PETRÓLEO: ¿TALÓN DE AQUILES DE LA GLOBALIZACIÓN?
Aurelio Suárez Montoya *
Alí Rodríguez, presidente de PDVSA (Petróleos Venezolanos), siendo secretario general de OPEP, en el marco de 112 Conferencia de Ministros, realizada en noviembre de 2000, al determinar las causas primeras de los altos precios del petróleo, ocurridos desde 1.999, no incluyó la insuficiencia en la oferta de crudo por parte de los productores. Fijó otras -no muy difundidas por acá- como el cuello de botella en el cual se tornó la insuficiente capacidad de refinación de Estados Unidos y del transporte de casi 10 millones de barriles diarios importados que completan su consumo cotidiano de 19.5, el incremento de los impuestos que los gobiernos de los países importadores colocan al crudo con fines fiscales, los que, por ejemplo, en la Unión Europea se incrementaron en un 355 por ciento en los últimos 20 años y, como elemento clave, la especulación en los mercados bursátiles de contratos a futuros, que pueden distorsionar los precios entre 4 y 8 euros por barril para responder a las expectativas de "los especuladores de Londres, New York y Singapur". Quienes pregonan por "darles mayores regalos" a las compañías transnacionales como incentivo para que exploten el crudo en Colombia, no están en sintonía con esta realidad petrolera.
El petróleo es el 40 por ciento de las fuentes de energía global, con el gas natural y el carbón suman casi el 85 por ciento. Para el año 2020 esas proporciones parecen inmodificables y los llamados países industrializados, que requieren el 64 por ciento del petróleo diario, unos 46.8 millones de barriles, apenas logran producir 22, menos de la mitad de lo que necesitan, el resto deben transportarlo o conseguirlo todos los días. Al contrario, los países de la OPEP producen el 41 por ciento del petróleo diario, 30 millones de barriles, la mayoría para exportarlo a las naciones compradoras. Y lo mismo sucede con las reservas identificadas: en Oriente Medio, América Central y del Sur, África y la antigua Unión Soviética están localizadas el 85 por ciento.
La contradicción principal en el mercado petrolero radica en que la demanda y el consumo están en los países más poderosos y la producción y las reservas se hallan en países en "vía de desarrollo". La tendencia se sintió más a partir de 1970, como lo advierte en sus textos el experto noruego Oestein Noreng, cuando la tasa de crecimiento de consumo superó, por primera vez, la de crecimiento de reservas, en la última década siguió agravándose al aumentar la primera un 15 por ciento y la segunda apenas un 3.4 por ciento. Para empeorar el escenario, enemigos de Estados Unidos, Irán e Irak, son quienes hacia el futuro poseen más años de reservas acorde con su ritmo de producción, son los que el presidente de Estados Unidos, Goerge Bush, llama "Eje del Mal".
La situación petrolera es vista por el mundo entero como motor adicional para la operación "Justicia Infinita". El control directo sobre las fuentes se vuelve asunto vital para Estados Unidos; en mayo, el presidente Bush definió la situación energética norteamericana como "la peor crisis de suministro de energía desde la década de 1970". Más no sólo eso, cada vez resulta más costosa la explotación, es menos común el valor de algo más de un dólar por barril levantado como en Arabia Saudita. Detrás de los ejércitos van los intereses de las compañías petroleras en pos de rescatar, en un momento crítico, la posición dominante que antes tuvieron cuando la era de las "siete grandes hermanas", que se cargaban el 60 por ciento del petróleo mundial. Ahora, desplazadas por firmas estatales de los países poseedores del recurso y a pesar de las políticas privatizadoras y neoliberales recientes, su poder no supera el 20 por ciento del mercado.
Es lastimoso ver que, mientras en Colombia ninguno de estos elementos
se traen para la discusión de las leyes sobre regalías petroleras,
nuestra política sigue siendo la de total obsecuencia con las multinacionales,
el interés patrio siempre se confunde con el foráneo y por
ello en la época de las concesiones, entre 1905 y 1970, las petroleras
ganaron 2000 millones de dólares netos y el país perdió
casi doscientos, tal como lo explicó Jorge Villegas. Después
de 1970, cuando por doquier se "nacionalizó" el petróleo,
aquí se dieron tibios contratos de asociación, esos mismos
que ahora quieren devolverse a condiciones de utilidad nacional por el
"oro negro" en una porción menor que hace un siglo. Hay en
el Congreso más abogados para Exxon y OXY que para millones de menesterosos
compatriotas. ¿Cuándo cambiará la historia?
* Colaborador de la Agencia Latinoamericana de Información.