Colombia


CAMINO A LA LUZ... DONDE ESTÁ DIOS


Pablo Felipe Pérez *

Cada día me causa más estupor la convivencia en mí Medellín. Independientemente de que es una ciudad hermosa en su arquitectura y planificación, y sus habitantes emprendedores; pero no puedo entender muchas cosas. A pesar de no entender sigo aquí, no me marcho a otro lugar porque esta es mí ciudad. ¡Sí señor!

Las noticias no hablan otra cosa que de asaltos, secuestros y asesinatos por diferentes causas; accidentes por el exceso vehicular mezclado con el alcohol y muchas veces con la droga. Todo esto hace muy pesada la vida en mí ciudad, porque todas estas cosas quedan ahí, impunes, en su sitio. Típico modelo del ser latinoamericano y andino es Colombia, por su diverso talante.

Pero nada saludable es la imagen que muchos nacionales exportan, el de las armas. Esto no es fortuito. Por más de doscientos años, entre violencias cortas y largas, la nación ha espigado encima de dolor, guerra y odio. País donde las refriegas cotidianas parecen nunca acabar. Parece que la mucha, mucha violencia, pervive como simiente. Parece que la mucha, mucha violencia es la dote de todas las generaciones. Como sí la mucha, mucha violencia fuera el único prototipo para que el país tenga su madurez.

No sé si será por mi cultura y porque llevo muchos años detrás de los libros; pues no hay mucho que hacer.

Creo que mi categoría es la que me permite poder opinar. Si opinar sobre los que viven peor, mal, regular o bien en mí "hermosa ciudad". Donde muchos nos reímos muy poco; porque la vida se nos va consumiendo como en un abrir y cerrar de ojos, a la espera de esa esperanza que se nos prometen y nunca llega.

Bueno, de todas maneras tiene Dios muchas cosas que hacer y muchos los problemas que resolver en este mundo loco. No dudo, sí señor, que el también tenga en el cielo un neoliberalismo; como el que nos tiene tan mal acá abajo. En verdad, yo entiendo porque no puede atender tantos pedidos de los de aquí.

Sí hablo de esta manera no es por rencores. Me molesta el engaño, sí señor.

A mí me ocurre lo que dijo Cervantes en su obra La Gitanilla en boca de Preciosa: "A mí ni me mueven promesas, ni me desmoronan dádivas, ni me inclina sumisiones, ni me espantan finesas enamoradas." Si lo estoy diciendo es porque he leído mucho libros y sé de la vida en este mundo; que tanto vapulea a los de abajo.

Causa tristeza ver lo que yo veo.

Hace pocos días un niño de ocho años acuchillo a otro de igual o menor edad; para quitarle 5000 pesos sus ventas de confites; en el semáforo de la Minorista; en el centro de la ciudad; y la vida sigue igual, nada pasa. Por eso digo que a Dios no le queda mucho tiempo para ayudar a los niños.

Dios sabe lo que puede aprenden un niño en el más terrible desamparo en la calle; sin educación, salud y futuro. Mí Dios sabe que sólo tiene dos alternativas: luchar por vivir, para quizá morir; a manos de una mañoso, de un criminal o de la droga. Sé lo que digo, lo he visto y vivido, sí señor.

Pero la muerte es un gran negocio en mí ciudad y también en el país. Solo hay que ver la prosperidad de los negocios funerarios. Hay para todos los gustos y posibilidades económicas. Claro que puedes escoger un apoyo para el duelo sí tienes algo de platica. Si no tienes algo de platica, puedes terminar catalogado como NN (1).

Pero me indigna como se hace propaganda y platica con la desgracia de los demás. ¡Sí señor!

Hace unas semanas en un Especial de Funerarias, en el periódico El Mundo leí:

"La aparición de los Servicios Exequiales, que hoy ofrecen las distintas funerarias de la ciudad; obedece en gran parte, a la demanda del servicio. Razón de las condiciones de conflicto, y violencia; que ha vivido el país, las regiones y nuestra ciudad en la última década".

Pero la solución a tantos problemas no llega. Los problemas son los que traen la violencia que vive todo el país por más de doscientos años. Dicen que el duelo es un proceso y se debe entender. Que se inicia con los servicios funerarios y se prolonga a los familiares.

¡No estoy de acuerdo con esto!

Parece que el duelo y los servicios funerarios, al menos en Colombia, ya deben estar contratados. Si contratados desde que se germina el óvulo en el vientre de las madres colombianas. Sí señor.

Bueno, el día no está nada bueno, la lluvia viene como estampida desde los cerros, del lado de Río Negro. Siempre que llega de esa zona, llega como demonio.

Que frustración, hoy nadie se ha interesado en comprar libros. De todas maneras es el día en que debo cerrar temprano mí negocio, y recoger mis libros. Y empacarlos como siempre en mis cajas; pero sobre todas las cosas debo guardarlos muy bien en mí choza, donde no se dañen con la lluvia. Sí señor.

Tengo cita con los alumbrados; en mí avenida la Playa, y también sobre el río Medellín. Siempre los ponen, en diciembre de cada año, "el generoso alcalde de mí ciudad".

Lo bueno, es gratis y puedo verlos, junto a los que viven peor, mal, regular o bien; en mi "hermosa ciudad"; con mi edad y ojos a cuesta, pobre a pesar de ser trabajador y honrado, flaco y mal vestido. Eso sí, pero con dignidad y confianza en mí Dios. Yo tengo un privilegio, puedo mirar alumbrados junto a los de abajo, como yo; y los disfrutamos más que los de arriba. Porque el resto del año nos toca vivir en la eterna oscuridad del olvido. ¡Claro que hablo la verdad!

Por eso disfruto las hermosas luces de los alumbrados de diciembre. Eso sí, mientras espero con paciencia en mí choza o en mí negocio; los servicios funerarios para los N.N. Para poder ir camino a la luz... donde esta mi Dios. ¡Sí señor!

Notas:

1.- Personas fallecidas sin ninguna identificación.

* Escritor y periodista independiente. Apartado Aéreo No. 56381. Medellín. Colombia.

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