GIRÓN, PRIMERA DERROTA DEL IMPERIALISMO YANQUI EN AMERICA
Eduardo Vidal *
Hace 41 años, la mayoría de los soldados apoyados por el gobierno estadounidense, capturados por el pueblo cubano en las arenas de Playa Girón, confesaron ante la indignada opinión pública cubana, que habían participado en la invasión, pero que habían venido como cocineros... Otros dijeron que eran los chóferes y otros que vinieron como enfermeros. Nadie quería aparecer como responsable de aquel acto criminal.
Lo que más se pudo obtener como confesión aquel primer día, fue la revelación de que ellos no tenían interés en asesinar, como lo hicieron, a centenas de cubanos inocentes; que la idea no era agredir a nadie, sino dar un mensaje democratizador y salvar a la nación.
Más tarde, ellos fueron enviados de regreso a sus amos, quienes, en cambio, nos enviaron compotas para los niños cubanos. En Estados Unidos, y una vez a salvo, comenzaron a vociferar y a mostrar un extraño envalentonamiento, para finalmente transformarse en lo que hoy todos conocemos como la gran familia de mafiosos y terroristas de la ciudad estadounidense de Miami, aliada del presidente de Estados Unidos, George Bush.
41 años después, se repite una historia similar. El gobierno de Estados Unidos, implantando el terror a un grupo de países, entre ellos algunos latinoamericanos, impuso una Resolución condenatoria contra Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra.
Muchos países, tratando de salvar su orgullo, -porque evidentemente, el honor y la independencia de muchos se ha visto en estos momentos seriamente cuestionado,- expresaron, como aquellos cocineros en Playa Girón, que esa resolución no tenía la intención de agredir, de inmiscuirse, ni de condenar a Cuba. Casi llegaron a pintarla como un favor que nos hacían, como una forma de defendernos y de condenar el bloqueo.
Al igual que hace 41 años algunos otros dijeron, compulsados por Estados Unidos, y por la mafia terrorista de Miami, que trataban de enviarnos un mensaje democratizador.
Pero, al igual que hace 41 años, Estados Unidos sufrió una derrota, esta vez de tipo moral y política. La Casa Blanca y su Departamento de Estado tuvieron que realizar las más increíbles presiones, amenazas y persecuciones para garantizar este voto.
Sin embargo, a pesar de la coacción y la brutalidad empleada contra gobiernos soberanos, -que como verán todavía existen en este mundo,- Estados Unidos sólo pudo lograr un ridículo margen de 2 votos, para aprobar la resolución, muestra más que elocuente de que aún quedan muchos países que defienden con firmeza la justicia y la verdad, mantienen el decoro y no le temen al Imperio.
Para los que se incorporaron, con mayor o menor entusiasmo, a esta maniobra contra el pueblo de Cuba, como para aquellos que hace 41 años cambiamos por compotas, debe quedarles claro que han perdido, que el gobierno cubano ha recibido una señal alentadora a partir de esa votación, que confirma que el sendero que nos trazamos es el correcto; que el mensaje que nos llegó de Ginebra es de invitación a seguir nuestro camino, de no rendirnos y de continuar construyendo el mejor de los mundos.
Para los que se plegaron, aquí va nuestra respuesta, aquí va nuestra reacción al mensaje de aliento que acabamos de recibir en la Comisión de Derechos Humanos:
Cuba mantendrá su revolución socialista, su democracia participativa, su más irrestricto compromiso y garantía de los derechos humanos de todos los cubanos, y cuando decimos de todos los cubanos, lo decimos con orgullo, pensando en que todos, absolutamente todos los países que votaron contra Cuba en Ginebra, y muy especialmente Estados Unidos, no pueden hacer siquiera esta promesa, no pueden sostener ese compromiso, con o sin la intervención y la supervisión de la Alta Comisionada de la Organización de Naciones Unidas para Derechos Humanos.
Reconocemos, aún con dolor, que todos, absolutamente todos los que se plegaron, a pesar de que inviten a la comisionada una y mil veces, no podrán exhibir los indicadores de derechos humanos que Cuba exhibe, y no podrán garantizar los derechos más elementales de todos sus connacionales.
Cuba continuará profundizando y ampliando la colaboración desinteresada con nuestros pueblos hermanos, ofreciéndoles más médicos, más maestros y más técnicos a los necesitados que viven en regiones y en poblaciones a las que el capitalismo mundial actual ya ha contabilizado como irrecuperables o en vías de extinción. Es así como los países deben ocuparse de los derechos humanos en el mundo. No lanzando acusaciones desde una tribuna en una opulenta ciudad europea.
Cuba continuará denunciando las verdaderas causas de la pobreza, el Nuevo Orden Imperial que enfrenta a hermano contra hermano y vecino contra vecino para salvaguardar el deseo de poder y riqueza de unos pocos.
Cuba continuará desenmascarando y luchando contra todas las formas de explotación, presentes y futuras; contra el hegemonismo en cualquiera de sus metamorfosis, versiones y formas, sin importar lo sutiles y disfrazadas que se expresen.
Cuba continuará oponiéndose a la actual versión de imperialismo y a la que podrá devenir después, a pesar del alto precio que por ello tendremos que continuar pagando.
Cuba continuará defendiendo la validez de la pluralidad.
Cuba seguirá abogando por la conformación de una unión, cada vez más estrecha, con los pueblos de América Latina y el Caribe, nuestro entorno geográfico, histórico y cultural. Continuará rindiendo tributo a los siglos de historia que nos unen a esta Nuestra América; siglos de intercambio y solidaridad, que se han sedimentado y a la vez entremezclado y fundido en el corazón de nuestras naciones.
Con el paso de los años, tal vez conmemorando otro aniversario de la Victoria de Playa Girón, tal vez aquí, en esta misma sala, otros se congregarán para honrar la continuidad de los lazos de amistad y hermandad entre nuestros pueblos. A ellos, y porque es inevitable que ese día llegue, les enviamos este otro mensaje:
Es posible alcanzar la justicia. El verdadero enemigo de la humanidad es la ignorancia, el hambre, la desigualdad, el egoísmo, la cobardía, la traición, la indiferencia, el rencor, la intolerancia y todo ese largo inventario de miserias que se han acumulado, perfeccionado y finalmente han sido recibidos como herencia de los que nos antecedieron, en todos estos años de oscurantismo.
Rendir a ese enemigo, el verdadero enemigo de la humanidad, se consigue con la unidad de todos, de aquellos que tienen en sus manos la capacidad y el talento para influir, para formar opinión; de aquellos que se yerguen como modelo de muchos, de aquellos que pueden decir ¡Basta!; de aquellos que conformamos lo que ahora llamamos memoria colectiva, cuyas acciones de hoy convertiremos en las tradiciones del mañana.
Rendir a ese enemigo se puede conseguir sin lucha, sin muertes, sin intervenciones, sin "daños colaterales", sin atropellos, sin violencia y sin terror. Rendir a ese enemigo con amor y solidaridad nos colocará en el pedestal más alto que puede situarse un ser humano. Nos situará, si se quiere, más cerca de la perfección que todo hombre honesto aspira un día alcanzar.
Si hubiera que seguir luchando contra ese mal, lo cual implica que no todos se sumaron, los cubanos estaremos allí, en los próximos años, en los próximos siglos, en aquella Isla que en paz habita el Mar Caribe, promoviendo un mundo mejor, tendiendo la mano amiga al necesitado, soñando en que un día ese enemigo común desaparezca por completo de la faz de la tierra.
Allí nos mantendremos, firmes, llenos de esperanza, repitiendo
una y otra y mil veces ¡Hasta la Victoria Siempre¡
* De la embajada de Cuba en México.