando el papel tradicional de la mujer y poco atienden a las necesidades actuales de los distintos grupos de mujeres. Por ejemplo, perpetúan la invisibilidad de las mujeres campesinas y de las indígenas, en cuanto no las consideran sujetos de información o noticia y por lo tanto quedan excluidas del reconocimiento de la sociedad; igualmente, la información y las noticias que sobre mujeres les llegan se refieren preferentemente a grupos urbanos de clases media y alta.
En México, Radio Teocelo, Radio Huayacocotla y el Sistema de Radiodifusoras Culturales Indigenistas, han posibilitado la participación de mujeres campesinas e indígenas que han trascendido sus espacios privados, para ocupar un espacio público desde el cual comunicar y comunicarse con las otras mujeres. En el levantamiento de las historias de vida de algunas de ellas, las he reconocido en su papel de constructoras de espacios nuevos, actoras de sus propias vidas, que han aprovechado cada oportunidad para ampliar y mejorar sus expectativas de vida, superando las limitaciones culturales, sociales y de participación que en sus comunidades se les asignan. Para ello, he reconstruido sus experiencias particulares de vida, en relación con su papel actual de productoras y conductoras de programas radiofónicos para mujeres, con la idea de abrir una ventana que permita la comprensión de estas apropiaciones femeninas de espacios públicos y la repercusión o influencia que este hecho tiene sobre los otros ámbitos que median su cotidianeidad. Igualmente, es necesario examinar los objetivos y contenidos de los programa radiofónicos de mujeres campesinas e indígenas, para determinar en qué grado se atienden los cuestionamientos de género; también, precisar si las estrategias de capacitación a productoras y conductoras radiofónicas incluyen orientaciones dirigidas a sensibilizarlas e instruirlas, para abordar las problemáticas privadas y cotidianas de las mujeres de su comunidad.
En este contexto, es necesario explorar también la vinculación entre la dupla comunicación/perspectiva de género con el paradigma del desarrollo, con objeto de valorar la influencia que ejercen las organizaciones nacionales e internacionales que apoyan proyectos de comunicación para el desarrollo, en la determinación de contenidos que expongan las aportaciones de las mujeres a la producción, que las reivindiquen como sujetas de crédito y que promuevan y apoyen las organizaciones comunales que atienden diferentes aspectos de la problemática de las mujeres (derechos humanos, producción de subsistencia, educación, salud reproductiva).
De la misma manera, la contextualización de la reflexión se apoya en una política de lo cotidiano que resalta el hecho de que, en México en lo que va del siglo, la participación de las mujeres en las transformaciones sociales y políticas ha precedido con mucho al reconocimiento jurídico de sus derechos. Su presencia histórica en luchas de diversa índole no ha correspondido a demandas específicas de las mujeres, sino que ellas se incorporaron al combate político de la época. Igualmente, su incorporación al trabajo asalariado ha correspondido más bien a necesidades circunstanciales de producción, y no al reconocimiento explícito del valor de la participación femenina en el mundo laboral.
MUJER Y DESARROLLO
A partir de los años 50 se empieza a reconocer el papel de la mujer en el desarrollo y se formulan políticas para "integrarla" al mismo, que transitan por diversas etapas:
a) de bienestar, en la que se considera a la mujer como receptora pasiva del desarrollo y donde se estima que su papel más importante es la maternidad y la crianza de los hijos por lo que, al ser responsable de la reproducción, los programas se orientan al cuidado, nutrición y desarrollo de los hijos.
b) de equidad, donde se reconoce la participación de la mujer en el desarrollo y la importancia de su independencia económica; corresponde a la década del 70, en la cual se da prioridad a la planificación familiar para controlar el crecimiento poblacional y el aumento de la pobreza; igualmente, las mujeres presionan para que los programas no sólo las incorporen al desarrollo sino que les reconozcan iguales derechos y oportunidades que a los hombres.
c) de superación de la pobreza, que considera a la discriminación sexual en el campo laboral como el origen de la pobreza de las mujeres , por lo que se trata de generar mayores opciones de empleo y de ingresos para ellas.
d) de eficiencia, orientada a incrementar la productividad y eficacia de la participación de la mujer en el desarrollo.
El estudio de cada etapa y de la participación activa de las mujeres, va perfilando un avance teórico sobre la relación mujer y desarrollo. Desde esta perspectiva, en las fases consideradas resalta la asignación de un papel único a las mujeres: reproductivo en el enfoque de bienestar; productivo en los enfoques de equidad, pobreza y eficiencia -lo cierto es que las mujeres cumplen ambos, especialmente las pobres-. De ahí, que es conveniente tomar en cuenta las necesidades específicas de las mujeres, en función de las relaciones cotidianas con el hombre, y la forma de satisfacerlas. En este sentido, se reconocen las necesidades prácticas de género que se refieren; a su condición (estado material en que se encuentra la mujer, su falta de educación, pobreza, excesiva carga de trabajo, falta de acceso a la tecnología, etc.); y, las necesidades estratégicas derivadas de su situación (ubicación social y económica de la mujer respecto del hombre).
El tránsito de los espacios privados a los espacios públicos, significa también la visualización de las aportaciones de las mujeres en el proceso de desarrollo; entendido este último no sólo en su aspecto económico y productivo sino en su planteamiento humano, que se define en los avances de las personas con relación a la salud, nutrición y bienestar. Este concepto de desarrollo humano se basa en indicadores que parten del crecimiento económico pero que, igualmente, toma en cuenta el nivel de educación de mujeres y hombres, urbanos y rurales, la expectativa de vida, los índices de mortalidad, el trabajo para todos, la sanidad ambiental, la calidad de vida, la democracia (entendida en la libertad de expresión, participación política, libertad de credo, respeto a la opción sexual, igualdad de oportunidades para mujeres y hombres).
En los acuerdos de la Asamblea General de ONG's sobre Género y Desarrollo, celebrada en Bruselas (1989), que si bien se refieren a la diversidad de áreas debatidas (alimentación, vivienda, salud, derechos, medios masivos de comunicación, etc.), destacan dos términos que resumen la esencia de la Asamblea: empoderamiento y participación. En las recomendaciones se subrayó la necesidad de dar poder a las mujeres y asegurar su participación en iguales términos que los hombres, no sólo a nivel de proyectos sino también en la toma de decisiones y en la conducción de los mismos. Las dificultades para llevar a la práctica esta exhortación van desde el propio hogar hasta los centros de estudio, de trabajo y en los partidos políticos. Además, conviene recordar el papel subordinado de la mujer en las instituciones religiosas, si bien la Iglesia Anglicana dio el primer paso en el verano de 1994, en Wesdcott House uno de los colegios de teología de más prestigio en Inglaterra, donde se ordenaron 32 mujeres sacerdotes. Con respecto a la Iglesia Católica puedo citar el caso de dos monjas -no son las únicas- que fueron directoras de radios comunitarias: la Hermana Alma Montoya de Radio Latacunga, Ecuador y la Madre María (Jane Druffel) de La Voz de Nahualá, Guatemala. Pero igualmente, puedo nombrar a monjas -y también a sacerdotes- muy comprometidas con causas sociales, que han tenido que trabajar fuera de la Iglesia porque en ella no encontraron apoyo ni las actividades que corresponden a sus inquietudes, aptitudes y capacidades.
Por eso no hay que sorprenderse por la creación de organizaciones propias de mujeres, que permiten desarrollar sus prioridades y aplicar sus puntos de vista y objetivos con más facilidad que en organizaciones mixtas. Pero también la pobreza material disminuye las posibilidades de asociación de las mujeres, que no pueden solventar los gastos de transporte, hospedaje y alimentación que se requieren para participar activamente en los trabajos de una organización. De ahí que las instituciones de cooperación deben tomar en cuenta esta circunstancia y apoyar el desarrollo de los grupos en sí, además del programa de trabajo.
MUJER Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
El acceso de las mujeres a los medios de comunicación y a las nuevas tecnologías informáticas representa una condición necesaria, no sólo para favorecer el intercambio de experiencias e información, de forma inmediata, pública y masiva sino porque representa la oportunidad de visibilizar el mundo personal y privado de la mujer con una perspectiva de género. Muchos problemas calificados de privado por la tradición, se hicieron públicos por la acción de las mujeres; por ejemplo, se hicieron visibles la violencia doméstica, el asedio y la agresión sexual.
En las diversas reuniones preparatorias a la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer-CCMM (Beijing, China, 4 al 15 de septiembre de 1995), y al Foro de Organizaciones no Gubernamentales-ONG's (Huairou, China), las comunicadoras latinoamericanas insistieron en la necesidad de incorporar el tema de la comunicación y su importancia estratégica para las mujeres, en la Declaración Final a la que se le denominó "Plataforma de Acción", cuyo borrador fue puesto a consideración de los estados miembros por la Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer de las Naciones Unidas, órgano preparatorio de la CCMM, y que se enriqueció en las reuniones preparatorias del Comité, en las reuniones regionales y con los aportes resultados de las actividades paralelas de las ONG's.
Al final, en el capítulo IV, sección "J", los párrafos 234 al 245 se dedicaron a "la mujer y los medios de difusión" con dos objetivos estratégicos:
J.1. Aumentar el acceso de la mujer y su participación en la expresión de sus ideas y la adopción de decisiones en los medios de difusión y por conducto de ellos, así como en las nuevas tecnologías de comunicación.
J.2. Fomentar una imagen equilibrada y no estereotipada de la mujer en los medios de difusión.
Se señalan las medidas que han de adoptarse por los gobiernos y las organizaciones internacionales; por los medios de información de masas y las organizaciones de publicidad; y, por las ONG's y el sector privado. Las recomendaciones comprendidas en dicha Plataforma de Acción tienen un carácter indicativo y su aplicación significa un compromiso moral para los gobiernos, pero nos compete a todas fomentar y vigilar su cumplimiento.
IMPORTANCIA
El valor que tiene para mí estudiar el papel de campesinas e indígenas en el quehacer radiofónico y su relación con el concepto de desarrollo, no reside en destacar únicamente los esfuerzos y disposición de estas mujeres para superar las condiciones adversas de su vida cotidiana, sino en subrayar el hecho de que su problemática privada ha transcendido los límites domésticos para ocupar el espacio público que las ondas hertzianas representan. Y, por supuesto, interpretar esta acción como el camino que conduce a estas mujeres a ejercer el poder de la palabra pública.
* Profesora-investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana (plantel Azcapotzalco) de México.