UN CIUDADANO, UN MEXICANO
Luis Martínez Serrano *
Desde que mis padres construyeron su casita en los antiguos llanos del pueblo, sólo a unos metros del mercado, gracias a don Vicente Valdez , hombre que al igual que muchos campesinos contaban con grandes extensiones de tierra; mi vida tomó su curso y desde que tengo uso de razón he sido testigo del crecimiento de mi pueblo y sus colonias aledañas.
Recuerdo que de niño me emocionaba el ver pasar de los animales tales como las vacas y borregos que tenían mis vecinos; así como el ganado de los establos que existían alrededor y que arriaban hacia la ciénega. Fue entonces que mi madre al notar que me emocionaba, primero me compró un chivo y después un becerro, que de manera alegre los arreaba acompañado de los hijos de los arrieros.
En mis divertidos paseos a la ciénega y a los cerros que rodean estas tierras, junto con mis amigos observaba gustoso sus extensos cultivos de tomate, maíz, calabaza y gran variedad de productos agrícolas que al notar mi padre que me gustaba, comenzó a cosechar maíz y fríjol, una parte de lo que se producía lo utilizábamos para comer y lo demás se lo dábamos a los animales.
Cuando jugaba fútbol me divertía el estar con mis amigos cascareando en las canchas que construíamos en los terrenos vacíos (todo por un bien común, la diversión. Así a los 9 años me metí a jugar en un equipo infantil de fútbol del pueblo el famoso "Villalobos", después "El Latino" y tiempo después a "El Laguna "; al notar que me divertía, continué jugando hasta pertenecer a la amateur en un equipo que lleva el nombre del mismo pueblo, el "Gran Zapotitlán".
En aquellos días de mi infancia en donde veía pasar a los niños dirigiéndose a las escuelas, me atraía la idea de estar ahí, recuerdo que mis padres al notar eso me mandaron al jardín de niños del pueblo, luego a la primaria, después a la secundaria y no existe escuela media o superior porque también lo hubiesen hecho; claro, ahí sí tuve que ir a otro lugar.
La noche que salí de casa, dejando estas tierras y a mis padres por tres años con la intención de estudiar y trabajar en un lugar lejano en donde "mister" Traxel me dio la mano y Tao me ayudó en la escuela, para que un día regresara cambiado a este pueblo con mi familia y con mi madre que me esperaba enferma después de ausente, cuya tierra es testiga del último beso recibido poco antes de su muerte.
Con ánimo y fuerza, mi vida continuo y decidí que era hora de contribuir y formar una familia, así que trabaje duro y sin buscar ni ir mas lejos, como es sabido que en todos los lugares existen mujeres bellas y este pueblo tiene lo suyo, sólo tenia que encontrar a la mía, de cuyo amor nació un bebe, de modo que para alimentar a la familia inicie un negocio; un centro de cómputo que está en el lugar que me vio crecer en donde junto con mi hermano ofrecemos trabajo a gente que nos apoya, ahí mismo impartó clases de inglés y computo a niños de escasos recursos, así como a niños con discapacidad.
Finalmente, después de estas palabras de tal emoción quisiera mandar un mensaje a toda una Nación.
Si, don Vicente vendió un pedazo de tierra a mis padres para vivir.
Si, mi madre me compró un chivo y becerro para convivir.
Si, mi padre sembró maíz y fríjol para sobrevivir.
Si, fui a clases en la escuela del pueblo y poder escribir.
Si, con El Topo o El Jarris, jugando de niños pudimos reír.
Si, "mister" Traxel y Tao de un lugar extraño, pudieron compartir.
Si, esta tierra cubre a mi madre en el campo santo después de morir,
Y, si, el negocio, esposa e hijo y todo lo que he mencionado son frutos de aquí.
Entonces porqué no he de romper las barreras y abrir las fronteras al buen ciudadano, que además de humano soy un mexicano, de un pueblo de gente sencilla que te da la mano.
Ni el cambio del hombre, ni del pueblo su nombre, harían olvidar que yo vivo aquí...
* Diseñador del sitio electrónico Zapotitlán.